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La IA no empieza con el modelo. Empieza con los datos

La conversación en torno a la IA está incompleta si no se comienzan a cuestionar el valor de los datos.
Inteligencia artificial
El 71% de las organizaciones en el país no logra convertir sus datos en información valiosa en tiempo real. (iStock by Getty Images)

En los últimos meses, la conversación sobre inteligencia artificial se ha concentrado en modelos, asistentes y agentes. Es una conversación necesaria, pero incompleta. Porque antes de preguntarse qué modelo adoptar, las organizaciones deberían preguntarse algo más fundamental: ¿están sus datos preparados para generar valor real?

En este sentido, de acuerdo con un reciente estudio realizado a diversas organizaciones, el 88% de los encuestados en México señala que los datos son el diferenciador central de su estrategia de inteligencia artificial generativa, y que la seguridad de esa información es parte inseparable de esa ventaja.

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Sin embargo, hay una paradoja: el 71% de las organizaciones en el país no logra convertir sus datos en información valiosa en tiempo real. De igual forma, las organizaciones en el país señalan que los cinco principales retos para la gestión de datos en el contexto de IA generativa son la privacidad y seguridad de la información, la disponibilidad limitada de datos a lo largo de la cadena de suministro, el manejo de datos desordenados o incompletos, la falta de experiencia interna en ciencia de datos e inteligencia artificial, y el cumplimiento normativo en el manejo de datos sensibles.

Dicho de otra forma: las empresas mexicanas saben que los datos son su ventaja competitiva, y al mismo tiempo no pueden usarlos. Ese es el problema real.

El modelo no trabaja solo

La inteligencia artificial no funciona en el vacío. Su capacidad para apoyar decisiones, personalizar servicios, automatizar procesos o anticipar riesgos depende directamente de la información que puede consultar, interpretar y utilizar con confianza.

Muchas empresas podrán acceder a modelos similares, eso ya está pasando. Lo que las diferenciará es su conocimiento propio: la información acumulada sobre clientes, operaciones, inventarios, producción, logística, finanzas y talento. Ese activo ya existe en muchas organizaciones mexicanas. El problema es que está disperso, desconectado y sin gobierno. Y un modelo de IA entrenado con información fragmentada no toma mejores decisiones, las toma más rápido, pero igual de mal.

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La señal más clara de un problema de datos no es técnica, es operativa. Los reportes se duplican. Los indicadores varían entre áreas. Los análisis dependen de procesos manuales. Las oportunidades de automatización se retrasan porque nadie confía en los números.

Esto no es un problema de TI. Es un problema de negocio. Y resolverlo no empieza con una inversión en IA, empieza con una decisión sobre cómo la organización quiere gobernar su información.

Ordenar primero, escalar después

Un caso reciente en el sector industrial mexicano ilustra bien esta lógica. Una empresa con operaciones productivas, logísticas, comerciales y administrativas identificó que su verdadero desafío no era adoptar IA de inmediato, sino conectar información dispersa entre sistemas empresariales, sensores industriales, plataformas de producción y reportes internos.

La compañía modernizó su infraestructura sin reemplazar lo que ya funcionaba, construyendo una plataforma híbrida que integró datos estructurados y no estructurados, mantuvo aplicaciones críticas cerca de la operación y habilitó analítica en tiempo casi real. El resultado fue tangible: reducción de costos de licenciamiento, eliminación de duplicidad de datos, KPIs más consistentes y una base preparada para avanzar hacia automatización inteligente, agentes de IA y gemelos digitales.

Lo relevante no es la tecnología, es la secuencia. Ordenar los datos primero para después construir capacidades más avanzadas. Esa lógica aplica en manufactura, retail, servicios financieros y salud por igual.

La arquitectura debe seguir al caso de uso, no al revés

No todos los datos deben moverse al mismo lugar. Algunas cargas de IA requerirán elasticidad de nube; otras, menor latencia, mayor control o cumplimiento regulatorio; otras, procesamiento cerca del punto donde se generan los datos. La estrategia debe partir del caso de uso, no de una preferencia tecnológica.

Las empresas que entiendan esto antes que sus competidores no solo implementarán IA más rápido, la implementarán mejor.

La IA empresarial ya entró en una etapa de ejecución. La brecha no será entre quienes adopten IA y quienes no, será entre quienes conviertan su conocimiento interno en decisiones más inteligentes y quienes mantengan ese conocimiento fragmentado y sin gobierno.

La pregunta es: ¿están mis datos listos para trabajar?

La IA no empieza con el modelo. Empieza con la información que una empresa ya tiene y con la confianza con la que puede convertirla en acción.

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Juan Francisco Aguilar es Director General de Dell Technologies

Nota del editor: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a Juan Francisco Aguilar.

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