El robot no solo produce leche, también genera información. Cada chip de las vacas registra cuántas veces pasó por el robot, cuántos litros produjo, cuánto alimento consumió, cuánto tiempo descansó y cuál es su comportamiento. Es aquí cuando la información permite detectar reducciones inesperadas en la producción o señales tempranas de enfermedad antes de que sean visibles para el personal.
La información no se queda en el establo, pues los datos se cruzan con registros de alimentación, consumo de agua, emisiones de metano e inclusive con la información que generan otras áreas del campo experimental. La meta es construir modelos que permitan producir más con menos recursos y transferir ese conocimiento a empresas y productores.
Además de registrar la producción de leche, el establo cruza información sobre alimentación, productividad y emisiones de metano. Así, cada vaca se alimenta en estaciones inteligentes, las cuales registran información valiosa relacionada con sensores que miden la producción de leche y cromatógrafos capaces de analizar cuánto metano emite cada animal, esto con el objetivo de entender cómo pequeños cambios en la alimentación pueden mejorar la productividad sin aumentar el impacto ambiental.
La tecnología no elimina el trabajo, pero cambia el perfil del trabajador
Pero el robot de ordeña es solo una parte del recorrido, en las 70 hectáreas del campo Agro Experimental en Querétaro, los datos también llegan desde drones que sobrevuelan cultivos, tractores guiados por GPS de precisión, sensores instalados en invernaderos y un viñedo donde se monitorean variables para optimizar el uso de agua. La lógica es la misma en cada área: convertir la agricultura basada en información y no únicamente en experiencia.
“El robot es el que toma la decisión sobre el flujo de ordeño, el robot no para, el robot ordeña 24 horas horas al día siete días de la semana. En dinero es mucho más costoso esta sala de ordeña que una sala tradicional y requiere mucha más capacidad. Este sistema le da al productor vacas más longevas, más saludables y mucho menos inseminaciones”, menciona a Expansión Arturo González de Cosío, director de CAETEC.
Cuando una alarma aparece en el sistema, alguien debe interpretar la información, revisar al animal y decidir qué hacer. Si ocurre una falla eléctrica o hidráulica, el software no resuelve por sí solo el retraso que se genera en la operación, por esto mismo uno de los mayores retos no es instalar la tecnología sino formar al personal capaz de operarla.
De esta manera, veterinarios, técnicos e ingenieros reciben capacitación constante para detectar información y reaccionar ante cualquier anomalía. Además, el centro recibe con frecuencia a productores y ganaderos interesados en conocer cómo incorporar ese tipo de herramientas a sus propios establos no solo desde la perspectiva tecnológica sino también desde la gestión de datos y operación.