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De la crisis a la reinvención: Intel está listo para la reorganización

Tras un 2025 marcado por reestructuración, Intel llegó al CES 2026 con una hoja de ruta marcada por la IA integrada al hardware.
mié 14 enero 2026 12:00 PM
De la crisis a la reinvención: Intel, la IA y el plan para recuperar terreno frente a sus rivales
El CES 2026 no fue visto únicamente como un espacio de lanzamiento de productos para Intel, sino como una declaración de intenciones sobre la nueva etapa de la compañía. (Foto: Cortesía Intel)

Intel llegó al CES 2026 en un momento decisivo para su historia reciente. Tras un 2025 marcado por una profunda reestructuración corporativa —que incluyó el despido de cerca del 15% de su plantilla y el cierre de operaciones de ensamblaje en Costa Rica—, la empresa enfrenta la necesidad de redefinir su papel dentro de una industria tecnológica que también cruza por una transformación impulsada por la Inteligencia Artificial (IA), la eficiencia energética y la configuración de la cadena global de valor del hardware.

Desde este escenario, Gisselle Ruiz Lanza, vicepresidenta de ventas y gerente general de Intel para Latinoamérica, compartió la hoja de ruta de la compañía y su lectura del momento que vive la industria.

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Durante 2025, Intel tuvo que lidiar con una disminución de ingresos interanuales hasta septiembre, circunstancia que se combinó con la decisión de trasladar ciertas operaciones a Asia. No obstante, la empresa mostró señales de recuperación en su reporte del tercer trimestre de 2025, cuando sus ingresos alcanzaron los 13,700 millones de dólares, un 3% más que el año anterior.

También durante el año pasado, Donald Trump insistió en la necesidad de repatriar la manufactura de semiconductores y reducir la dependencia de Asia, un discurso que encaja con la estrategia de Intel de expandir capacidad fabril en Estados Unidos. En ese marco, el gobiernos de EU adquirió 10% de las acciones de la empresa y hubo un acercamiento mayor con el CEO de la firma, Lip Bu Tan.

En el marco del CES 2026, la participación de Intel no fue vista únicamente como un espacio de lanzamiento de productos, sino como una declaración de intenciones sobre la nueva etapa de la compañía.

IA, eficiencia y estrategia

Ruiz subrayó que la IA dejó de ser un adjetivo de moda para convertirse en el eje alrededor del cual se reestructura la computación global.

“La IA no es solo una capa de software o nuevos algoritmos,” dijo, “es una fuerza que está reconfigurando la arquitectura de hardware, la eficiencia energética y la forma en que concebimos lo que una computadora debe hacer hoy”.

El reflejo de este enfoque estuvo en los anuncios de producto de Intel, entre ellos los nuevos procesadores Intel Core Ultra Serie 3, la primera plataforma de cómputo construida sobre el proceso Intel 18A, fabricado en Estados Unidos.

El proceso 18A no es solo un avance técnico, es también una pieza central de la estrategia tecnológica e industrial de Estados Unidos. Este nodo de fabricación se alinea directamente con los objetivos del gobierno estadounidense de recuperar soberanía en semiconductores, reducir la dependencia de cadenas de suministro asiáticas y fortalecer la capacidad nacional en tecnologías críticas.

Esta plataforma fue diseñada con el objetivo de ofrecer rendimiento de IA nativo, eficiencia energética mejorada y capacidades de inferencia más profundas, lo que en la práctica se traduce para el usuario en dispositivos capaces de ejecutar modelos de IA más complejos directamente en el equipo, dando como resultado respuestas más rápidas, reducción de la dependencia de la nube, mejor autonomía de batería, todo ello sin depender exclusivamente de aceleradores externos o de centros de datos centralizados.

Ruiz destacó que esta nueva generación de silicio representa un cambio de paradigma en el que la IA transforma no solo la velocidad de procesamiento, sino también la forma en que los dispositivos perciben, razonan y responden al entorno.

Para Intel, fabricar su plataforma más avanzada bajo este proceso dentro de EU no solo mejora el rendimiento y la eficiencia energética de sus productos, sino que posiciona a la empresa como socio estratégico del ecosistema tecnológico estadounidense tanto en la etapa actual, marcada por la explosión de la IA, como en la fase de expansión y consolidación que definirá el futuro de la computación.

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Latinoamérica: de mercado consumidor a polo estratégico

Uno de los puntos más interesantes de la conversación fue el énfasis de Ruiz en Latinoamérica como un actor relevante en la próxima etapa tecnológica. Tradicionalmente vista como un mercado consumidor para soluciones importadas, la región está viviendo una transición hacia la adopción avanzada de tecnología, formación de talento y desarrollo de ecosistemas propios.

Ruiz explicó que Intel ve en la región un potencial que va mucho más allá del consumo de dispositivos.

Aunque decisiones recientes —como el cierre de la planta de ensamblaje en Costa Rica y el traslado de ciertas operaciones a Asia— pueden interpretarse como un repliegue industrial, la compañía ha reforzado en paralelo su presencia en áreas de mayor valor estratégico. En países como México y Brasil, Intel mantiene centros de ingeniería, desarrollo de software y programas de formación en inteligencia artificial y ciencia de datos.

“En Latinoamérica ya no hablamos solo de ventas de hardware. Estamos viendo talento tecnológico que crece, adopción temprana de soluciones de IA y un interés real de gobiernos y empresas por modernizar sus infraestructuras digitales,” señaló.

Este panorama, dice, se traduce en oportunidades para la expansión de centros de datos, la creación de soluciones locales y la participación activa en cadenas de valor más amplias.

Este enfoque coincide con una tendencia global donde los mercados emergentes están acelerando su transformación digital y adoptando tecnologías avanzadas con rapidez. Para Intel, esto no solo significa enviar más chips a la región, sino colaborar con universidades, gobiernos y empresas para construir habilidades técnicas, fomentar la investigación aplicada y atraer inversiones que generen valor local.

Ruiz subrayó el papel de alianzas estratégicas entre el sector público y privado para enfrentar desafíos como la brecha digital, la necesidad de infraestructura de alta capacidad y la formación de talento especializado.

“El desarrollo de la industria tecnológica pasa por la colaboración y por crear ecosistemas donde talento, infraestructura e innovación puedan coexistir y crecer”, afirmó.

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Ruiz destacó que Intel planea incrementar el apoyo a programas educativos, incubadoras de startups, hubs de investigación y programas de certificación técnica, con la finalidad de construir una base sólida que pueda atraer proyectos de alto impacto y fomentar la competitividad global de la región.

La vocera de Intel, también puso sobre la mesa una diferencia clave entre los mercados desarrollados y Latinoamérica: la forma en que las personas se relacionan con la tecnología. En la región, explicó, los usuarios tienden a privilegiar dispositivos versátiles, duraderos y capaces de cumplir múltiples funciones, más que la renovación constante de equipos.

Esta lógica de consumo obliga a los fabricantes a pensar en productos que mantengan su valor a lo largo del tiempo, con capacidad de adaptación a nuevas cargas de trabajo, especialmente ahora que la IA se vuelve parte integral de los flujos cotidianos.

Ante la pregunta sobre el tiempo de vida de los dispositivos y la preocupación por la obsolescencia programada, la directiva reconoció que el desafío para la industria es construir tecnología que no quede obsoleta por diseño, sino que pueda evolucionar mediante actualizaciones de software, mejoras en eficiencia energética y compatibilidad con nuevas aplicaciones de IA.

Hacia una nueva etapa de la computación

Intel no visualiza el futuro como una continuación del pasado tecnológico. Desde la visión de Ruiz, la compañía apuesta por una etapa en la que la IA redefine lo que significa computar, desde la forma en que los dispositivos perciben su entorno hasta cómo las sociedades se organizan alrededor de la tecnología.

El CES 2026 fue un reflejo de cómo una empresa con décadas de historia —y tras un periodo de ajuste profundo— busca reinventar su papel dentro de una industria en transformación.

En palabras de Gisselle Ruiz Lanza, “no se trata solo de vender chips; se trata de capacitar a la próxima generación, construir infraestructura con visión de futuro y colaborar para que la tecnología mejore la vida de millones de personas”.

La tecnológica anticipa que en el cuarto trimestre de 2025, cuyos resultados presentará el 22 de enero, sus ingresos oscilen entre los 12,800 millones de dólares y 13,800 millones de dólares.

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