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Revista Digital
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La fe entra al algoritmo y se expande con apps para rezar y misioneros influencers

Entre 2023 y 2025, los misioneros digitales pasaron de Lisboa al Jubileo en Roma. La historia de Prayer Lock muestra cómo la fe católica también escala como producto digital.
jue 02 abril 2026 08:00 AM
influencers religiosos
Las aplicaciones y creadores de contenido enfocados en religión crecen en América Latina. (PeopleImages/Getty Images/iStockphoto)

Durante años, la evangelización en redes parecía un archipiélago de esfuerzos individuales, cuentas dispersas y videos que circulaban entre nichos de devotos sin alterar demasiado la estructura de la Iglesia, pero en solo dos años eso cambió y se evidenció con la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa, donde se dio el primer gran encuentro presencial de evangelizadores digitales de los cinco continentes en 2023.

Vatican News señaló que ese encuentro acogió apenas unos 600 ‘misioneros digitales’ mientras que para julio de 2025, Roma acogió el primer Jubileo dedicado a ellos, una cita que reunió a más de 1,000 inscritos de más de 70 países y culminó con un saludo formal del papa León XIV.

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Ese movimiento global encuentra eco en América Latina, donde el regreso de símbolos religiosos, lenguajes morales más tradicionales y discursos de identidad empieza a cruzarse con la economía de plataformas. Datos de la Friedrich Ebert Foundation muestran que casi 22,000 latinoamericanos de entre 15 y 35 años, se asumen cristianos y católicos y lo expresan vía online.

Mauricio Barón, un emprendedor mexicano de 24 años que convirtió una intuición religiosa en un producto móvil con lógica de startup, lanzó Prayer Lock, una app que bloquea las notificaciones y el uso del smartphone mientras los usuarios hacen oración.

La idea nació, según cuenta, después de una cadena de experimentos fallidos con otras apps, de su fascinación por la inteligencia artificial generativa y de una inquietud más personal por construir algo “con propósito”.

“Desarrollé la app en sólo tres días con ayuda de IA y sin formación formal en programación o diseño, pues me di cuenta que muchos cristianos y católicos ya usaban aplicaciones religiosas similares como Daily Bible”, precisó Barón en entrevista.

Barón sostiene que la generación Z es el público natural para este tipo de producto porque combina dos rasgos que rara vez se cruzaban de forma tan clara en el imaginario de la industria tecnológica, la adicción al teléfono y un renovado interés por contenidos religiosos hechos por gente joven.

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También asegura que el mercado estadounidense ha sido, hasta ahora, el terreno más fértil para vender suscripciones de apps de consumo, mientras que América Latina y España representan la siguiente frontera de expansión. Prayer Lock cobra 40 dólares al año o 9.99 dólares por semana, no ofrece prueba gratis y, aun así, su fundador afirma que la aplicación ya genera más de 300,000 dólares anuales.

La monetización, dice, se apalanca sobre una máquina de contenido que comenzó de forma rudimentaria, con videos grabados por su esposa, y después se profesionalizó con creadores y una operación intensiva en herramientas de IA.

Barón admite que una de las formas de atraer la atención de su público es a través de redes sociales, donde contrata a creadores de contenido religioso para que puedan hablar de su app y de esa forma segmenta perfiles y prueba mensajes.

“Si eres un influencer, digamos un creador con unas 20,000 seguidores, estamos buscando que tu contenido sea uniforme, que no estés posteando cualquier cosa, que ayer posteaste un ‘get ready with me’ y mañana contenido cristiano y luego de belleza”, señala Barón a la hora de preguntarle sobre cómo buscar perfiles para difundir su emprendimiento.

En América Latina, donde la secularización nunca avanzó con la misma linealidad que en Europa occidental, esa formalización puede tener consecuencias de negocio y de cultura.

La región ofrece una mezcla singular de población joven, religiosidad todavía extendida, polarización identitaria y altísima dependencia del smartphone. Ahí caben desde comunidades de oración por WhatsApp hasta aplicaciones devocionales por suscripción, pasando por influencers que combinan consejo moral y una estética de creador nativo de TikTok.

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