Las recientes elecciones en la región de Sajonia-Anhalt confirman el riesgo de una tendencia, y la frágil memoria de nuestras sociedades. La victoria de Ulrich Siegmund, candidato de Alternativa para Alemania (AfD) viene antecedida de un profundo degaste de la propuesta política del Partido Demócrata Cristiano del actual canciller Merz, la cual se ha desplomado al pasar de 40 a 16 diputados. El partido de Siegmund, que ha ganado 39 escaños, sólo necesitaría de 3 diputados más para alcanzar los 42 escaños, que otorgan la mayoría absoluta.
El problema no radica en la victoria de un partido de extrema derecha, dado que su victoria la ha obtenido en un proceso democrático, en una de las democracias más sólidas del mundo. La gravedad de esta victoria es que quienes han avalado su posible ascenso al poder en Sajonia-Anhalt, lo han hecho aceptando una narrativa que olvida, ignora o evade la responsabilidad y el deber que tiene Alemania para el mundo. Seguramente ha pasado el tiempo de culpar, pero nunca debe terminar el tiempo de recordar y preservar la memoria de los más de 75 millones de vidas segadas, los millones de desplazados y desaparecidos resultado de la Segunda Guerra Mundial.