En pleno 2025, la interoperabilidad —se ha vuelto una palabra incómoda que muchos prefieren evitar— sigue siendo el gran elefante en la sala de la seguridad pública. Podemos tener drones, cámaras inteligentes y sensores capaces de detectar desde inundaciones hasta movimientos sospechosos… pero si los sistemas no se homologan, todo eso se convierte en un rompecabezas inútil. Y no es una postura técnica: es una postura de vida o muerte.
En el ámbito de la reducción del riesgo de desastres, la UNDRR (Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres) ha destacado la importancia de la comparabilidad de conceptos y métodos para medir situaciones de emergencia, lo cual requiere una coordinación nacional y local efectiva dando algunos pasos adelante que se reflejan en el Marco de Sendai, que busca mejorar la medición y el registro de indicadores relacionados con la reducción del riesgo de desastres.
El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 enfatiza la necesidad de fortalecer la cooperación internacional para compartir conocimientos, innovación y tecnología.
En situaciones de emergencia, como desastres naturales o conflictos, la coordinación efectiva es esencial para abordar problemas. La tecnología, cuando se utiliza adecuadamente, puede ser un aliado invaluable en la seguridad. Permite la recopilación y análisis de datos en tiempo real, lo que es crucial para responder a emergencias de manera eficiente. Sin embargo, si los sistemas no hablan el mismo lenguaje, esta ventaja se pierde. Es fundamental, por lo tanto, homologar los lenguajes y sistemas para que el usuario final pueda acceder rápidamente a información confiable y tomar decisiones informadas e inmediatas.
En varios países se han implementado sistemas integrados de emergencia que demuestran el impacto positivo de la homologación de sistemas. Por ejemplo, en Estados Unidos, el Sistema Nacional de Gestión de Emergencias (NIMS) proporciona un marco común para la respuesta a emergencias, lo que facilita la coordinación entre diferentes agencias y niveles de gobierno. Este sistema ha sido clave en la respuesta a desastres como huracanes y terremotos, permitiendo una acción más eficiente y coordinada.
En Europa, la Unión Europea ha desarrollado el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea, que permite la coordinación y el intercambio de recursos entre países miembros en situaciones de emergencia. Este mecanismo ha demostrado ser efectivo en la respuesta a desastres transfronterizos, gracias a la estandarización de procedimientos y comunicaciones.
En México, se está avanzando significativamente en el desarrollo de tecnologías innovadoras para mejorar la seguridad, contribuyendo así a la homologación de sistemas en este ámbito. Un ejemplo destacado es el C7 de Ecatepec, el segundo municipio más poblado del país, con 1,645,352 habitantes. Este centro de comando y control utiliza tecnologías avanzadas como la videovigilancia inteligente y el análisis de datos para mejorar la respuesta a emergencias y la prevención del crimen. A través de plataformas integradas, el C7 permite la coordinación en tiempo real entre diferentes agencias de seguridad, lo que facilita una respuesta más eficiente y eficaz ante situaciones de riesgo.
Además, la implementación de sistemas de comunicación y coordinación avanzados ha mejorado la capacidad de identificar y atender necesidades de seguridad de manera precisa, contribuyendo a la homologación de lenguajes y sistemas que es esencial para una respuesta coordinada y efectiva en emergencias. Esta iniciativa es una muestra de cómo la tecnología puede ser un aliado clave en la protección de las comunidades.
Los beneficios de integrar sistemas son contundentes:
1. Coordinación real, no solo intentos de coordinación.
2. Acceso inmediato a información crítica que evita improvisaciones.
3. Eficiencia operativa, que literalmente puede marcar la diferencia entre vivir o morir.