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Ollolai, un pueblo italiano, vende casas de un euro para atraer habitantes

En Ollolai —un destino en la región montañosa de Barbagia, en la isla mediterránea de Cerdeña— se están vendiendo cientos de casas abandonadas para atraer gente.
Un pueblo amenazado
Un pueblo amenazado Situado en la región de Barbagia, en Cerdeña, el pueblo italiano de Ollolai está en riesgo de volverse un pueblo fantasma por la falta de habitantes. (Foto: Cortesía de Michele Columbu)

Nota del editor: Silvia Marchetti es reportera independiente, radicada en Roma. Escribe sobre finanzas, economía, viajes y cultura para varios medios de comunicación, entre ellos MNI News, Newsweek y The Guardian.

(CNN) — ¿Alguna vez soñaste con tener una casa en un lindo pueblito italiano? Pues por fin llegó la noticia que esperabas. Ya puedes comprar una por poco más de 20 pesos.

En Ollolai —un destino en la región montañosa de Barbagia, en la isla mediterránea de Cerdeña— se están vendiendo cientos de casas abandonadas por solo un euro (más o menos 23 pesos).

No es el primer pueblo italiano que lo intenta, pero parece que es el primero que cumple lo que promete. También tiene la belleza y la historia necesarias para atraer a la gente.

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Sin embargo, esta abundancia inmobiliaria tiene una condición. Las 200 casas de piedra disponibles están en malas condiciones y los compradores tienen que comprometerse a remodelarlas en un lapso de tres años, lo que probablemente cueste alrededor de 475,000 pesos.

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La idea de este plan de liquidación es rejuvenecer a una comunidad que corre el riesgo de volverse un pueblo fantasma. En 50 años, la población de Ollolai ha pasado de 2,250 a 1,300 personas y solo nace un puñado de bebés al año.

"Tenemos un origen prehistórico", explicó Efisio Arbau, alcalde de Ollolai. "Mi misión es rescatar del olvido nuestras tradiciones únicas. El orgullo por nuestro pasado es nuestra fuerza. Siempre hemos sido gente dura y no dejaremos que nuestro pueblo muera".

Una ciudad que desaparece

Ollolai fue la capital de Barbagia y sigue siendo la zona más intocada y auténtica de Cerdeña.

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Sus callejones laberínticos y sus plazas, que alguna vez fueron muy bulliciosas, ahora están en silencio porque los habitantes más jóvenes se han ido a las grandes ciudades.

Muchas familias abandonaron sus casas de piedra y ahora están en ruinas, cubiertas de telarañas desde hace décadas.

Aún sobreviven algunas formas de vida tradicionales. Los pastores de la zona siguen preparando el exquisito queso de leche de oveja que da fama a la región, el Casu Fiore Sardo, mientras que los artesanos siguen tejiendo canastas finas.

Arbau compara los desafíos del pueblo con las batallas de antaño, de una época en la que los separatistas y los bandidos se refugiaban en las cuevas de los alrededores.

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"Alguna vez tuvimos un rey aguerrido, Dux Ospitone, quien unió en una liga a todas las tribus paganas", agregó. "Nuestros ancestros paganos nunca sucumbieron a los conquistadores romanos de la antigüedad, quienes nos llamaban 'bárbaros'. Estas colinas son las 'tierras altas' de Italia y nosotros somos hijos de los 'Corazones Valientes'".

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Un proceso de regeneración

Ahora, Ollolai, que toma su nombre del antiguo grito de batalla alalé, está peleando una vez más. Con la intención de infundir nueva vida al pueblo, Arbau se puso en contacto con los antiguos propietarios de las casas —pastores, agricultores y artesanos— para pedirles que cedieran la propiedad de su casa a las autoridades municipales. "Son edificios viejos y pintorescos, hechos con el clásico granito gris sardo que hay en las montañas y en las costas", explicó Arbau. "Tenemos que sacar de la tumba las casas de nuestras abuelas".

Un plan de regeneración
El alcalde Efisio Arbau ideó un plan para resolver el problema: decidió vender cientos de casas por poco más de 20 pesos.

Aprobó un decreto especial y puso en venta las propiedades en 2017, a precios de risa. Pese a las malas condiciones, ya se vendieron tres casas; Arbau dice que ha recibido más de 100 solicitudes de compra de todo el mundo, incluso de Rusia y Australia. El alcalde espera que la remodelación de las casas sirva para generar empleos y para revivir la economía local.

Congelado en el tiempo

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Vito Casula, un constructor retirado, fue el primero en obtener una casa de dos pisos por menos de lo que cuesta un capuchino. Transformó su nueva casa con materiales amigables con el medio ambiente, aunque conservó la decoración original reciclando muebles viejos.

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"Vivimos cerca e íbamos frecuentemente a Ollolai. Un día, mi esposa vio el anuncio en el periódico. Era una oportunidad", cuenta Casula. "Este pueblo tranquilo está congelado en el tiempo. Ofrece una vida pacífica y saludable". Casula recomienda el pueblo a quien "esté enfermo por el exceso de estrés y necesite un descanso. El aire fresco, la falta de smog y los paisajes geniales tienen un poder curativo. Ya no me duelen los huesos ni la espalda", agregó.

Casula dice que la atmósfera relajante de Ollolai, su cocina deliciosa y sus pobladores amigables son los principales atractivos. "Los habitantes son tan abiertos y amigables que te hacen sentir como en casa. Nunca me dejan pagar por nada en el bar y nos invitan constantemente a comer o a cenar", cuenta.

Una reacción positiva
Ya se vendieron tres casas y actualmente hay hasta 200 disponibles; su tamaño va de los 40 a los 150 metros cuadrados.
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Entre las especialidades caseras están el su pane vratau, hecho con capas de pan carasau crujiente y plano, empapado en agua; salsa de tomate; huevos escalfados, y queso Fiore rallado. También está el pistiddu, un pastel hecho de café, frutos secos, almendras, sémola, avellanas, pasas y jarabe de uvas sapa. El manjar local, el porceddu (lechón rostizado), se cocina a la leña, ensartado en enormes varillas que se colocan sobre el carbón ardiente.

En otoño se llevan a cabo las cortes apertas (patios abiertos); los establos y las antiguas tabernas de granito y hierba se abren al público y ofrece un vino excelente, además de jamones, quesos y algunos manjares.

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Entre otros de los eventos del pueblo está el carnaval, en el que los participantes se disfrazan con máscaras de cabras con cuernos, pieles y campanas o con velos bordados de color blanco que simbolizan la unión de la muerte con la vida.

Los recién llegados también podrán explorar los eventos tradicionales y los rituales arcaicos como la s'istrumpa, una lucha que consiste en derribar al oponente para ganarse el respeto del pueblo.

Sumido en la superstición, Ollolai es un lugar en el que las mujeres fabrican amuletos contra la mala suerte y los habitantes llevan oraciones escritas en sus autos para mantener al mal a raya.

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El 'corazón primitivo' de Cerdeña

El pueblo atrae a viajeros que buscan un rincón sereno y soleado.

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El pico Nodu de S'Aschisorgu (la roca del tesoro), con 1,200 metros de altitud, ofrece una vista panorámica espectacular de la isla, mientras que los lagos, los ríos, los parques protegidos y los bosques de robles y hayas de las cercanías están salpicados de asentamientos cónicos primitivos, llamados nuraghi.

Actividades próximas
Arbau también está promoviendo actividades como cursos de preparación de quesos, pasta y fabricación de canastas, además de clases del dialecto para que los recién llegados se mantengan ocupados.
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Aunque está un poco lejos de las playas lujosas de Cerdeña, Ollolai sigue estando cerca de mares resplandecientes e inmaculados. A una hora en auto están los asombrosos acantilados de Cala Gonone, en donde hay grutas marinas perfectas para hacer esnórquel y buceo.

Arbau también está promoviendo actividades como cursos de preparación de quesos, pasta y fabricación de canastas, además de clases del dialecto para que los recién llegados se mantengan ocupados.

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"Nuestro idioma es difícil de entender, incluso para los sardos, pero sabemos que a los extranjeros les encanta convivir. Este también es un experimento social", explicó.

Solo el tiempo dirá si la apuesta del alcalde rindió frutos, pero los lugareños están emocionados e interesados en el crecimiento de la ciudad. De hecho, en mayo se estrenará un programa de telerrealidad sobre un grupo de holandeses que se mudan a Ollolai y restauran algunas de las casas.

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