En 2010, a finales del segundo mandato presidencial de Lula, la economía en Brasil creció al 7.5%, un dinamismo relacionado por el auge internacional de las materias primas y las compras de una China, cuyo crecimiento superaba los dos dígitos. Esta situación de derrama económica permitió la expansión de programas sociales y la posibilidad de que Dilma Rousseff y el PT ganarán las elecciones de aquel entonces. Quince años después, Brasil enfrenta otras condiciones políticas, económicas e internacionales: un crecimiento estimado este año del 2%, al que se suman problemas de asequibilidad, alto costo de la vida y endeudamiento familiar - 8 de cada 10 familias poseen algún tipo de deuda activa-.
Los predictores del voto trascienden la dimensión ideológica y se colocan en el terreno asociado a las capacidades, eficacia y al desempeño de los gobiernos. El distanciamiento de los gobiernos con las prioridades de la población se refleja en el voto de cástigo. En Brasil, al movil económico, se le suma otro determinante electoral: la situación de inseguridad y crimen organizado. Si bien la tasa de homicidios en Brasil ha caído, la percepción de la sociedad es que sube la extorsión, los robos y los fraudes. Esta situación de vulnerabilidad alimenta que el electorado opte por mano dura y elija como prioridad el combate frontal contra el crimen, apoyando al candidato con mayor énfasis en su narrativa para lograrlo. Es la desprotección ciudadana, el hartazgo y el sentimiento de indefensa el predictor del voto. No olvidemos que América Latina y el Caribe es la región más violenta del mundo fuera de guerras y conflictos armados, y que en épocas de pandemia tuvimos la mayor contracción económica en un siglo: un 7.7% como promedio regional de acuerdo con la CEPAL.
Aunque Lula pueda conseguir una remontada capturando el voto abstencionista que rondó en 33 millones de personas en la primera vuelta, a los indecisos, y los votos en blanco y nulos, Brasil giró a la derecha en ambas cámaras. El Partido Liberal de Flavio Bolsonaro será la primera fuerza política tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado en su siguiente legislatura. Además, los aliados de Flavio ganaron 10 gubernaturas incluyendo Brasilia, Sao Paulo (21% del electorado), Río de Janeiro y Minas Gerais. Destaca que en las últimas nueve elecciones presidenciales, quien terminó ganando en Minas Gerais, también consiguió la presidencia.
En el juego electoral se combinan muchos factores, pero hay que diferenciar los predictores del voto del tinte ideológico. Seguridad, economía, corrupción y hasta religión y el factor Trump jugaron sus cartas. Trump no redefinirá la política en Brasil, aunque se avivó la disputa ideológica, lo que tiene un carácter decisivo para los determinantes del voto son las condiciones estructurales y las evaluaciones pragmáticas sobre el desempeño de los gobiernos. Gane quien gane, los resultados de la primera vuelta electoral en Brasil incomodan a Lula y a los gobiernos de izquierda.
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Nota del editor: Rina Mussali es analista internacional y asociada del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, Comexi.
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