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La pregunta del millón, ¿liberar o regular la IA?

La tecnología no debería medirse solo por eficiencia, sino por su capacidad de añadir orden útil sin destruir la diversidad biológica, cognitiva y cultural que permite futuros posibles.
IA
Control sin potencia es museo. Potencia sin sabiduría es catástrofe. El futuro digno será el que aprenda a acelerar sin olvidar para qué, considera Juan Carlos Chávez. (Foto: gece33/Getty Images/iStockphoto)

La pregunta parece sencilla: ¿dejamos correr a la inteligencia artificial (IA) o la sujetamos con reglas? Pero debajo hay una deliberación civilizatoria. Regular promete más control, sí; también puede reducir potencia. Liberar promete velocidad; también puede convertir el progreso en incendio.

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La tensión ya tiene dos laboratorios visibles. Javier Milei ha propuesto convertir a Argentina en un refugio global para la IA, con un marco “sin regulación”, baja tributación y hasta una figura inédita: corporaciones no humanas operadas por agentes de IA o robots. El matiz importa: el llamado “Super RIGI” presentado al Congreso busca atraer inversiones, pero todavía no incorpora plenamente esa figura jurídica. Es decir, la visión está lanzada; la arquitectura legal aún está en disputa.

Europa eligió el otro extremo: la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea es el primer marco integral de IA en el mundo, clasifica sistemas por riesgo, prohíbe ocho prácticas consideradas inaceptables —como puntuación social, manipulación dañina o ciertos usos biométricos— y exige gestión de riesgos, trazabilidad, documentación, supervisión humana, robustez y ciberseguridad para sistemas de alto riesgo. Sus reglas de transparencia aplican desde agosto de 2026; las de modelos de propósito general desde agosto de 2025; y, tras el paquete Omnibus, varias obligaciones de alto riesgo se movieron a diciembre de 2027 y agosto de 2028.

El dilema no ocurre en el vacío. Según el AI Index 2026 de Stanford, la inversión privada estadounidense en IA alcanzó 285,900 millones de dólares en 2025, más de 23 veces la de China; pero la brecha de desempeño entre modelos estadounidenses y chinos prácticamente se cerró: en marzo de 2026, el líder estadounidense aventajaba por apenas 2.7%. La carrera no es solo económica: es científica, militar, cultural y moral.

Por eso, frenar demasiado puede costar caro. La IA ya supera o iguala líneas base humanas en preguntas científicas de nivel doctorado, razonamiento multimodal y matemáticas competitivas; además, las publicaciones relacionadas con IA en ciencias naturales, físicas y de la vida crecieron entre 26% y 28% anual. Ahí vive la promesa: medicamentos, longevidad saludable, energía limpia, nuevos materiales, educación personalizada y abundancia mejor distribuida.

Pero liberar sin dirección también es ingenuo. Stanford reporta que los incidentes documentados de IA subieron de 233 en 2024 a 362 en 2025, mientras los modelos más capaces son cada vez menos transparentes. La potencia sin propósito puede optimizar fraudes, vigilancia, manipulación o dependencia cognitiva.

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Aquí entra una brújula más profunda, lo que llamo el Telos de La-Vida-Primero. La tecnología no debería medirse solo por eficiencia, sino por su capacidad de añadir orden útil sin destruir la diversidad biológica, cognitiva y cultural que permite futuros posibles. Y la creatividad, tampoco es puro desbordamiento: requiere generación, reflexión, integración, metacontrol y tiempo. Mucha generación sin reflexión produce ruido; mucho control sin generación produce parálisis.

La vida resolvió este dilema antes que nosotros. No eligió congelarse para evitar riesgos. Liberó razón, creatividad y deseo de futuro. Pero tampoco sobrevivió por caos puro: evolucionó con filtros, memoria, límites y selección. La respuesta, entonces, no es liberar o regular. Es liberar con metacontrol.

La delgada línea ideal no está entre Argentina y Europa, sino un paso más arriba: máxima potencia para crear ciencia, salud y abundancia; máxima inteligencia institucional para impedir autodestrucción. Control sin potencia es museo. Potencia sin sabiduría es catástrofe. El futuro digno será el que aprenda a acelerar sin olvidar para qué.

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Nota del editor: Juan Carlos Chávez es Profesor de Creatividad y Etología Económica en el sistema UP/IPADE y autor de los libros Sistema 3: La Mente Creativa (2025), Homo Creativus (2024), Biointeligencia Estratégica (2023), Inteligencia Creativa (2022), Multi-Ser en busca de sentido (2021), Psico-Marketing (2020) y Creatividad: el arma más poderosa del Mundo (2019). Es director de www.G-8D.com Agencia de Comunicación Creativa y consultor de empresas nacionales y transnacionales. Encuentra sus libros en Amazon y síguelo en Facebook , Instagram , YouTube y LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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