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Tu hijo puede entregar una tarea perfecta con IA, pero ¿cómo saber si realmente aprendió?

Ocho de cada 10 estudiantes usan inteligencia artificial para elaborar textos, ahora, ante trabajos cada vez más difíciles de distinguir, profesores cambian la forma de evaluar.
Una estudiante universitaria trabaja frente a una computadora mientras una representación de inteligencia artificial aparece detrás de ella y muestra un documento académico terminado.
La IA hace las tareas de los estudiantes, ¿cómo saber si aprendieron? (Imagen generada con inteligencia artificial / OpenAI / Expansión)

Un estudiante puede pedir a una IA que redacte un ensayo o haga su tarea, que corrija sus errores, organice argumentos e inclusive puede entregar un trabajo perfecto. No obstante, para los profesores queda una pregunta: ¿el alumno realmente aprendió o solamente sabe como colocar el prompt perfecto para obtener una buena respuesta?

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La inteligencia artificial generativa (IAG) ya forma parte de la vida académica en México. De acuerdo con la encuesta “Usos y percepciones sobre Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en la Educación Superior en México” , de la Secretaría de Educación Pública (SEP), más del 60% de los estudiantes y docentes universitarios utiliza estas herramientas de manera cotidiana y que ocho de cada 10 alumnos las emplea para elaborar textos.

La llegada de herramientas capaces de redactar, resumir, programar, resolver problemas o generar presentaciones obliga a replantear el significado de evaluar. Para el especialista en tecnología, educación, e inteligencia artificial, Víctor Román, el problema no reside en utilizar las herramientas, sino en qué parte del proceso intelectual se les delega.

“Si le delego el pensamiento crítico, analítico, el pensamiento sistémico, yo mismo estoy anulándome”, mencionó el especialista, quien asegura que son herramientas que deben ayudar al estudiante pero nunca sustituirlo. Se trata de que esté “al lado del estudiante, nunca en lugar del mismo, sostuvo”.

México ya tenía un reto antes de ChatGPT: desarrollar el pensamiento creativo

En la evaluación PISA 2022 de pensamiento creativo, los estudiantes mexicanos obtuvieron 29 de 60 puntos frente a 33 del promedio de la organización para la Organización y el Desarrollo Económicos (OCDE). Tan solo el 14% alcanzó los niveles más altos de desempeño, mientras que el promedio entre los países de la organización fue de 27%.

La prueba no solo mide la creatividad artística, sino también la capacidad de los estudiantes para generar ideas diversas y originales, así como para evaluarlas y mejorarlas en disciplinas que involucran expresión escrita, situaciones sociales y problemas científicos.

Por ello es importante la discusión en torno a la IA: si una herramienta puede producir una respuesta correcta, el sistema educativo debe poner más atención en capacidades que siguen dependiendo del estudiante como formular preguntas, contrastar información, explicar un razonamiento, identificar errores, relacionar conceptos y aplicar el conocimiento en situaciones distintas.

El maestro tiene otra tarea que afrontar al evaluar el proceso sobre el resultado, señaló a Expansión Victor Román, quien ejemplicó la situación con una herramienta de IA que puede convertir un concepto de física en una visualización interactiva mediante botones, imágenes y variables que el estudiante puede modificar, dejando ver que la diferencia está en el objetivo con el que se utiliza.

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La misma herramienta que puede resolver una tarea también puede convertirse en una especie de laboratorio personalizado para que un estudiante explore aquello que no comprendió en clase, comentó, evaluando así no solo lo que entregó, sino también la forma en la que llegó a la respuesta.

Si la IA puede hacer la tarea, ¿el problema es la IA o la tarea?

La inteligencia artificial está provocando otro cuestionamiento incómodo dentro de las aulas. ¿Las tareas tradicionales todavía sirven para demostrar que el alumno aprendió? Daniela Ramírez, profesora de Tecmilenio, cuenta que ensayos, exámenes y proyectos escritos eran formatos habituales para comprobar conocimientos, pero con la llegada de la IA se puede obtener un resultado aparentemente correcto.

“Alguna vez me pareció incluso ridículo cuando me descubrí evaluando resultados de la IA”, narró sobre el momento en que modificó sus actividades con estudiantes para integrar otras que incluyeran una evaluación y retroalimentación profundas.

Dicho cambio, detalló, plantea una pregunta distinta a la de detectar trampas, ya que si una actividad puede resolverse casi completamente mediante una herramienta de IA, quizá lo que necesita revisarse es la actividad misma.

La intención no es utilizar estas tareas como evaluación final ni convertirlas en un detector de ChatGPT. Más bien, Ramírez explicó que busca comparar lo que muestra el documento con lo que el estudiante es capaz de explicar y argumentar, lo cual hizo surgir otro problema que una tarea escrita tampoco mostraba.

“Me pasa todo el tiempo”, respondió Ramírez al preguntarle si encuentra trabajos que un estudiante posteriormente tiene dificultades para explicar. Sin embargo, señaló que eso tampoco demuestra automáticamente que utilizó IA o plagió. “Hay alumnos que conocen el tema y aun así tienen dificultades para articular verbalmente lo que saben”.

Por eso, el cambio de evaluación también está obligando a los profesores a distinguir entre tres cosas diferentes: producir una buena respuesta, comprenderla y ser capaz de defenderla.

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La revolución tecnológica también exige profesores preparados

Incorporar IA a una escuela requiere que la adopción tecnológica venga acompañada del tiempo y presupuesto para capacitar a quienes tendrán que utilizarla. Román explicó que los modelos evolucionan muy rápido y los docentes enfrentan cargas exorbitantes de trabajo, lo que dificulta que se mantengan actualizados.

Tecmilenio comenzó a experimentar con una respuesta a ese problema mediante EVA, una herramienta de Evaluación Oral Asistida por Inteligencia Artificial para que el estudiante entregue primero su proyecto y posteriormente sostenga un diálogo adaptativo sobre eso mismo a través de preguntas en torno a los objetivos de aprendizaje para explorar cómo llegó a sus decisiones y qué tanto comprende aquello que entregó.

La paradoja, en un sentido positivo, es que la misma tecnología que permite generar una tarea en segundos también comienza a utilizarse para comprobar si quien la entrega realmente entiende lo que hizo.

Para Román, el objetivo tendría que ir más allá de terminar una tarea. Un alumno, concluyó, debe recorrer un proceso que conecte contenidos, experiencia, experimentación y aplicación hasta llegar a lo que él denomina “sabiduría”, es decir, comprender cómo se relacionan las cosas y cómo funcionan.“Es la suma de todo lo que nos va a generar la sabiduría. No estamos reemplazando nada”.

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