Desde hace mucho tiempo, la falta de acceso constante al agua potable ha sido uno de los grandes problemas en México. Además, una gran parte de la población aún carece de este recurso tan elemental (solo el 52.3% de la población urbana tiene suministro constante, según el Inegi), lo que no solo afecta su vida cotidiana sino también su productividad laboral.
Hace apenas uno o dos meses, todos estábamos sufriendo la falta de las lluvias y la ola de calor provocada por el cambio climático. Estas temperaturas extremas, cada vez más frecuentes, han tenido un impacto significativo en la productividad de los trabajadores del país, alterando el ritmo y la eficiencia con la que realizan sus labores diarias, situación que ha expuesto su vulnerabilidad, especialmente aquellos que realizan actividades al aire libre o en condiciones extremas; incluso aquellos que trabajan en oficinas no están exentos si no cuentan con sistemas de aire acondicionado adecuados. La inacción frente al cambio climático y la falta de inversión en infraestructura de adaptación son cuestiones que no pueden ser ignoradas.
Otro servicio básico que enfrenta problemas significativos es la energía eléctrica y, por ende, el acceso a Internet. A principios de mayo pasado, el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE) declaró un estado de emergencia debido a la alta demanda de electricidad por las elevadas temperaturas, resultando en apagones en al menos 15 estados, cortes de energía que interrumpen la jornada laboral, especialmente para aquellos que trabajan desde casa, creando un ambiente de incertidumbre que afecta el desempeño de los trabajadores. La falta de previsión y la mala gestión de los recursos energéticos son factores que agravan esta situación.
El impacto de la falta de servicios básicos en el empleo es multifacético. Según el sondeo mencionado, el 59% de los trabajadores afectados señaló que esta situación les genera estrés y ansiedad, lo que puede derivar en problemas de salud mental y física, disminuyendo aún más la productividad y aumentando el riesgo de accidentes y errores en el trabajo.
Además, el 28% de los encuestados afirmó que la falta de servicios básicos impacta en su bienestar general. La ausencia de agua, electricidad o gas no solo afecta las condiciones laborales, sino también a las personales, creando un círculo vicioso de insatisfacción y baja moral, lo que se agrava cuando los trabajadores tienen dificultad para lograr un descanso adecuado en sus hogares, repercutiendo directamente en su productividad.
El ausentismo es otro efecto directo de la escasez de servicios básicos. El 7% de los trabajadores mencionó que este problema les obliga a ausentarse de sus puestos de trabajo. Considero que esto puede deberse a la necesidad de gestionar problemas domésticos urgentes o a la incapacidad de cumplir con sus responsabilidades de su puesto sin los recursos necesarios.