El pandillaje centroamericano nacería en Los Ángeles en los años 80, producto de la inmigración a causa de la Guerra Civil en El Salvador y Nicaragua, respaldada bélica e ideológicamente por Estados Unidos, interesado en evitar la expansión comunista. Con el aspecto social quebrado y las potencias de la Guerra Fría disputándose Centroamérica, se desencadenó una migración masiva que partiría en dirección a la tierra prometida. El auge del sueño americano: el norte; próspero occidente codiciado.
La tierra de la oportunidad vería entonces el nacimiento del pandillaje, que crecería como culto en los barrios bajos de Los Ángeles, comenzando micro guerras civiles entre guerrilleros exiliados de su cultura, ahora enfrentados en territorio ajeno, en búsqueda de pertenencia y refugio. Hasta que la política del occidente vencedor prescindiera del mártir al que hace algunos años habían asistido. El arquetipo del pobre migrante retomaría vuelo bajo una politización distinta, ahora con una dicotomía volcada sobre él como amenaza. En 1996 el congreso estadounidense aprobaría la Ley de Reforma de la Inmigración Ilegal y Responsabilidad Migratoria (IIRIRA, por sus siglas en inglés), y Bill Clinton la apoyaría con un viejo discurso que hoy más que nunca continua vigente. "Todos los estadounidenses... están justamente preocupados por la gran cantidad de inmigrantes ilegales que ingresan a nuestro país. Los trabajos que ocupan podrían ser ocupados por ciudadanos o inmigrantes legales. Los servicios públicos que utilizan imponen cargas a nuestros contribuyentes", declaraba Clinton ante el congreso de la unión ( The American Presidency Project , 1995, enero 24).
Protegido el discurso anti-inmigrante bajo un estatuto legal en pro del pueblo norteamericano, comenzaría la deportación masiva de los bad hombres. Lo que eran estructuras callejeras pequeñas en Estados Unidos se convirtieron en organizaciones territoriales, armadas y jerárquicas. El Salvador, ya de por sí inestable, repuntaría en todo tipo de cifras deleznables–tráfico de armas, narcomenudeo, extorsión, etc. – en manos del retorno de las primeras generaciones de pandillas. Décadas de mala reputación a ojos del mundo; un sitio borrado del turismo y la inversión extranjera; finalmente una nación cancelada por una violencia irremediable. Hasta que la mano dura de Bukele llegó en 2019 con un plan de gobernanza de resultados inmediatos. Mediante una estrategia cuestionada por muchos, el presidente desmanteló el régimen pandillero de los Maras y el Barrio 18. El Departamento del Tesoro y el Departamento de Justicia de Estados Unidos apoyaron al mandatario mediante un plan directo: despliegue policial y militar, inversión en vigilancia, la construcción del Megacentro de Confinamiento (CECOT).
Aunque controversial, la figura de Bukele ha sido adoptada positivamente por los Salvadoreños, pero también por los nuevos líderes de las derechas extremas. La nueva moda de los jóvenes mandamás, de menos de 30 años, hijos de empresarios–así como Bukele, Ecuador tiene a Noboa–, parece motivar el cambio abrupto. Javier Milei ha destacado este resurgir del liberalismo y de las corrientes libertarias que ya forman parte de una hegemonía global; simpatías internacionales de líderes con ideas propias similares. “Gran defensor de la libertad y un firme opositor del socialismo sabe que ese es el enemigo. La suya es una visión intuitiva, sus ideas no provienen de la academia, pero lo que dice contra el socialismo es épico”, dijo Milei sobre Trump.
Además de los Estados Unidos, Bukele tiene el respaldo y simpatía de poderes ejecutivos como el de Giorgia Meloni en Italia y Viktor Orbán en Hungría. De este último parece admirar lo logrado en cuanto libertad de expresión refiere. De referente democrático en la esfera pública, Hungría se convirtió en el primer país de la Unión Europea en ser catalogado por el Freedom House como “parcialmente libre”, por retrocesos en la pluralidad y concesiones privadas a los medios de comunicación, conferidas en el segundo término de Orbán en el año 2010 (desde entonces ha sido reelegido cinco veces). Así como Hungría, El Salvador pasó de ser catalogado en 2018 como un país libre de ejercer opinión, a “parcialmente libre” en el 2024, acorde a Freedom House . El gobierno salvadoreño ha ampliado el aparato propagandístico y ha vigilado y perseguido periodistas que últimamente optaron por el exilio. De acuerdo con un informe técnico del Citizen Lab de la Universidad de Toronto y la organización Access Now realizado en enero de 2022, “en total se identificaron intervenciones contra integrantes de El Faro, periodistas de otros medios como Gato Encerrado, La Prensa Gráfica, Revista Digital Disruptiva, El Diario de Hoy, El Mundo […] (Red en Defensa de los Derechos Digitales) .