En este sentido, la cultura empresarial va más allá de un simple eslogan en la pared, marketing o de la estrategia de engagement de las empresas. Es el alma de la organización, el conjunto de valores, creencias y comportamientos que guían a sus empleados en su día a día ha pasado a tener una gran relevancia.
Desde mi experiencia y en poco más de 17 años al frente de esta estrategia en una institución financiera, veo clave procurar e implementar una cultura de integridad, innovación y crecimiento personal como pilar fundamental que nos ha guiado en los últimos años hacia la rentabilidad de ser una de las instituciones financieras más rentables del sector.
Esta cultura y forma de trabajo, además de reflejarse en los ambientes de trabajo, tiene un impacto directo en la capacidad de la empresa para brindar un servicio excepcional a sus clientes.
Veo que cuando los colaboradores se sienten valorados, empoderados y motivados, están más comprometidos con su trabajo y son capaces de ofrecer un servicio excepcional y de calidad.
Con este cambio de paradigma, la forma en que las empresas interactúan con sus clientes ha evolucionado drásticamente también. La llegada de la era digital ha cambiado las expectativas de los consumidores y lo que esperan del servicio. Ahora se busca una experiencia de servicio más ágil, personalizada y accesible. En este contexto, la adaptación al cambio se vuelve crucial para mantenerse competitivos en el mercado.
Por consiguiente, en este mercado laboral competitivo, la guerra por el talento está en su punto más álgido y las organizaciones debemos prestar atención a esa cultura empresarial que intentamos construir y consolidar, la cual es capaz de permear en el servicio que ofrecemos.