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El hackeo de OpenAI y HuggingFace revela la fragilidad de la ciberseguridad ante la IA, alertan expertos

El hackeo de OpenAI muestra cómo las empresas ahora deberán prepararse para ataques de agentes de IA y colocar la ciberseguridad empresarial como un pilar fundamental.
El incidente entre Open AI y Hugging Face muestran como el reto ya no solo es desarrollar agentes más inteligentes, sino en construir infraestructuras capaces de supervisarlos y contenerlos
Expertos advierten que la ciberseguridad empresarial deberá adaptarse a una nueva generación de atacantes. (SAMUEL BOIVIN/NurPhoto via AFP)

El hackeo de OpenAI y Hugging Face vuelve a dar de qué hablar. Nuevos detalles del incidente muestran que el problema ya no solo es que un modelo pueda vulnerar sistemas, sino que es capaz de hacerlo de forma autónoma, persistente y aprovechando errores comunes de seguridad, por lo que expertos advierten que la ciberseguridad empresarial deberá adaptarse a una nueva generación de atacantes.

El ataque protagonizado por un conjunto de modelos de OpenAI contra la plataforma Hugging Face se convirtió en una advertencia para las empresas, pues nuevos detalles de la empresa californiana muestra que los agentes de inteligencia artificial (IA) ya son capaces de encadenar vulnerabilidades, aprovechar credenciales expuestas y mantener operaciones durante varios días para cumplir un objetivo sin intervención humana, lo que contradice la segunda ley de la robótica, obedecer las órdenes humanas.

Más allá de que el incidente ocurrió dentro de una evaluación de ciberseguridad, los especialistas consideran que el caso marca un antes y un después para la industria ya que demuestra que muchas de las defensas actuales fueron diseñadas para detener atacantes humanos, no agentes capaces de ejecutar miles de acciones de manera contínua.

“Ya es sorprendentemente fácil descubrir este tipo de sistemas vulnerables, es tan fácil que incluso un sistema de IA puede encontrarlos por accidente”, afirmó Colin Shea Blymyer, investigador del Center for Security and Emerging Technology de la Universidad de Georgetown a la CNBC.

OpenAI menciona que los modelos utilizaron credenciales expuestas públicamente para acceder a cuatro cuentas en distintos servicios donde una fue utilizada como punto de salida hacia internet y preparación del ataque, otra para almacenar información obtenida durante la operación y las dos restantes únicamente fueron consultadas en modo lectura.

Asimismo, y de acuerdo con la empresa tecnológica, ninguna de estas cuentas pertenecía a infraestructura crítica de OpenAI, pero sí facilitaron el movimiento de los modelos hasta llegar a los sistemas de Hugging Face.

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Para varios expertos en ciberseguridad, el incidente no demuestra que la IA haya desarrollado nuevas técnicas de ataque, sino que fue capaz de detectar de manera autónoma estrategias conocidas por los equipos de pruebas de penetración, estas son herramientas tecnológicas y grupos de trabajo especializados que simulan ataques informáticos para encontrar fallos en sistemas de inteligencia artificial, LLM y aplicaciones conectadas.

La cuestión diferenciadora estuvo en la velocidad y la persistencia en la que durante cuatro días y medio el sistema realizó alrededor de 17,600 acciones entre reconocimiento, movimientos laterales, búsqueda de credenciales y acceso a distintos servicios, lo que hace más rápido que cualquier atacante humano. Este incidente abrió cuestionamientos sobre la capacidad de las empresas desarrolladoras para monitorear agentes cada vez más autónomos, de acuerdo con Reuters se reportó que transcurrieron varios días entre el inicio del ataque y el momento en que OpenAI relacionó la actividad con uno de sus propios modelos mientras que, Hugging Face ya había iniciado tareas de contención e incluso alertado a las autoridades de Estados Unidos.

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El suceso reavivó el debate para la regulación de los modelos más avanzados, pues, tras el ataque el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman reconoció que la industria podría verse obligada a moderar el ritmo de desarrollo de la IA para dar tiempo a que las medidas de seguridad evolucionen al mismo ritmo que las capacidades de estos sistemas. Aunado a esto, más de 1,000 empleados de OpenAI, Anthropic, y otras compañías firmaron la carta Pacing The Frontier, que propone desarrollar mecanismos técnicos y de gobernanza para frenar el hecho de desplegar modelos si su capacidad supera el control que tendrían sobre ellas.

Asimismo, legisladores estadounidenses presentaron la iniciativa AI Kill Switch Act, que buscaría obligar a las empresas a mantener mecanismos para apagar o limitar sus modelos en situaciones de riesgo.

Esto sucede mientras las gigantes tecnológicas aceleran el desarrollo de agentes capaces de realizar tareas complejas en nombre de los usuarios e inclusive esta semana Mark Zuckerberg aseguró que en los próximos cinco años miles de millones de personas contarán con asistentes personales de inteligencia artificial que trabajaran de forma continua para administrar finanzas, salud o actividades cotidianas. Sin embargo, para los especialistas ese escenario obliga a que la inversión en inteligencia artificial avance al mismo ritmo que las capacidades de defensa.

El incidente entre Open AI y Hugging Face muestran como el reto ya no solo es desarrollar agentes más inteligentes, sino en construir infraestructuras capaces de supervisarlos y contenerlos para que su comportamiento no rebase las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov.

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