Al mismo tiempo, México comienza a consolidar proyectos de mayor alcance para impulsar el desarrollo en tecnologías emergentes. El avance hacia centros de formación en IA refleja una visión cada vez más clara sobre la importancia de construir capacidades en áreas estratégicas con un enfoque de largo plazo. En conjunto, estos esfuerzos apuntan en la misma dirección: el talento como eje central de la competitividad.
Porque, en la práctica, la adopción tecnológica no se mide únicamente por la infraestructura disponible, sino por la capacidad de las personas para implementarla, gestionarla y traducirla en valor tangible. Esto implica desde habilidades técnicas hasta una visión integral sobre cómo la tecnología puede aplicarse para resolver retos específicos en distintos sectores.
México cuenta con bases sólidas para avanzar en esta agenda. Tiene un ecosistema empresarial dinámico, una creciente digitalización en múltiples industrias y una población con alto potencial de desarrollo. El siguiente paso es acelerar la formación de talento de manera más intencional, conectando educación, industria y oportunidades reales de empleo.
La buena noticia es que ya se observan avances en esa dirección. Iniciativas que implican esfuerzos más amplios de formación en IA y habilidades digitales muestran que es posible generar impacto a escala y fortalecer la preparación del país para los retos del futuro.
El desafío ahora es sostener y ampliar estos esfuerzos. Porque, al final, el futuro digital de México no dependerá únicamente de la tecnología que adoptemos, sino del talento que seamos capaces de desarrollar. Y en esa tarea, el país tiene una oportunidad clara para avanzar con mayor fuerza y visión.
____
Nota del editor: Carlos Marcel es director general de Kyndryl México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión