Porfirio Díaz comenzó a trasladarse en un automóvil Panhard de origen francés en una época en la que los vehículos de motor apenas comenzaban a aparecer en México. Su presencia todavía era una novedad capaz de llamar la atención, pero aquel automóvil tenía características que permiten entender mucho más que el gusto del presidente por una nueva tecnología.
El lujoso auto de Porfirio Díaz revelaba algo que muy pocos podían siquiera imaginar en su época
El Panhard de Porfirio Díaz era una señal de estatus
Su primer recorrido registrado fue hacia Tlalpan, donde acudió a una fiesta organizada por Guillermo de Landa y Escandón, gobernador del Distrito Federal.
La escena reflejaba el carácter excepcional que todavía tenía el automóvil. La prensa de la época llegó a describir la posesión de estos vehículos como un “deporte para ricos”, una expresión que permite dimensionar la posición social que ocupaban sus propietarios.
El modelo elegido por Díaz tampoco pertenecía a un fabricante menor. Panhard et Levassor había empezado a producir automóviles estandarizados desde 1891 y, para 1900, era considerada la principal fabricante y exportadora de automóviles del mundo.
Un automóvil importado tenía una barrera de entrada elevada
Adquirir uno de estos vehículos en México implicaba asumir gastos adicionales respecto de los precios existentes en Estados Unidos y Europa. El traslado hasta el país, los impuestos de importación y las comisiones incrementaban el precio final.
Además, los automóviles debían pagarse de contado. Aun con estas condiciones, los compradores mexicanos adquirían modelos europeos de gama media y de lujo.
Los automóviles llegaron antes que los caminos necesarios para usarlos
El primer automóvil importado del que existe registro en México llegó en 1895, cuando Fernando de Teresa adquirió el vehículo. Tres años después ya se habían incorporado modelos de fabricantes franceses, alemanes, italianos y estadounidenses.
Para 1901 abrió el primer establecimiento dedicado a la venta de automóviles y, en 1903, la prensa anunció la comercialización de Oldsmobile en Ciudad de México. También surgieron representantes y establecimientos con salas de exhibición y talleres.
La infraestructura, sin embargo, no avanzaba al mismo ritmo. México carecía de una red de caminos que conectara adecuadamente la capital con otras ciudades, aunque los propietarios ya realizaban excursiones hacia Coyoacán, Tlalpan, San Ángel, Xochimilco y Chalco, además de recorridos posteriores a Teotihuacán, Cuernavaca y Puebla.
La llegada del automóvil empezó a transformar los caminos y la movilidad
El nuevo medio de transporte también generó actividades que aceleraron su incorporación a la vida pública. En 1903 se realizó la primera carrera de automóviles en el Hipódromo de Peralvillo y los grupos de propietarios comenzaron a organizarse para impulsar mejores condiciones de circulación.
La Asociación para Compostura y Conservación de Buenos Caminos y el Automóvil Club México promovieron acciones para acondicionar y aceitar las antiguas rutas. En 1905, las autoridades crearon la Junta Directiva de Caminos, mientras que en 1907 la revista El Automóvil en México reflejaba el creciente interés alrededor de esta tecnología.
Según la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, el primer recorrido de Díaz en su Panhard “quizá fue un punto de inflexión” en la historia del automóvil mexicano, pues contribuyó a que esta forma de recreación comenzara a extenderse más allá del reducido grupo que inicialmente podía practicarla.
El automóvil de Díaz terminó siendo una muestra de una contradicción de aquella época: México ya incorporaba una tecnología que representaba modernidad, aunque todavía no contaba con la infraestructura necesaria para aprovecharla plenamente.