A pesar de todas las persecuciones y asedio durante la campaña, la jornada electoral del 28 de julio y después de ella, al día de hoy la oposición ha publicado todas las actas que le acreditan como ganadora de la elección. Como se sabe, la lacaya autoridad electoral del país, el Consejo Nacional Electoral (CNE) determinó como ganador al dictador Nicolás Maduro, aferrado a su reelección presidencial.
Desde entonces, el conflicto post electoral se ha profundizado. Los niveles de todo tipo de violencia por parte del régimen se han diversificado y acrecentado. Se encuentran documentados levantamientos, desapariciones, encarcelaciones e inclusive más de una veintena de muertes. Ante las críticas por el fraude electoral cometido, Maduro se regocija en cifras de detenciones crecientes.
En el otro bando, ha sido fundamental el liderazgo de Machado y de González para seguir alimentando estratégicamente la resistencia opositora en la defensa de su triunfo, a pesar de las durísimas medidas del régimen, ya que ambos se encuentran bajo amenaza de captura.
¿Qué resulta imperante para que se reconozca el triunfo opositor, dada la nula voluntad del régimen para aceptar los resultados y atrincherarse en el poder para no soltarlo?
En primer lugar, que siga la protesta social en las calles. El repudio al régimen, gráficamente evidenciado en la caída de efigies de Hugo Chávez, es muestra de un nivel de hartazgo que no debe ceder. Ello, a pesar de los riesgos que corren por las medidas cada vez más autoritarias que adopta Maduro. En la Venezuela chavista, más que un vaso de agua, un pedido de aprehensión no se niega a ningún opositor.
Que siga el respaldo internacional a la causa opositora para el retorno de la democracia en Venezuela y el fin de la dictadura chavista. En esta lógica, resulta fundamental que distintos organismos internacionales y gobiernos democráticos hayan desconocido los resultados presentados por el CNE y Maduro y, yendo más allá en el apoyo, que reconozcan el triunfo de Edmundo González como candidato presidencial ganador de la contienda. En esta postura se encuentran Estados Unidos, Canadá, Japón y la inmensa mayoría de los gobiernos latinoamericanos y europeos. En esta lógica, es lamentable que un puñado de países –entre los que se cuenta México- liderados por demagogos y tiranos, respalden la violación de derechos humanos que está ocurriendo en Venezuela bajo el pretexto de la “no intervención”, que en la práctica, se traduce en una toma de postura en defensa de la dictadura chavista.
La causa opositora venezolana es una prioridad para la comunidad internacional. El drama venezolano nos incumbe a todos, pero particularmente a los países del continente americano y a España, dado que se calcula que, hasta ahora, ocho millones de venezolanos se han visto forzados a emigrar por el deterioro de las condiciones de vida y las libertades desde que el chavismo ha sometido y pauperizado a uno de los países otrora más prósperos de la región. El éxodo venezolano obliga a los países receptores a buscar soluciones para las personas que, dadas las durísimas condiciones políticas, económicas y sociales del país de origen, son orilladas a buscar oportunidades de desarrollo en otras latitudes.