Un Mundial de Futbol es también una oportunidad para hacer marketing memorable. En ediciones anteriores, varias marcas han sabido capitalizar este momento con campañas creativas que trascendieron el simple patrocinio. Por ejemplo, durante el Mundial de 2022, Pepsi logró destacarse frente a gigantes como Coca‑Cola con una campaña protagonizada por figuras como Lionel Messi, Paul Pogba y Ronaldinho, convirtiendo el futbol en una conversación cultural y viral sin ser patrocinador oficial del evento.
La cadena de supermercados Aldi aprovechó el mismo Mundial con una campaña parodiando uno de los anuncios más emblemáticos de Nike de 1998, adaptándolo de forma ingeniosa a su audiencia y generando visibilidad y conversación en redes. Estos ejemplos demuestran que no solo los patrocinadores oficiales pueden beneficiarse del Mundial; con creatividad, relevancia cultural y una estrategia bien ejecutada, incluso marcas con menor presupuesto pueden amplificar su presencia, atraer nuevos públicos y fortalecer su posicionamiento —una lección valiosa para las franquicias locales que quieran sacar provecho del 2026.
Existen ejemplos concretos de cómo algunas franquicias y marcas han sabido capitalizar el contexto mundialista para escalar o consolidarse. Un caso destacado es el de **Fanatics**, el operador oficial de retail dentro de los estadios y fan festivals del Mundial 2026, gestionando tiendas físicas de productos oficiales en las 16 ciudades sede del torneo. Este modelo no solo potencia las ventas, sino que permite crear presencia de marca y recordación en millones de consumidores. Otro ejemplo relevante es el de **Classic Football Shirts**, marca británica que ha ampliado su red de tiendas en ciudades como Nueva York y Los Ángeles, alimentada por la fiebre del futbol global y el creciente interés por la cultura retro y deportiva, en parte impulsado por la proximidad del Mundial.
En un año mundialista, las marcas y franquicias tienen ante sí una oportunidad excepcional: formar parte de una narrativa global que capta la atención de millones. No se trata solo de visibilidad; se trata de aprovechar la emoción colectiva para ganar tracción, escalar el modelo de negocio y posicionarse en el corazón de los consumidores. Este tipo de eventos no se repite cada año, y quienes logren prepararse con visión, anticipar las oportunidades y activar su red con creatividad, podrán convertir la coyuntura deportiva en una verdadera palanca de crecimiento. Porque en la gran vitrina del mundo, destacar no es solo una cuestión de presupuesto, sino de propósito, ejecución y conexión emocional. Y ahí, los modelos locales con ambición global tienen mucho que aportar.
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Nota del editor: Sebastián Mejía Salazar es especialista en internacionalización de negocios, con más de 20 años de experiencia liderando procesos de expansión global. Es general Manager North América y vicepresidente Internacional de Juan Valdez Café. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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