La falta de gas natural y etano no se debe únicamente a la caída en la producción nacional. Otro factor importante es la falta de infraestructura (de transporte y almacenamiento) adecuada que permita que las empresas usuarias tengan opciones de suministro. Esta ausencia de alternativas ha condenado a las cadenas petroquímicas, desde los complejos de Pemex hasta las industrias que transforman estos insumos, a operar por debajo de su potencial. Todo esto ha frenado la inversión en el sector, afectado la competitividad, y comprometido el desarrollo industrial del estado.
Hoy, la solución está a la vista.
Veracruz espera el pronto inicio de operaciones de dos proyectos considerados estratégicos: la Terminal Química Puerto México (TQPM) de Braskem-Idesa y Advario y el gasoducto Puerta al Sureste de TC Energy y la Comisión Federal de Electricidad (CFE). El primero permitirá importar y almacenar etano - el principal insumo de la petroquímica -, mientras que el segundo es un gasoducto submarino que busca incrementar el suministro de gas natural a la zona industrial de Coatzacoalcos (y el sur del país).
El gasoducto Puerta al Sureste representa un caso de cooperación entre el sector privado, en este caso TC Energy, y la CFE, lo que demuestra que es posible construir alianzas estratégicas para atender los desafíos más apremiantes del sector energético del país.
Esta experiencia deja claro que la colaboración público-privada no solo puede facilitar la ejecución de proyectos de gran escala con alto impacto económico y social, sino que también sienta un precedente valioso que podría - y debería - replicarse en otras áreas estratégicas del sector donde los requerimientos de inversión son altos. La industria petroquímica podría ser una candidata para este tipo de modelos de colaboración.
Por su parte, con la inminente entrada en operación la Terminal Química Puerto México no se puede evitar especular sobre la posibilidad de que se abran nuevos horizontes no solamente para Etileno XXI, sino también para la industria petroquímica de la región, es decir, que la misma Pemex pueda en algún momento beneficiarse del aumento de la disponibilidad de etano y, a través de una mejor articulación de sus activos en la región, reactivar la cadena del etileno.
Dicho esto, la nueva capacidad de importación y almacenamiento que estos proyectos representan podría ser el detonante que la petroquímica estatal y privada necesita para revertir la subutilización de sus plantas y, con ello, generar un entorno más propicio para atraer nuevas inversiones al corredor industrial del sur de Veracruz.