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Por qué la gente amable se vuelve mala en línea

Aunque en general nuestras interacciones con desconocidos en la vida real son corteses y respetuosas, en línea podemos ser muy crueles.
Troles
Troles Si abres Twitter o Facebook, te encontrarás con un panorama totalmente diferente. (Foto: dan177/Getty Images/iStockphoto)

En la mañana del 17 de febrero, la profesora Mary Beard publicó en Twitter una foto en la que se la veía llorando. La eminente especialista en culturas clásicas de la Universidad de Cambridge, que tiene más de 200,000 seguidores, estaba consternada tras una tormenta de ataques en línea. Fue la reacción a un comentario que hizo sobre Haití.

"Claro que no puedo condonar el (presunto) comportamiento del equipo de Oxfam en Haití o en otras partes. Sin embargo, me pregunto qué tan difícil es sostener los valores 'civilizados' en una zona de desastre. Sobre todo, respeto a quienes van a ayudar a lugares a donde la mayoría no nos atrevemos a ir".

Más tarde, agregó: "Hablo desde el corazón (y por supuesto que podría estar equivocada). Pero las porquerías que recibo como respuesta simplemente no están bien. De verdad no están bien".

Luego, quienes apoyaron a Beard en Twitter —sin importar si estaban de acuerdo con el tuit que desencadenó las respuestas agresivas— fueron blanco de los ataques. Cuando una de las personas que criticó a Beard, la académica de Cambridge Priyamvada Gopal (una mujer de ascendencia asiática) publicó su respuesta al tuit de Beard en un artículo de una revista electrónica, recibió su propio torrente de ataques.

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Estas descargas de ataques, que incluyen amenazas de muerte y de agresiones sexuales, están provocando que la gente calle; los obligan a abandonar las plataformas en línea y a reducir aún más la diversidad de voces y opiniones en internet. Además, no dan señas de cesar.

En una encuesta que se llevó a cabo el año pasado se descubrió que el 40% de los adultos estadounidenses habían sido víctimas de ataques en línea. Casi la mitad fueron blanco de formas graves de acoso, tal como amenazas físicas y acechos. El 70% de las mujeres dijo que el acoso en línea es "un problema grave".

Nuestra capacidad humana de comunicar ideas a través de redes de personas nos permitió construir el mundo moderno. Internet promete cooperación y comunicación sin igual para toda la humanidad. Pero en vez de adoptar la extensión masiva de nuestros círculos sociales en línea, parece que estamos regresando a lo tribal y al conflicto. Aunque en general, nuestras interacciones con desconocidos en la vida real son corteses y respetuosas, en línea podemos ser muy crueles.

¿Cómo podemos volver a aprender las técnicas colaborativas que nos permitieron encontrar algo en común y prosperar como especie?

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Ser amables con los demás

"¡No lo pienses demasiado, solo oprime el botón!".

Estoy jugando un juego de bienes compartidos en el Laboratorio de Cooperación Humana de la Universidad de Yale. Los investigadores lo usan para entender cómo y por qué cooperamos y si podemos mejorar nuestra conducta prosocial.

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Estoy en un equipo de cuatro personas en lugares diferentes. Cada uno tiene la misma cantidad de dinero para jugar. Nos piden que decidamos cuánto dinero aportaremos a la bolsa grupal, en el entendido de que esta bolsa se duplicará y se dividirá equitativamente entre los cuatro.

Aunque todos estarían mejor colectivamente si contribuyeran a un proyecto grupal que nadie puede controlar por su cuenta —en la vida real podría ser pagar para construir un hospital o para excavar un canal de irrigación comunitario—, hay un costo a nivel individual. Económicamente, haces más dinero si eres egoísta.

"Si lo piensas desde la perspectiva individual —explica el director del laboratorio, David Rand— cada dólar que aportas se duplica y luego se divide entre cuatro, lo que significa que cada persona recibe solamente 50 centavos del dólar que aportó".

El equipo de Rand ha jugado este juego con miles de personas. A la mitad le piden, como a mí, decidir rápidamente cuánto aportarán (en 10 segundos), mientras que a la otra mitad le piden que se tomen su tiempo y que mediten su decisión. Resulta que cuando la gente sigue su instinto, es mucho más generosa que cuando lo meditan.

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"Hay muchas pruebas de que la cooperación es un rasgo esencial de la evolución humana", dijo Rand. Los individuos se benefician de la cooperación con el grupo y así es más probable que sobrevivan. Además, el que te permitan quedarte en el grupo y beneficiarte de él depende de que tengas fama de que colaboras.

Es más eficiente y requiere menos esfuerzo seguir la regla básica de ser amable con los demás que pensar cada vez si nos conviene ser amables. Es por eso que la reacción espontánea del experimento es la generosidad.

En otro experimento, Rand les dio dinero a unas personas que habían jugado una ronda del juego. Luego les preguntó cuánto querían darle a un desconocido anónimo. Resultó que la gente que se acostumbró a cooperar en la primera etapa daba el doble de dinero en la segunda etapa que la gente que se había acostumbrado a ser egoísta. Entonces ¿hay algo en la cultura de las redes sociales que provoca que algunas personas sean crueles?

'Hacer de la indignación un hábito'

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Me dirigí al Laboratorio de Psicología de Molly Crockett, en donde los investigadores estudian la toma de decisiones morales en la sociedad. Una de las áreas en las que se centran es la transformación de las emociones sociales en línea, particularmente la indignación moral.

Al analizar imágenes del cerebro se determina que cuando la gente actúa basada en su indignación moral, se activa el centro de recompensa de su cerebro, es decir, se sienten bien. Así es más probable que vuelvan a intervenir de forma parecida. Si ven a alguien que hace algo que viola una norma social (que deja que su perro ensucie un parque, por ejemplo) y enfrentan públicamente al perpetrador, se sienten bien. Aunque desafiar a quien viola las normas sociales de tu comunidad tiene sus riesgos (te pueden atacar), también mejora tu reputación.

En nuestras vidas relativamente pacíficas, rara vez nos enfrentamos con una conducta indignante, así que rara vez expresamos indignación moral. Pero si abres Twitter o Facebook, te encontrarás con un panorama totalmente diferente.

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En investigaciones recientes se descubrió que es más probable que los mensajes que contienen palabras morales y emotivas se difundan en las redes sociales: cada palabra moral o emotiva de un tuit incrementa en un 20% las probabilidades de que se retuitee.

"Es más probable que se compartan los contenidos que desencadenan la indignación o que la expresan", explicó Crockett. Lo que hemos creado en línea es "un ecosistema que selecciona el contenido más indignante, combinado con una plataforma en la que expresar indignación es más fácil que nunca".

A diferencia del mundo real, no hay un riesgo al enfrentar o exponer a alguien, así que en línea se expresa más indignación. Y se alimenta a sí misma. "Cuando pasa del mundo real —en donde puedes mejorar tu reputación ante cualquier persona que esté junto a ti en ese momento— al mundo en línea, en donde lo comunicas a toda tu red social, las recompensas personales de manifestar la indignación se amplifican radicalmente". Esto se intensifica por los comentarios que recibe la gente en las redes sociales en forma de "me gusta" y retuits.

"Nuestra hipótesis es que el diseño de estas plataformas podría hacer de la manifestación de la indignación un hábito", explicó Crockett. "Creo que como sociedad, vale la pena entablar un diálogo sobre si queremos que nuestra moralidad esté bajo el control de algoritmos cuyo propósito es generar dinero para los gigantes de la tecnología", agregó. "Creo que a todos nos gustaría sentir y creer que nuestras emociones, pensamientos y conductas morales son intencionales y no reacciones automáticas a lo que nos ponen en frente porque quien diseñó nuestro teléfono cree que así obtendrá la mayor ganancia".

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Una de las cosas positivas es que como cuesta menos expresar la indignación en línea, algunos grupos marginados han podido promover causas que tradicionalmente son difíciles de promover.

OPINIÓN: El problema de Twitter no es a quién verifica, es el odio

La indignación moral en las redes sociales fue un factor importante para llamar la atención sobre el abuso sexual que sufrieron algunas mujeres a manos de hombres importantes. En febrero, los adolescentes de Florida se unieron en las redes sociales para condenar un tiroteo más en una escuela y ayudaron a cambiar la opinión pública, así como a obligar a varias grandes empresas a dejar de dar descuento a los miembros de la Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos.

"Creo que debe haber formas de mantener los beneficios del mundo en línea al tiempo que meditamos más en el rediseño de estas interacciones para eliminar algunas de las partes más gravosas", dijo Crockett.

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Influir en la conducta

Una de las personas que ha pensado mucho en el diseño de nuestras interacciones en las redes sociales es Nicholas Christakis, director del Laboratorio de la Naturaleza Humana de la Universidad de Yale, Estados Unidos. Su equipo estudia la influencia de nuestra posición en las redes sociales en nuestra conducta e incluso cómo ciertos individuos influyentes pueden alterar drásticamente la cultura de toda una red.

El equipo está explorando formas de identificar a estos individuos para reclutarlos en programas de salud pública que beneficien a la comunidad. En Honduras, están usando este enfoque para influir en los patrones de vacunación y en los cuidados posparto, por ejemplo. En línea, estas personas pueden transformar una cultura de acoso en una cultura de apoyo.

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Christakis explora las propiedades de las redes sociales a través de la creación de sociedades artificiales temporales. "Incluimos personas y vemos cómo juegan un juego de bienes compartidos, por ejemplo, para evaluar qué tan amables son". Luego, manipula la red. "Al diseñar sus interacciones de cierta forma, puedo hacer que sean muy dulces con los demás. También puedes tomar a las mismas personas y conectarlas de forma diferente para que sean idiotas crueles con los demás y para que no cooperen".

En un intento por generar comunidades en línea más cooperativas, el equipo de Christakis empezó a agregar bots a sus sociedades temporales. Me sienta frente a una laptop y me incluye en un juego nuevo. Unos jugadores anónimos tienen que colaborar como equipo para resolver un dilema: cada uno tiene que elegir uno de tres colores, pero los colores de los jugadores conectados directamente tienen que ser diferentes. Si resolvemos el dilema antes de cierto tiempo, todos recibiremos una parte del premio; si fallamos, nadie recibe nada. Estoy jugando con al menos 30 personas más. Nadie puede ver la red completa, sino solo a las personas con las que estamos conectados directamente. Sin embargo, tenemos que cooperar para ganar.

Estoy conectada a dos vecinos, cuyos colores son verde y azul, así que elijo el rojo. Entonces, mi vecino de la izquierda cambia a rojo, así que yo cambio rápidamente a azul. El juego continúa y yo me siento cada vez más tensa. Maldigo mi lentitud para reaccionar. Tengo que cambiar de color con frecuencia, respondiendo a los cambios que no puedo ver en el resto de la red y que provocan una cascada de cambios a lo largo de las conexiones. El tiempo se acaba antes de que podamos resolver el acertijo, lo que suscita respuestas airadas de los jugadores remotos que condenan la estupidez de los demás.

Christakis retrocede la grabación del juego y revela la red completa. Ahora puedo ver que yo estaba en una de las ramas más bajas que salen del centro principal. Algunos de los jugadores estaban conectados únicamente a una persona, pero la mayoría estaba conectada con tres o más. Luego, Christakis revela que tres de estos jugadores eran en realidad bots infiltrados. "Los llamamos IA [inteligencia artificial] tonta", explica.

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"Algunos de estos bots toman decisiones ilógicas. Aunque todos sus vecinos tuvieran verde y tuvieran que haber elegido naranja, eligieron verde también". Al hacerlo, uno de los vecinos tuvo que elegir el verde, "lo que provoca que el vecino de al lado escoja otro color y entonces el problema se resuelve". Sin el bot, los jugadores humanos probablemente se habrían quedado con el verde sin darse cuenta de que ese era el problema.

Al añadir un poco de ruido al sistema, los bots ayudaron a que la red fuera más eficiente. Es posible que una versión de este modelo incluya infiltrar aportaciones ocasionales con una perspectiva diferente en los hilos de noticias de los partidarios apasionados de ciertas causas, lo que serviría para que la gente salga de su zona de comodidad en las redes sociales y para que la sociedad coopere más.

OPINIÓN: Miles de empresas te espían, no solo Facebook

Los detonadores del troleo

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"Tal vez creas que los sociópatas —a los que llamamos troles— en línea son una minoría que causa todo este daño", explicó Cristian Danescu-Niculescu-Mizil, del Departamento de Ciencias de la Información de la Universidad de Cornell, Estados Unidos. "Lo que descubrimos con nuestro trabajo es que la gente común, como tú y como yo, puede mostrar estas conductas antisociales. Puedes volverte trol durante un periodo específico de tiempo. Eso es sorprendente".

Danescu-Niculescu-Mizil identificó dos de los detonadores principales del troleo: el contexto del intercambio (cómo se están comportando los demás) y tu estado de ánimo. "Si estás teniendo un mal día o si es lunes, por ejemplo, es mucho más probable que te comportes como un trol en la misma situación", explicó. "Eres más amable un sábado por la mañana".

Creó un algoritmo que predice con una exactitud del 80% si alguien se va a comportar de forma abusiva en línea. Esto brinda una oportunidad para introducir un retraso en la publicación de su respuesta, por ejemplo. Si la gente tiene que pensar dos veces antes de escribir algo, mejora el contexto del intercambio para todos. Es menos probable que veas a la gente portándose mal, así que es menos probable que tú te portes mal.

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La buena noticia es que a pesar de la conducta cruel que hemos visto en línea, la mayoría de las interacciones son amables y cooperativas. La indignación moral justificada es útil ante tuits desafiantes, llenos de odio.

Lee: Las razones por las que Facebook mantiene grupos de odio

En un estudio sobre el antisemitismo en Twitter, que se llevó a cabo en Reino Unido , se determinó que las publicaciones en las que se denunciaban tuits antisemitas se compartían mucho más que los tuits antisemitas en sí. La mayoría de las publicaciones de odio se ignoraban o solo se compartían dentro de una cámara de resonancia pequeña, compuesta por cuentas similares. Parece que estamos empezando a hacer el trabajo de los bots.

Como señala Danescu-Niculescu-Mizil, hemos tenido miles de años para afinar nuestras interacciones persona a persona, pero solo 20 años de redes sociales. Conforme se desarrolla nuestra conducta en línea, podríamos introducir equivalentes digitales de los gestos faciales, señales sutiles para que las discusiones en línea sean más amables.

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Si las redes sociales como las conocemos han de sobrevivir, las empresas que dirigen estas plataformas tienen que seguir modificando sus algoritmos, tal vez con base en las ciencias conductuales, para fomentar la cooperación y no la división, las experiencias positivas en vez de la agresión.

Como usuarios, también podemos aprender a adaptarnos a este nuevo entorno de comunicación para que la interacción civilizada y productiva siga siendo la norma, como lo es en la vida real.

"Me siento optimista", afirma Danescu-Niculescu-Mizil. "Es un juego diferente y tenemos que evolucionar".

Esta es una versión editada de un artículo que Wellcome publicó en la revista Mosaic . Se vuelve a publicar aquí con una licencia de Creative Commons. Wellcome tiene participación accionaria en Facebook, Alphabet y otras empresas de redes sociales como parte de su portafolio de inversiones.

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