Tomando en consideración esta transformación, la innovación tecnológica y la generación de conocimiento científico son los principales motores del crecimiento económico en el mundo contemporáneo. Estos motores descansan, para su construcción y desarrollo, en la calidad general del capital humano de un país y, muy particularmente, en su capacidad para formar innovadores, científicos e ingenieros del más alto nivel. El desarrollo de una base robusta de éstos depende, crucialmente, de la capacidad del sistema educativo de un país para formar estudiantes con altos niveles de logro académico, particularmente, en matemáticas y en ciencias.
Para el caso de nuestro país, esta enorme transformación representa un gran reto y desafío, ya que ante este panorama es crucial la capacidad que deben desarrollar el sector público y privado, así como, la academia para adaptarse a esta revolución que cada día abre más una brecha entre las demandas de habilidades que requiere México y por lo tanto, que requieren todas las organizaciones que operan en nuestro país, en comparación con el talento disponible que cuente con ellas, afectando con esto la productividad de las empresas y de la economía en general de México.
Con todo este contexto, es una realidad que el talento define y definirá el futuro económico de México y por lo tanto de todas sus organizaciones a través del nivel de innovación, productividad y adaptabilidad que tenga para poder posicionarse de una manera virtuosa en el contexto mundial.
México necesita profesionales altamente calificados que impulsen los avances tecnológicos y la eficiencia operativa, para crear industrias de alto valor. En conjunto, nuestro capital humano debe determinar el nivel adecuado que debe tener México en aspectos tan importantes como la competitividad global, el desarrollo y resiliencia económica, así como, el crecimiento de nuestro producto interno bruto a largo plazo. Este talento especializado siempre será un impulso muy importante para la atracción de inversión extranjera, para fomentar la creación de tecnologías avanzadas y para reducir la dependencia de la manufactura básica.
Si México desarrolla sólidos sistemas de educación y capacitación se puede crecer y atraer más inversión extranjera directa de alto valor para tener acceso a grupos de talento altamente calificados que nos permitan la transición de una nación de una manufactura de bajo costo y mano de obra intensiva a una economía basada en el conocimiento y con altos salarios, lo cual, desarrollará la capacidad correcta para que las organizaciones puedan desarrollar y retener al talento necesario de manera efectiva, además de compensar el estancamiento económico causado por el envejecimiento de la población y la pérdida de conocimiento, al mantener una fuerza laboral altamente productiva, contribuyente y consumidora.
El talento innovador y creativo dentro de cualquier organización mexicana siempre conceptualiza nuevos productos, servicios y modelos operativos, lo cual, siempre les permitirá a las empresas captar cuota de mercado y posicionar de mejor forma el valor de sus productos, bienes y servicios. Adicionalmente, el talente calificado siempre encuentra formas de optimizar los procesos, aprovechar las tecnologías avanzadas y reducir el desperdicio, así como, el talento calificado desarrolla sólidas habilidades para la resolución de problemas, lo cual, le permite a toda empresa adaptarse de forma ágil y dinámica a las disrupciones, para con ello reorientar sus estrategias con la finalidad de capitalizar de mejor forma cualquier oportunidad de negocio.