Además de sus características técnicas, el Tizoc también quedó vinculado con un episodio internacional. Durante 1967, el vehículo fue ofrecido a la delegación japonesa que acudió a los terceros Juegos Internacionales celebrados en la Ciudad de México, un gesto que conectaba su origen japonés con su nueva identidad de manufactura nacional.
CIVAC convirtió al Bluebird en el primer capítulo industrial de Nissan
La producción del Tizoc fue posible gracias a la construcción de la planta de la Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca, mejor conocida por sus siglas CIVAC. La primera piedra del complejo se colocó en 1965, y su inauguración ocurrió el 12 de mayo del año siguiente.
Ubicada en Jiutepec, Morelos, la instalación ocupaba una superficie superior a 400,000 metros cuadrados. Comenzó operaciones con 740 trabajadores y una capacidad inicial de 70 unidades por día.
Su apertura tuvo una relevancia que rebasó al propio Bluebird. CIVAC se convirtió en el primer complejo de manufactura de Nissan fuera de Japón, con lo que México pasó de ser únicamente un mercado de comercialización y ensamble parcial a ocupar un lugar dentro de la estrategia internacional de producción de la compañía.
Con el paso de los años, las instalaciones de Morelos ampliaron su plantilla hasta superar los 5,000 trabajadores en sus periodos de mayor actividad. La producción también dejó de limitarse al primer compacto y dio paso a una lista de vehículos que terminaron por consolidar a Nissan entre las marcas más reconocidas del país.
Por sus líneas pasaron modelos como Tsuru, Ichivan, Sakura, Sentra, Tsubame, Versa y Tiida, además de pickups y vehículos de trabajo como Datsun 720, NP300 y Frontier. Cada uno representó una etapa distinta de la evolución de la compañía, pero todos compartieron la planta donde había comenzado la historia con aquel automóvil que todavía decía Datsun.
La proyección internacional de CIVAC tomó forma en 1972, cuando comenzaron las exportaciones hacia países de Latinoamérica y el Caribe, entre ellos Bolivia, Ecuador y Chile. Un año después, en 1973, el complejo celebró sus primeras 100,000 unidades producidas; para 1982, la cifra ya había llegado a 500,000 vehículos. A lo largo de ese crecimiento, CIVAC también ayudó a transformar la industria automotriz mexicana, al consolidar la presencia de un fabricante japonés en un mercado dominado hasta entonces por armadoras estadounidenses y convertir a México en una plataforma estratégica para la expansión internacional.