Los datos refuerzan este comportamiento dual. La inflación general ronda el 3.6% y permanece dentro del objetivo del Banco de México; sin embargo, la inflación subyacente sigue cercana al 4% y los alimentos superan este nivel. En términos prácticos, los precios en tiendas se mantienen por encima de los niveles de meses previos.
La presión sobre la canasta básica también es evidente. El Índice de Precios al Consumidor de la Canasta de Consumo Mínimo (IPCCCM), que integra 170 bienes y servicios esenciales, registra un aumento de 3.61%, impulsado por alimentos, bebidas y tabaco. Esto obligará a muchos hogares a ajustar su forma de celebrar.
Las remesas, un soporte clave para millones de familias, muestran un cambio relevante: 2025 acumula cinco meses consecutivos de descenso, incluida una caída anual de 8.3% en agosto. La apreciación del peso y la inflación en Estados Unidos han reducido su poder adquisitivo.
Paralelamente, el entorno fiscal anticipa modificaciones importantes. En 2026 entrarán en vigor ajustes en impuestos especiales para refrescos, bebidas alcohólicas, cigarros y nuevos gravámenes a productos “light” o “zero”. Esto puede detonar compras anticipadas, especialmente en formatos familiares o multipacks, aunque limitadas por el espacio, la caducidad y la capacidad financiera.
Ante ello, las empresas ya afinan su estructura de precios y portafolios de cara a 2026, impulsando formatos accesibles y propuestas de valor competitivas que mitiguen el impacto fiscal.
A pesar de los retos, diciembre mantiene un dinamismo relevante. La tasa de interés de referencia, hoy en 7.25%, es menor a los niveles más restrictivos de años recientes, lo que propicia un uso más activo, aunque prudente, del crédito al consumo. El esquema “compra ahora, paga después” seguirá ganando terreno en categorías de mayor desembolso.
Para los minoristas, el mensaje es claro: los consumidores son más omnicanal, analíticos e informados. Comparan precios desde el teléfono, revisan recomendaciones y esperan coherencia absoluta entre canales físicos y digitales. En este contexto, la transparencia y consistencia en precios y promociones serán claves para sostener la confianza y evitar la pérdida de clientes.
Además, veremos un fenómeno creciente: consumidores que “se bajan un escalón”. Cambiarán marcas premium por opciones accesibles, recurrirán a marcas propias y priorizarán promociones con impacto directo en su gasto.
En gastronomía, las celebraciones reflejarán estos ajustes: menos cortes premium, mayor consumo de proteínas accesibles y menús más simples. En viajes, persistirá la intención de vacacionar, pero con estancias más cortas, destinos nacionales, uso de transporte terrestre y pagos en mensualidades.