El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio un paso más en su acercamiento con la industria tecnológica al nombrar a Mark Zuckerberg como integrante de su Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología (PCAST), un órgano que, aunque no tiene poder regulatorio, sí influye en la dirección estratégica del país en temas clave como la inteligencia artificial, la energía o la innovación científica.
Trump suma a Mark Zuckerberg a su consejo de ciencia
Zuckerberg forma parte de una lista más amplia de figuras de alto perfil en Silicon Valley que ahora tendrán línea directa con la Casa Blanca. Entre ellos están Sergey Brin, cofundador y director de proyectos especiales de Google; Jensen Huang, CEO de Nvidia; Larry Ellison, fundador de Oracle, y Marc Andreessen, cofundador y socio general de la firma de capital de riesgo Andreessen Horowitz, nombres que reflejan el peso creciente del sector privado en la toma de decisiones sobre el futuro tecnológico de Estados Unidos.
El consejo será copresidido por David Sacks, conocido por su papel como asesor en inteligencia artificial y criptomonedas, y Michael Kratsios, quien ya ocupó el cargo de director de Tecnología durante el primer mandato de Trump. Desde esa posición, ambos tendrán la tarea de coordinar recomendaciones que, aunque no vinculantes, suelen marcar la pauta de las políticas públicas en sectores estratégicos.
En un comunicado, Zuckerberg no dudó en subrayar el momento que vive la industria.
“Estados Unidos tiene la oportunidad de liderar al mundo en inteligencia artificial”, señaló, al tiempo que calificó como un honor formar parte del consejo y colaborar con otros líderes tecnológicos. Su mensaje se alinea con la narrativa que ha impulsado la actual administración, enfocada en reforzar la competitividad frente a otras potencias, particularmente China.
El PCAST no es nuevo, existe desde la presidencia de Franklin D. Roosevelt y, a lo largo de las décadas, ha abordado temas tan diversos como la preparación ante pandemias, la computación cuántica o la transición hacia energías limpias. Su papel es traducir el conocimiento científico en recomendaciones concretas para el gobierno federal.
Lo que sí es nuevo es el contexto político en el que se da esta integración. Durante su primer mandato, la relación de Trump con las grandes tecnológicas estuvo marcada por tensiones y desencuentros. Hoy, en cambio, su administración parece apostar por una colaboración más estrecha, en un momento en que la inteligencia artificial, los semiconductores y las plataformas digitales se han convertido en piezas centrales de la competencia global.
Sin embargo, este acercamiento también ha encendido alertas. Diversos sondeos recientes muestran que una parte importante de la población estadounidense considera que las grandes empresas tecnológicas tienen demasiada influencia en Washington. La presencia de figuras como Zuckerberg y otros líderes del sector en un órgano asesor presidencial podría intensificar ese debate.
En medio de este escenario, el nuevo consejo no solo funcionará como un espacio de consulta técnica, sino también como un reflejo de una relación cada vez más estrecha —y polémica— entre el poder político y el poder tecnológico en Estados Unidos.
Con información de AFP.