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Los motivos de las mujeres para engañar a sus esposos están cambiando

A pesar de amar a sus maridos, muchas mujeres consideran que tener aventuras extramaritales beneficia su relación.
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Los motivos han cambiado ¿Qué ha cambiado sobre la monogamia o la vida familiar en los últimos 27 años? (Foto: Antonio Guillem/Shutterstock / Antonio Guillem)

Los seres humanos son en su mayoría monógamos, esta ha sido la norma social durante los últimos 1,000 años.

Científicos de la Universidad de Londres creen que la monogamia surgió con los machos para poder proteger a sus hijos de otros machos en grupos ancestrales que pudieran matarlos con el objetivo de aparearse con las madres.

Uno de los datos más interesantes en el nuevo libro de Esther Perel, State of Affairs: Rethinking Infidelity (Estado de las Aventuras: Repensando la Infidelidad) llega casi al principio de esta historia.

Desde 1990, la psicoanalista y escritora ha registrado que la tasa de mujeres casadas que reportan haber sido infieles se ha incrementado un 40%, mientras que la tasa de hombres sigue siendo la misma.

"Más mujeres que nunca están siendo infieles", dice, o "no están dispuestas a admitirlo". Y aunque Perel utiliza mucho de su libro para examinar el significado psicológico, la motivación y el impacto de las aventuras, ella ofrece una pequeña revelación de lo que significa el aumento en sí mismo.

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¿Qué está pasando exactamente en los matrimonios para cambiar los números? ¿Qué ha cambiado sobre la monogamia o la vida familiar en los últimos 27 años para explicar el cierre de la brecha entre hombres y mujeres? ¿Y por qué tantas mujeres empezaron a sentirse con derecho al tipo de comportamiento largamente aceptado (aunque no aprobado) como un comportamiento masculino?

"Estas preguntas se me ocurrieron primero hace algunos años cuando empecé a cuestionarme cuántas de mis amigas eran de verdad fieles a sus esposos", dice la autora.

"A simple vista ellas parecían felices, o al menos contentas. Como yo, ellas tenían familia, hijos adorables, hipotecas y una vida social muy ocupada. Al exterior, sus esposos eran razonables y sus matrimonios, modernos y equitativos. Si estas amigas estaban enfadadas, insatisfechas o resentidas, ellas no lo mostraban" cuenta.

"Luego un día, una de ellas me confió que había tenido dos aventuras al mismo tiempo en un periodo de cinco años".

"Un poco antes de que terminara de procesarlo, otra amiga me dijo que era 100% fiel a su esposo, excepto cuando salía de la ciudad por trabajo cada mes. Poco después, otra me dijo que aunque nunca había tenido relaciones sexuales con otro hombre, sí había tenido tantas aventuras emocionales e intercambios de correos inapropiados a lo largo de los años que había tenido que comprar un disco duro aparte para almacenarlos todos", relata.

"Lo que me sorprendió más de estas conversaciones no fue que mis amigas estuvieran siendo infieles, sino que muchas de ellas estaban muy despreocupadas de la forma en que describían sus aventuras extramaritales. Habían engañado, pero en secreto y con vergüenza" explica Perel.

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La mayoría de las veces ellas amaban a sus esposos, pero sentían de alguna forma fundamental que sus necesidades (sexuales, emocionales y psicológicas) no se estaban cumpliendo al interior del matrimonio. Algunas incluso se preguntaban si sus esposos sabían que les eran infieles y preferían mirar a otro lado.

"El hecho es", me dijo una de esas amigas, "soy más amable con mi esposo cuando tengo algo especial que es solo para mí". Ella se dio cuenta de que era más amable, más paciente, menos resentida, "menos perra". Se me ocurrió mientras escuchaba que estas mujeres describían la infidelidad no como una transgresión, sino como un acto creativo o hasta subversivo, una protesta contra una institución que habían llegado a sentir como sofocante u opresiva.

"En una generación anterior, esto habría representado una separación o un divorcio, pero ahora, al parecer, más y más mujeres están poco dispuestas a abandonar sus matrimonios y las familias que construyeron durante años o décadas. Ellas tampoco están dispuestas a soportar el estigma de un matrimonio públicamente abierto o tener que pasar por el esfuerzo de negociar un acuerdo tan complejo" dice.

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"Estas mujeres está girando hacia la infidelidad no como una forma de hacer estallar un matrimonio, sino como una forma de quedarse. Mientras que las narrativas convencionales de la infidelidad femenina colocaban a la mujer infiel como un objeto pasivo, las mujeres con las que hablé parecían tener el control de sus propias transgresiones. Parecía haber algo nuevo sobre este acercamiento", concluye la autora.

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