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Nuestras Historias

¿Los arquitectos le están dando la espalda a los rascacielos de vidrio?

El costo cada vez mayor —tanto económico como ambiental— de la operación de edificios de vidrio está empezando a cambiar la forma en la que concebimos a los materiales.
Una colección de fachadas de vidrio en Hong Kong,
Una colección de fachadas de vidrio en Hong Kong, una ciudad con más rascacielos que cualquier otro. (Foto: Ben Thomas)

Ninguna obra arquitectónica ejemplifica mejor el siglo XX que las torres de vidrio. Ya sea en Manhattan o en Moscú, los rascacielos refulgentes no solo son la opción más práctica para las ciudades densamente pobladas, sino el símbolo más codiciado del progreso.

Conforme ciertas ciudades, como Dubái y Shenzhen, siguen la tendencia a una velocidad imparable, parece que nuestra preferencia por las fachadas de vidrio se prolongará durante este siglo. Sin embargo, varios arquitectos y urbanistas prominentes han estado denunciando el uso excesivo de este material. Cuestionan el impacto de las estructuras de vidrio en nuestros espacios públicos y en el entramado de nuestras ciudades.

Los desarrolladores exigen ventanas de piso a techo, luz natural abundante y paisajes por los que valga la pena cobrarles a sus inquilinos… pero ¿qué hay de los demás?

Un 'mar de cambios' en las actitudes

Tal vez lo más urgente sean las preocupaciones por la sostenibilidad de estos edificios, ya que son propensos a atrapar el calor en verano y a perderlo cuando hace frío.

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La proliferación de los rascacielos de vidrio fue consecuencia directa de las mejoras de la posguerra en la tecnología del vidrio, que se tradujeron en la producción rápida y uniforme de hojas de gran tamaño. El bajo costo del aire acondicionado (y lo barato de la energía con la que funciona) implicó que las desventajas térmicas de este material no fueran tan importantes.

Sin embargo, el costo cada vez mayor —tanto económico como ambiental— de la operación de edificios de vidrio está empezando a cambiar la forma en la que concebimos a los materiales, de acuerdo con el arquitecto británico Ken Shuttleworth, famoso por proyectos como el Ayuntamiento de Londres y el edificio de 30 St. Mary Axe, mejor conocido como The Gherkin. Shuttleworth, se ha manifestado en contra de un material que alguna vez usó generosamente.

"Creo que [el vidrio] es un símbolo de edificios que consumen mucha energía; necesitamos pasar a un entorno más consciente del consumo de energía y tratar de ahorrar recursos", explicó en las oficinas londinenses de Make Architects, el despacho que fundó en 2004. "En cierta forma, ese es un manifiesto para los arquitectos: tratar de hacer edificios más eficientes en el consumo de energía".

El nuevo edificio de Ken Shuttlesworth en Londres
es solo un 35% de vidrio, con un 65% de paneles de hierro sólido aislados.

Lee: 8 formas en que arquitectos y artistas combaten el cambio climático

Según Naciones unidas, el 40% del consumo de energía en el mundo (y aproximadamente una tercera parte de las emisiones de gases de efecto invernadero) se puede atribuir a los edificios. De acuerdo con, Shuttleworth, la presión para construirlos y operarlos de forma más sostenible no solo yace sobre los desarrolladores y los propietarios, sino sobre los mismos arquitectos.

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La tecnología ha tenido avances considerables desde que las torres de cristal empezaron a surgir en todo Estados Unidos, en la década de 1950. El uso de películas, entintados y hojas dobles ha ayudado a reducir la pérdida de calor (y la ganancia de calor solar) de la que adolecen los rascacielos modernos. Sin embargo, Shuttleworth cree que estas mejoras, por sí solas, no bastan. "Creo que la industria vidriera tiene que mejorar en cuanto al desempeño del término", explicó. "Pero creo que están llegando al punto en el que ya no pueden avanzar más, por ahora, en cuanto a tecnología".

Lee: Los edificios que han transformado Nueva York en el siglo XXI

Bertrand Cazes, secretario general de la asociación vidriera Glass for Europe, disiente. Además de las mejoras continuas en el vidrio laminado, señala a las nuevas tecnologías, como los sistemas fotovoltaicos integrados en los edificios (BIPV, por sus siglas en inglés) —que contienen celdas solares capaces de producir energía a partir de la luz solar.

"Los arquitectos, particularmente los que trabajan en esos edificios emblemáticos, tienen una función clave… adoptar las soluciones adecuadas para asegurarse de que obtengamos edificios eficientes en cuanto a energía y con emisiones de carbono nulas", dijo en entrevista telefónica. "Solo puedo pedirles que las adopten aún más trabajando de cerca no solo con los contratistas, sino con los fabricantes de fachadas y la misma industria vidriera, para garantizar que se fijen los productos correctos para estos edificios magníficos".

Ciudades de vidrio

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La recién inaugurada Lotte World Tower en Seúl,
ahora el quinto edificio más alto del mundo, se construyó con 20 tipos diferentes de vidrio.

Aun con los vidrios mejorados, algunos detractores creen que los edificios de vidrio son malos para la gente que las habita. Esto puede tomarse muy literalmente: a tan solo 400 metros del Gherkin de Shuttleworth, el edificio del número 20 de Fenchurch Street (mejor conocido como el Walkie Talkie) tuvo que someterse a una adaptación luego de que la luz del sol que se reflejaba en su superficie derritiera parcialmente un automóvil que estaba cerca de allí.

Pero dejando a un lado los accidentes locos, los peatones son los que más sienten el impacto de estos edificios en los espacios públicos, de acuerdo con el crítico de arquitectura Justin Davidson. En una conferencia TED que dio hace poco, criticó duramente a los rascacielos de vidrio por hacer que algunas partes de nuestras ciudades se vuelvan frías y hostiles.

"Los conjuntos de torres de vidrio… indican un desdén por los aspectos cívicos y comunitarios de la vida urbana", dijo en la conferencia que dio en la ciudad de Nueva York, el año pasado. "Su propósito es enriquecer a sus dueños y a sus inquilinos, pero no necesariamente la vida de… quienes transitamos por los espacios entre los edificios".

Podría decirse que las hojas de vidrio plano, que se reemplazan fácilmente y aparentemente no se deterioran, son menos expresivas que los materiales alternativos. Pero los edificios de vidrio, cuando se ejecutan correctamente, pueden tener juegos fascinantes de luces y de sombras, de acuerdo con el arquitecto Alan Ritchie.

"Si se pensó bien su ejecución, entonces no tengo ningún problema con el vidrio", dijo Ritchie, quien fundó el despacho PJAR Architects junto con Philip Johnson, el ganador del premio Pritzker y pionero en el uso del vidio en la posguerra. "En este momento estamos trabajando en un edificio en el Upper East Side [de Nueva York] que tiene planos inclinados hacia uno y otro lado. Tratamos de darles un perfil para que no solo sea una gran fachada plana. Creas más textura, un patrón, y creas líneas de sombra".

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A Ritchie le preocupa la forma en que suele usarse el vidrio. "Los edificios [modernos] terminan pareciéndose mucho… no hay articulación con los planos", dijo en entrevista telefónica. "Desde el punto de vista del diseño, tenemos que tratar de alejarnos de las simples cajas de vidrio. Tengo que asegurarme de que no parezca un cortador de galletas. Mi oficina está en el West Side [de Nueva York] y tengo vista a Hudson Yards", dijo, refiriéndose a un proyecto de redesarrollo urbano de 20,000 millones de dólares. "Desde hace algunos años han construido cinco o seis monstruos de estos y todos son iguales. Simplemente me parecen un poco dominantes".

Lee: El arquitecto que combate las líneas rectas en las ciudades de China

Una combinación más saludable

Pese a sus críticas, ni Ritchie ni Shuttleworth están en una cruzada contra el vidrio. Tampoco creen que este material salga de circulación en el futuro cercano. No obstante, ambos defienden un enfoque más mesurado que use el vidrio en combinación con otros materiales como el metal o el granito.

Estructuras que evitan las fachadas de vidrio,
como este edificio en la Universidad Tecnológica Nanyang de Singapur, pueden disfrutar de menores gastos de energía.
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"No digo que tienes que trabajar en la oscuridad", dijo Shuttleworth, quien agregó que si tuviera que diseñar el Gherkin hoy, optaría por "una piel externa mucho más reactiva" y más sombra. "Igual podrías seguir trabajando durante el día, la luz del día es muy importante para el bienestar. Lo que digo es que hay que ser sensatos respecto a en dónde poner [vidrio] y que sea relativo a los paisajes".

Diseñado por el arquitecto japonés Kengo Kuma,
el Centro de Información Turística de Cultura Asakusa en Tokio combina paneles de vidrio con otros materiales, como acero y madera. Crédito.

"Nuestro 5 Broadgate [su próximo edificio en Londres] contiene solo el 35% de vidrio; el 65% son paneles de aislamiento de hierro sólido, que de hecho reducen la cantidad de carbono que el edificio necesita consumir en comparación con una fachada hecha totalmente de vidrio. Tiene sentido poner vidrio si tienes una vista bonita y tiene sentido poner vidrio en la punta para que la luz del día entre. Lo que no tiene mucho sentido es poner vidrio en la parte baja, en donde no hay vista y la penetración de la luz solar es limitada. Es nada más cuestión de ser sensatos".

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