La primera etapa del nearshoring se concentró en capacidad instalada: tierra industrial, naves, líneas de producción y capital fijo. Esa parte de la ecuación avanzó rápido. El problema es que una cadena productiva no se integra únicamente trasladando capacidad de manufactura. Si Estados Unidos quiere reducir su exposición a proveedores asiáticos y aumentar el contenido regional, Norteamérica tendrá que financiar inventarios, proveedores de segundo y tercer nivel, infraestructura energética, logística y tecnología. Ahí cambia la dimensión del problema; ya no se trata solamente de dónde producir, sino de quién tiene el capital para sostener esa producción.
Todo eso necesita dinero. Muchísimo.
Si Norteamérica quiere fabricar una mayor proporción de lo que consume, no bastará con mover máquinas de Asia a México o Estados Unidos. Habrá que construir parques industriales, carreteras, almacenes, transmisión eléctrica, centros logísticos, infraestructura digital y nuevas capacidades productivas. Los proveedores necesitarán capital de trabajo. Las empresas medianas tendrán que financiar expansiones. Algunos proyectos requerirán deuda; otros, capital privado; muchos necesitarán ambos.
Y, ¿quién va a financiar esa transformación y quién terminará cobrando por haber puesto el capital?
México tiene una oportunidad que va bastante más allá de recibir fábricas.
Hace unos días, desde BIVA se señalaba el potencial de las FIBRAs mexicanas para financiar parques industriales, logística e infraestructura crítica asociada con las nuevas cadenas productivas. No es una hipótesis académica. En julio, IDB Invest y DEG otorgaron financiamiento por hasta 150 millones de dólares a Fibra Nova para desarrollar y operar parques industriales en México.
El capital ya está siguiendo a la manufactura. Ahora necesitamos que el sistema financiero mexicano lo haga en una escala mucho mayor.
Desde mi óptica, aquí existe una diferencia importante entre participar en la industrialización y participar financieramente en ella. Podemos tener una nueva planta en México financiada por un banco extranjero, instalada en un parque propiedad de capital internacional, equipada mediante crédito externo y rodeada de proveedores que también dependen de financiamiento fuera del país. México obtiene empleos, producción y exportaciones, lo cual tiene enorme valor. Pero una parte considerable del rendimiento financiero generado alrededor de esa planta se queda en otros balances.
No veo ningún problema en que participe capital extranjero. Al contrario, será indispensable. Lo que considero una oportunidad perdida sería que México construyera una de las plataformas manufactureras más importantes del mundo sin desarrollar paralelamente los vehículos financieros capaces de invertir en ella.