De la tragedia y del uso político e ideológico que se está dando al asalto masivo en Ceuta se identifican muchos asuntos que vienen de lejos. Quizá uno de los más importantes es el fracaso que la Unión Europea (UE) ha escondido desde que el 1997-1999 decidió acometer una presunta política migratoria de carácter comunitario. Según el Tratado de Ámsterdam, con la ratificación de este instrumento (1999) deberían pasar cinco años para generar una norma comunitaria de gestión migratoria (2004). Es evidente que la incapacidad de operar una política que la Europa de los 27 prometió ha generado una ingente cantidad de pérdidas humanas, donde Ceuta apenas es un ejemplo representativo de un fracaso cuyos antecedentes tienen más de dos décadas.
Un segundo asunto que también viene de lejos es el uso geoestratégico con que se usa a los flujos migratorios. Turquía en alguna medida inauguró una política de presión, extorsión o chantaje, que consiste en relejar sus controles fronterizos en la medida en que no reciban de la UE ciertas prebendas como recursos para control fronterizo, deportaciones, retención, cuyo objetivo es que el problema de la migración irregular no llegue a las fronteras comunitarias. Lo que es su momento fue una estrategia de gestión y control, se ha constituido en un arma de extorsión que ya usan prácticamente todos los países del Subsahara que tienen acuerdos de control migratorio con la Unión Europea.