Lo que vimos en 2025 fue un cambio de base: la IA generativa dejó de ser curiosidad y empezó a funcionar como herramienta para entender mejor a las personas, afinar decisiones y acelerar procesos. Ahora, con agentes de IA, recomendaciones automáticas y búsquedas generativas entrando a la rutina diaria, el marketing se mueve hacia otro tablero: uno donde la atención ya no basta y donde la creatividad necesita método, no sólo chispa.
A partir de ese contexto, estas son las cinco tendencias que bien trabajadas no se sienten como futurismo, sino como trabajo editorial: observar, ordenar y traducir lo complejo en algo aplicable.
1. Viajes de resistencia: cuando el descanso se volvió una meta.
Antes, la escapada ideal era “no pensar”. Hoy, para una parte enorme de viajeros, la fantasía cambió: pensar menos llega después de moverse más. En 2026, el descanso se está reescribiendo con otra gramática: retos cortos, adrenalina medida, objetivos claros. No es turismo para desconectar; es turismo para volver a sentir control.
No hablamos de extremos hollywoodenses. Hablamos de resistencia cotidiana convertida en viaje: caminatas largas, subir montañas extremas, nadar en agua fría, pedalear por cientos de kilómetros, correr en rutas extremas, entre otros. El punto no es sufrir, el punto es lograr y compartirlo. Y esto está ligado a marketing más de lo que parece: cuando el mundo se siente inestable, la gente compra lo que le genera retos. Por eso estos viajes funcionan: ofrecen algo medible, concreto y emocional. En vez de prometer “desconexión”, prometen progreso personal.
2. Inclusión auténtica
La inclusión dejó de ser “mensaje” para convertirse en prueba. Se nota en casting, en producto, en accesibilidad, en servicio al cliente y en quién está en la mesa donde se deciden las cosas.
En 2026, el público castiga lo performativo y premia lo coherente. En un clima de polarización, las marcas con visión no se esconden: actúan conforme a sus valores, sin convertirlos en slogan.
3. Retail Media Networks
Los retailers ya no solo venden espacio físico o inventario: venden audiencias, data y formatos publicitarios propios. Y eso está reorganizando presupuestos. La oportunidad es enorme, pero exige colaboración real: creatividad pensada para el momento de compra, integración de datos de distintos puntos de contacto y medición honesta.
En 2026, el punto de venta también es narrativa.
4. Creadores con lugar en el dashboard
La inversión en creadores sube, pero con ella sube la exigencia: demostrar retorno, construir marca, sostener consistencia. El problema es que muchas colaboraciones siguen siendo piezas sueltas.
Lo que funciona y va a dominar en 2026 son plataformas a largo plazo: relaciones creativas que alinean valores, tono y objetivos, sin matar la autenticidad del creador.