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Nuestras Historias

¿Una vida más longeva es una vida más feliz?

A medida que las personas envejecen, es mucho más probable que desarrollen afecciones degenerativas que pudieran llevar a una calidad de vida inferior.

Nota del editor: Mackenzie Graham es investigadora de filosofía en la Universidad de Oxford.

(CNN/The Conversation) – Una de las preguntas más importantes en la investigación del envejecimiento es si existe un límite relativo a cuánto tiempo pueden vivir los seres humanos. Un estudio reciente, publicado en Science, sugiere que no lo hay.

El estudio midió las probabilidades de supervivencia de 3,896 personas en Italia de 105 años o más. Descubrió que, si bien es más probable que muramos a los 75 que a los 55, una vez que alcanzamos los 105, las probabilidades de muerte siguen siendo aproximadamente las mismas cada año de vida.

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Este efecto a menudo se conoce como "meseta de mortalidad". Si fuera imposible vivir más allá de cierta edad, cabría esperar que las tasas de mortalidad continúen aumentando a medida que la gente envejece, en lugar de estabilizarse en una meseta.

El hecho de que las probabilidades de morir no parezcan aumentar superados los 105 años sugiere que todavía no nos hemos acercado a nuestra longevidad máxima como especie. ¿Pero debemos desear vivir por más de un siglo? Aquí, la filosofía nos ofrece algunas ideas.

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Algunos investigadores sostienen que existe una "fecha de caducidad" natural para los seres humanos, alrededor de los 125 años. Chiyo Miyako es actualmente la persona más longeva conocida en el mundo, con 117 años. Jeanne Calment, que murió en 1997, tuvo la vida más larga registrada, con 122 años.

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En el Reino Unido, el número de personas centenarias se ha duplicado con creces desde 2002, y podría llegar a 36,000 en 2030. Si hay una meseta de mortalidad, para el año 2300 la persona viva más longeva podría tener alrededor de 150 años.

Placer versus dolor

¿Una longevidad de 150 años mejoraría nuestras vidas o solo las haría más largas? Un abordaje para meditar sobre esto es en términos de placer y dolor: cuanto más placer (y menos dolor) tengamos en el curso de nuestras vidas, mejores serán nuestras vidas. En igualdad de circunstancias, una vida que dura 100 años es mejor que una que dura 80 años, siempre que los 20 años adicionales contengan más placer que dolor.

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¿Qué tan probable es que así suceda? A medida que las personas envejecen, es mucho más probable que desarrollen afecciones degenerativas que pudieran llevar a una calidad de vida inferior. Pero estas afecciones se pueden mitigar mediante un estilo de vida saludable y servicios de apoyo adecuados.

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Si bien la vida de las personas mayores puede verse restringida de alguna manera, no hay ninguna razón para que no pueda ser, en general, placentera.

Por otro lado, una vida longeva puede influir en la calidad de vida de otros. En 2017 había alrededor de 3.5 personas en edad de trabajar (16 a 64) por cada persona mayor de 65 años, pero se espera que para 2040 esta proporción descienda a 2.1 por uno.

Esto significa que habrá relativamente más personas pensionadas, y menos personas en la población activa que paguen impuestos para sostenerlos.

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Esto podría ocasionar que la población trabajadora deba pagar impuestos adicionales y permanecer en la fuerza laboral durante más tiempo, o vea reducidos otros servicios para cubrir los costos de las pensiones.

Un epílogo no deseado

También podríamos pensar que nuestras vidas mejoran cuando obtenemos las cosas que deseamos. Tener una vida más larga puede darnos más tiempo para lograr nuestras metas y proyectos. Pero también podríamos pensar que una vida deseable es aquella con cierta estructura narrativa.

El filósofo Ronald Dworkin distinguió entre intereses "experienciales" y "críticos" para comprender cómo las personas pueden ver los objetivos de su vida. Los intereses experienciales son para cosas como el placer, cualquier cosa que disfrutemos, las experiencias agradables.

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Los intereses críticos son aquellos que valoramos se conviertan en realidad, esenciales para lo que creemos que constituye una buena vida. Esto podría ser el interés de un padre en la felicidad de su hijo, por ejemplo.

Podemos imaginar a una persona que tiene un interés crítico en evitar la indignidad percibida de la demencia, que puede acompañar a la vejez extrema. Incluso si la persona no parece preocupada por su deterioro cognitivo en el momento, puede que no haya sido así como quería que fuera su vida.

Podríamos pensar que sería mejor para esta persona, teniendo en cuenta la totalidad de su vida, si hubieran muerto antes de este periodo de declive.

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En otras palabras, podría haber muchas circunstancias en las que podríamos vivir por mucho tiempo. Pero a veces puede ser mejor para nosotros haber muerto antes si ello fuera más coherente con la "historia de vida" que queríamos para nosotros mismos, por ejemplo, ser activos e independientes a lo largo de nuestras vidas.

¿Deseos menguantes?

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Una preocupación similar ha sido planteada por el filósofo Bernard Williams. Williams argumentó que las cosas que dan sentido a nuestras vidas son los "deseos categóricos", esenciales para nuestra identidad. Incluyen cosas como escribir una novela, criar hijos o llevar a cabo un proyecto de caridad.

Luego están los "deseos sin propósito", como la necesidad de comida o sexo, que en su opinión no pueden hacernos felices a largo plazo.

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Williams creía que, si vivíamos por mucho tiempo, cumpliríamos todos nuestros deseos categóricos, perdiendo así un motivante importante de nuestra felicidad para enfrentar una vida restante de aburrimiento opresivo, o reemplazaríamos nuestros deseos fundamentales y cambiaríamos radicalmente quiénes somos.

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Sin embargo, a mi modo de ver, la vida puede seguir siendo rica y compleja incluso para las personas muy mayores, y asumir nuevos proyectos no debe socavar quiénes somos. Esto es especialmente cierto si nuestros amigos y seres queridos también viven más tiempo.

Aun cuando nuestros deseos e intereses pueden cambiar, la conexión con los demás puede ayudar a promover la continuidad entre las diversas etapas de nuestras vidas.

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Lo que cada uno de estos puntos de vista muestra es que vivir más tiempo no es en sí mismo vivir mejor. A medida que nuestra población envejece, tendremos que tomar decisiones importantes y potencialmente difíciles sobre cómo queremos cuidar a los adultos mayores.

Fundamentalmente, las estrategias para promover un envejecimiento saludable no solo pueden aliviar las cargas en la sociedad, sino que ayudan a asegurar que nuestras vidas más largas sean vidas mejores, incluso en un sentido filosófico.

Copyright 2018 The Conversation. Algunos derechos reservados.

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