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Tuve mi primer Tamagotchi a los 32 años: así se siente cumplir un sueño de los 90

El Tamagotchi Gen 3 conserva el diseño que marcó los 90: tres botones, píxeles grises y pila de reloj.
Cumplí el sueño de todo niño de los 90: cómo es tener tu primer Tamagotchi en 2026, la era de la IA
Tener un Tamagotchi como adulta cierra un círculo personal y confirma que el aparato que definió a una generación entera sigue vigente. (Foto: Selene Ramírez)

Crecí en los noventa, justo en la década que vio nacer al Tamagotchi, pero en aquel entonces tuve que ser solo una observadora, pues aunque vi a muchos niños cuidar al suyo u olvidarlo para luego descubrir que murió, nunca tuve uno propio. Casi tres décadas después saldé esa deuda pendiente con mi infancia y obtuve el mío.

Aki Maita y Akihiro Yokoi crearon el Tamagotchi en Japón en 1996, Bandai lo desarrolló y lo convirtió, casi de inmediato, en un ícono de la cultura pop que cruzó fronteras y generaciones. De acuerdo con la página oficial de la marca, el primer modelo salió a la venta el 23 de noviembre de ese año y se volvió un furor principalmente entre adolescentes japonesas, antes de expandirse al resto del mundo.

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Mi primer Tamagotchi es un Original Gen 3 que conserva esa esencia tradicional con un guiño deliberado al pasado. En un momento en que todo busca pantallas grandes, alta resolución y controles táctiles, este aparato apuesta por el fondo gris, la mascota en píxeles y tres botones como único método de navegación.

Su carcasa cabe por completo en la palma de la mano, conserva la forma de huevo y trae integrada una cadena para colgarlo de la mochila o las llaves, tal como el modelo original de los noventa. Bandai sí ofrece versiones a color para quien prefiere una experiencia más moderna, como Tamagotchi Pix, con cámara y pantalla táctil, o Tamagotchi Uni, con conexión wifi, pero el Gen 3 elige la fidelidad al diseño de 1996.

Mi ejemplar es una edición especial que viste de ángel, con un aro sobre la cabeza y un par de alas pequeñas que lo distinguen del resto de la línea; ese disfraz retoma, de hecho, al Tamagotchi Angel, uno de los primeros spin-offs temáticos que Bandai lanzó en 1998.

Cada personaje permanece contigo entre cuatro días y una semana, nace de un huevo, pasa por una etapa de bebé, después de niño y finalmente llega a una forma adulta. Cuando esa etapa final termina, el personaje se va y aparece la opción de empezar con uno nuevo.

El primer día exige atención constante, el aparato avisa con frecuencia que tiene hambre, que quiere jugar o que necesita que limpies su espacio. Si lo ignoras demasiado tiempo, se enferma y debes medicarlo. Esa demanda baja conforme el personaje evoluciona y crece, hasta volverse casi autónomo en sus últimos días.

Aunque esta versión es muy cercana a la original, una de las diferencias es que en el Gen 3 el personaje no muere, solo se enferma si le das demasiados dulces o si lo espantas al apagar la luz. En cualquiera de esos casos, basta con darle medicamento para contrarrestarlo.

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Una de las partes más divertidas del Gen 3 está en su ambigüedad visual. Al inicio, todos los personajes son iguales, una especie de fantasma con aro de ángel, solo la evolución revela su forma real, y existen cinco resultados posibles, hasta el momento yo he visto tres de ellos: un querubín, una figura que interpreté como rana alada y otra que, para mí, parece una mosca. Esa lectura libre de decidir qué ves en pantalla según tu propia imaginación es parte del encanto del juguete y conecta directamente con la simpleza pixelada de los noventa, muy distinta a la fotorrealidad que domina los gadgets actuales.

El aparato también deja artículos especiales cuando un personaje se va, a mí me tocó el objeto que la comunidad llama popularmente "caca dorada" o Lucky Poo, un easter egg que representa un personaje secreto de buena suerte y que, dentro de la comunidad de fans, tiene fama de aparecer pocas veces.

El Gen 3 funciona con pila de reloj, no es recargable, y eso refuerza su carácter de réplica fiel al original más que de gadget moderno. En mi infancia, en las calles era común escuchar, casi como una tonadilla, el grito de venta de los puestos de relojería: "pilas, pernos, pernos, pilas". Hoy me pregunté dónde compraría una pila de ese tipo cuando se agote la que el Tamagotchi trae incluida y la respuesta fue un alivio, cualquiera las consigue fácil en marketplaces y supermercados, así que nadie necesita salir a buscar un relojero para mantener vivo a su Tamagotchi Gen 3.

Bandai Namco reporta 100 millones de unidades vendidas a nivel global en casi 30 años de historia. En México, la marca busca ganar terreno en el mercado de los juguetes , que supera los 1,800 millones de dólares anuales según Statista. En México, el Tamagotchi Gen 3 cuesta alrededor de 600 pesos.

Tener un Tamagotchi como adulta cierra un círculo personal y confirma que el aparato que definió a una generación entera sigue vigente, ahora desde la nostalgia de quienes lo tuvieron o que como yo, lo vieron de lejos y hoy, por fin, lo sostienen en la mano.

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