Durante 2025, Intel tuvo que lidiar con una disminución de ingresos interanuales hasta septiembre, circunstancia que se combinó con la decisión de trasladar ciertas operaciones a Asia. No obstante, la empresa mostró señales de recuperación en su reporte del tercer trimestre de 2025, cuando sus ingresos alcanzaron los 13,700 millones de dólares, un 3% más que el año anterior.
También durante el año pasado, Donald Trump insistió en la necesidad de repatriar la manufactura de semiconductores y reducir la dependencia de Asia, un discurso que encaja con la estrategia de Intel de expandir capacidad fabril en Estados Unidos. En ese marco, el gobiernos de EU adquirió 10% de las acciones de la empresa y hubo un acercamiento mayor con el CEO de la firma, Lip Bu Tan.
En el marco del CES 2026, la participación de Intel no fue vista únicamente como un espacio de lanzamiento de productos, sino como una declaración de intenciones sobre la nueva etapa de la compañía.
IA, eficiencia y estrategia
Ruiz subrayó que la IA dejó de ser un adjetivo de moda para convertirse en el eje alrededor del cual se reestructura la computación global.
“La IA no es solo una capa de software o nuevos algoritmos,” dijo, “es una fuerza que está reconfigurando la arquitectura de hardware, la eficiencia energética y la forma en que concebimos lo que una computadora debe hacer hoy”.
El reflejo de este enfoque estuvo en los anuncios de producto de Intel, entre ellos los nuevos procesadores Intel Core Ultra Serie 3, la primera plataforma de cómputo construida sobre el proceso Intel 18A, fabricado en Estados Unidos.
El proceso 18A no es solo un avance técnico, es también una pieza central de la estrategia tecnológica e industrial de Estados Unidos. Este nodo de fabricación se alinea directamente con los objetivos del gobierno estadounidense de recuperar soberanía en semiconductores, reducir la dependencia de cadenas de suministro asiáticas y fortalecer la capacidad nacional en tecnologías críticas.
Esta plataforma fue diseñada con el objetivo de ofrecer rendimiento de IA nativo, eficiencia energética mejorada y capacidades de inferencia más profundas, lo que en la práctica se traduce para el usuario en dispositivos capaces de ejecutar modelos de IA más complejos directamente en el equipo, dando como resultado respuestas más rápidas, reducción de la dependencia de la nube, mejor autonomía de batería, todo ello sin depender exclusivamente de aceleradores externos o de centros de datos centralizados.
Ruiz destacó que esta nueva generación de silicio representa un cambio de paradigma en el que la IA transforma no solo la velocidad de procesamiento, sino también la forma en que los dispositivos perciben, razonan y responden al entorno.
Para Intel, fabricar su plataforma más avanzada bajo este proceso dentro de EU no solo mejora el rendimiento y la eficiencia energética de sus productos, sino que posiciona a la empresa como socio estratégico del ecosistema tecnológico estadounidense tanto en la etapa actual, marcada por la explosión de la IA, como en la fase de expansión y consolidación que definirá el futuro de la computación.