Según el último estudio realizado por Tyton Partners*, con apoyo de Turnitin, la mitad de los estudiantes encuestados compartieron que probablemente seguirán usando herramientas de IA generativa incluso si se prohíben; un aumento del 21% desde la primavera de 2023. Ante estos contundentes datos, el segundo momento: la aceptación, ha tomado fuerza, pues la utilización de la IA está marcando un hito en la educación, tal como en su momento lo fue la calculadora.
Tal como lo hemos experimentado, la calculadora no provocó la desaparición del aprendizaje de las operaciones matemáticas, sólo se convirtió en una herramienta de procesamiento numérico que facilitó cálculos complejos. En este sentido, la IA generativa tampoco hará que los estudiantes dejen de aprender las habilidades de escritura y pensamiento crítico, al contrario, si aprovechamos esta tecnología podemos mejorar sus resultados e impulsarlos a tomar decisiones autónomas sobre su proceso de aprendizaje.
Desde el año 2023 al año 2024 el uso de IA generativa por parte de los estudiantes aumentó de un 43% a un 59%, de acuerdo con los datos de Tyton Partners, una cifra que se espera aumente exponencialmente conforme pasen los meses, ni siquiera los años. Esto es parte de la aceptación. Ya no hay vuelta atrás, la IA generativa lejos de retirarse, se está instalando como una herramienta, queramos o no, ampliamente utilizada por el alumnado.
Pero la necesidad de integración de esta tecnología al flujo de enseñanza- aprendizaje no es solo perentoria desde el punto de vista de la innovación educativa, sino también como una forma de preparar a los estudiantes para el mundo laboral. Hoy, muchas empresas están valorando el uso correcto y ético de la IA entre sus profesionales y, sin duda, en unos años más será un requisito excluyente.
Por tanto, la tarea de los educadores e instituciones académicas no es disuadir, sino enseñar a sus estudiantes las mejores prácticas para integrar estas herramientas. El primer paso, y tal vez el más importante, es diseñar un código ético que regule y ponga límites a los usos. Los lineamientos sobre lo qué está permitido y lo qué no, cuándo y en qué partes de una evaluación deben quedar bien establecidos en espacios donde todos los miembros de la comunidad educativa tengan acceso, de tal manera que no queden dudas.
Por otra parte, la inclusión de actividades donde la IA sirva de ayuda y apoyo para los estudiantes es clave. Algunos profesores nos han comentado que han diseñado tareas donde le piden a sus cursos utilizar la IA para generar resúmenes que les permitan hacer comparaciones con sus propias síntesis, o donde la usen como icebreaker para tener ideas que los inspiren para iniciar sus textos. Además, hay historias de éxito dentro del aula donde la IA permite a los estudiantes hacer una investigación rápida sobre un tema para escribir sus trabajos.