México es un país con un rezago educativo considerable. Según datos obtenidos a través de la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), aplicada en el año 2022 a estudiantes de 15 años alrededor del mundo, México retrocedió casi una década en materia educativa. Los resultados obtenidos demostraron que los estudiantes mexicanos tienen una capacidad limitada para comprender áreas como ciencias y las matemáticas.
No se trata de números fríos, sino de la realidad que golpea al ver que más de la mitad de nuestros estudiantes no distingue una explicación científica respaldada de una sin evidencia, y las deficiencias en matemáticas son igual de alarmantes, donde dos de cada tres estudiantes no puede realizar una simple conversión de unidades. Imaginemos por un momento las implicaciones de esto en la vida diaria, en el ámbito laboral, y en la toma de decisiones. ¿Cómo aspirar a la innovación y al desarrollo tecnológico si la educación en México no cuenta con la base de este conocimiento?
Brechas por todas partes
Cuando hablamos de una brecha educativa, me refiero a las desigualdades tan profundas que existen en México. Acceder a una educación de calidad es todo un reto dependiendo de dónde naciste o incluso de tu género; estas brechas son visibles y comienzan desde la educación básica. En escuelas primarias y secundarias, la calidad de la educación puede variar de manera drástica entre las zonas urbanas y las zonas rurales. Por ejemplo, los estudiantes en áreas rurales enfrentan desafíos, como la falta de infraestructura adecuada, escasez de materiales didácticos y una insuficiencia de maestros capacitados.
La situación no mejora en los niveles educativos superiores, incluso empeora. En la educación media superior, muchas escuelas no están equipadas para ofrecer programas avanzados en ciencias y matemáticas. Dentro de la etapa de orientación vocacional -cuando cumplen 15 años-, se encontró que no existen programas que promuevan las carreras STEM , y sobre todo cuando se habla de las mujeres . En Latinoamérica, sólo el 8% de las niñas tiene la intención de estudiar una carrera STEM y, en México, únicamente el 9%.
La realidad es desalentadora: mientras el mundo avanza a pasos agigantados en ciencia y tecnología, nuestros jóvenes se enfrentan a un sistema educativo desfasado, con escuelas que carecen de la infraestructura y los programas necesarios para despertar su interés por las carreras STEM. En pleno 2024, no podemos hablar de “cerrar la brecha digital” cuando aún existen 25.4 millones de mexicanos sin acceso a internet y millones de estudiantes que no tienen acceso a una computadora o a una conexión a internet. En México, el talento sobra; lo que falta son los recursos -o las ganas- para llevar ese talento hacia un buen camino. Yo me pregunto, ¿cómo podemos inspirar a las futuras generaciones a liderar la innovación si les negamos las herramientas básicas para hacerlo?
El
nearshoring
demanda STEM; los semiconductores más
México es testigo de uno de los fenómenos más interesantes en la historia moderna del comercio. El nearshoring es una estrategia donde las grandes empresas mueven sus operaciones a países cercanos para así maximizar la eficiencia en las cadenas de suministro. Esta tendencia está ganando fuerza porque reduce los tiempos de entrega y minimiza los riesgos logísticos al tener las operaciones más cerca de los consumidores finales.
En el campo de los semiconductores este fenómeno está muy presente. En columnas pasadas te mencionaba CHIPS Act , una iniciativa impulsada por el gobierno de Estados Unidos la cual destina más de 52 mil millones de dólares para incentivar la producción de semiconductores en las Américas, incluyendo colaboraciones con México, que gracias a su cercanía con Estados Unidos y la experiencia en manufactura, se posiciona como un socio estratégico.