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La manufactura frente a una demanda que ya no espera

La capacidad de los proveedores será determinante para que las empresas mexicanas puedan aprovechar nuevas oportunidades en las cadenas globales de manufactura.
“La automatización de las fábricas empieza con datos, no con robots”: Siemens
La automatización puede ayudar a las empresas manufactureras a preparar su capacidad productiva antes de que el crecimiento de la demanda genere restricciones en sus operaciones y cadenas de suministro. (iStock)

Durante los últimos años, la manufactura ha tenido que responder a mercados que cambian con mayor rapidez. Los ciclos de producción se acortan, los volúmenes suelen modificarse en poco tiempo y las empresas necesitan mayor capacidad para atender pedidos que llegan con nuevas condiciones. Esta dinámica está llevando la conversación hacia un punto que durante mucho tiempo perteneció principalmente a las áreas de producción. ¿Qué tan preparada está una operación para crecer al ritmo que exige el mercado?

La pregunta adquiere otra dimensión cuando esa capacidad depende de una red de proveedores. Si una empresa incrementa sus pedidos o abre nuevos mercados, necesita que las operaciones que la rodean tengan capacidad para acompañar ese crecimiento. Cuando uno de esos eslabones no puede responder a tiempo, la limitación se extiende hacia el resto de la cadena.

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La industria aeroespacial ofrece un ejemplo reciente de esta presión. Una de las principales compañías del sector está pidiendo a sus proveedores avanzar en automatización y desarrollar procesos con mayor repetibilidad para acompañar sus objetivos de crecimiento. La empresa busca elevar la fabricación de uno de sus principales modelos de aeronaves y ha encontrado restricciones en distintos puntos de su cadena de suministro.

Lo que ocurre en este sector muestra cómo el crecimiento de una compañía puede trasladar nuevas exigencias hacia su red de proveedores. Cuando la demanda aumenta, cada operación involucrada necesita responder con la agilidad suficiente para sostener ese ritmo. Una restricción en cualquiera de esos procesos terminaría afectando el desempeño de toda la cadena.

Este escenario también tiene una lectura para México, si lo vemos detalladamente. La manufactura nacional participa en cadenas donde los clientes internacionales establecen condiciones cada vez más exigentes de producción, calidad y respuesta. La oportunidad de atraer y desarrollar estas operaciones depende, en buena medida, de que los proveedores puedan sostener esas exigencias.

Los datos muestran que todavía existe una distancia importante entre esa necesidad y la adopción tecnológica. De acuerdo con un estudio de la Secretaría de Economía basado en información del Censo Económico 2024 del INEGI, 4.8% de las empresas manufactureras mexicanas con más de diez empleados utiliza inteligencia artificial. El análisis encontró además una asociación entre el incremento en la adopción de IA y mayores niveles de producción por unidad económica.

La cifra importa por lo que representa para la capacidad futura de la industria. La tecnología claro que ayuda a aumentar la capacidad de una operación, y principalmente para una mejor toma de decisiones. Cada empresa tendrá que determinar dónde existe el mayor potencial, pero el punto de partida es reconocer y actuar ante la demanda que avanza antes que la infraestructura.

Otro dato importante es el que comparte Deloitte, el cual encontró en su encuesta de manufactura inteligente de 2025 que 46% de los ejecutivos consultados ubicó la automatización de procesos entre sus principales prioridades de inversión para los siguientes dos años. La automatización física fue prioritaria para 37%. El estudio también señala dificultades para cubrir puestos de producción y operaciones, una situación que añade presión sobre la capacidad instalada.

La combinación de demanda, capacidad productiva y disponibilidad de talento está llevando a las empresas a revisar sus procesos con mayor urgencia. En una cadena B2B, esta revisión alcanza a cada proveedor.

Pensemos en un fabricante que tiene un producto competitivo y una cartera de clientes sólida. Si su operación requiere demasiado tiempo para aumentar producción, atender una variación en los pedidos o mantener los estándares requeridos por un nuevo contrato, afectaría el crecimiento de su propio cliente.

Por eso, la automatización debe pensarse desde la demanda que la operación debe cubrir.

Para iniciar con este proceso, debemos comenzar por conocer dónde se encuentran las restricciones. Si una línea de producción puede tener capacidad instalada suficiente y aun así perder tiempo por movimientos innecesarios, captura manual de información, cambios prolongados o decisiones que dependen de procesos difíciles de escalar. La tecnología tiene sentido cuando responde a esas condiciones concretas, pero antes; conoce y revisa los datos.

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Esta visión también cambia la conversación sobre inversión. La pregunta inicial tal vez se encuentra en el volumen que una empresa necesita producir dentro de tres o cinco años y retroceder desde ahí hacia los procesos que tendrán que sostenerlo. Esa perspectiva permite identificar qué debe automatizarse, qué información necesita estar disponible y qué capacidades tendrá que desarrollar el personal.

México tiene además una oportunidad vinculada con el desarrollo de proveedores. En 2026, la Secretaría de Economía, la Industria Nacional de Autopartes y la Corporación Financiera Internacional impulsaron un programa para preparar empresas mexicanas para integrarse a cadenas globales del sector automotriz. En su primera etapa, 55 empresas fueron capacitadas y hasta 20 tuvieron acceso a consultorías especializadas orientadas a fortalecer sus capacidades y avanzar hacia certificaciones internacionales.

La integración a estas cadenas requiere que las empresas deban responder a estándares que vienen determinados por mercados de mayor escala. Esa exigencia seguirá llegando a las operaciones manufactureras conforme aumenten los volúmenes y se eleven las expectativas de los clientes.

La automatización, por ello, tiene una relación directa con la capacidad de crecimiento. Una empresa que identifica a tiempo sus restricciones tiene la ventaja de preparar su operación para una demanda futura. Sin embargo, si se espera hasta que la demanda ya está encima, probablemente se encontrará intentando transformar sus procesos mientras el mercado necesita que produzca.

Ahí aparece uno de los mayores desafíos para la manufactura mexicana. La velocidad de transformación debe acercarse a la velocidad con la que cambia la demanda.

Cada vez habrá más clientes que necesiten proveedores capaces de crecer con ellos. La pregunta para las empresas manufactureras será cuánto tiempo tienen para preparar esa capacidad antes de que una restricción interna termine limitando una oportunidad externa.

La automatización puede ser una de las respuestas. La decisión empieza mucho antes de incorporar tecnología: empieza cuando una empresa entiende hacia dónde va su mercado y decide preparar su operación para llegar hasta ahí.

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Nota del editor: José Ambe es CEO de LDM.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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