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Inteligencia artificial prevé sismo fuerte en México entre 2024 y 2028

Con estudios aeroespaciales de doctorado en Ucrania, Víctor Velasco ya ha probado su pericia al acertar en el intervalo de tiempo en que sucedería el sismo del 19 de septiembre de 2017.
lun 19 septiembre 2022 06:01 AM
Los expertos recomiendan, en caso de sismo, tener bien ubicados en un mapa los refugios más cercanos.  (Foto: Cortesía SXC)
Se recomienda, en caso de sismo, tener bien ubicados en un mapa los refugios más cercanos.

La predicción ha sido puesta sobre la mesa. Entre 2024 y 2028 ocurrirá por lo menos un sismo fuerte en el sur y centro del país, Ciudad de México incluida.

Su magnitud será igual o mayor de 7, según el estudio realizado por Víctor Velasco Herrera, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A semejanza del oráculo de Delfos que, según lo relata Platón en sus Diálogos, conocía anticipadamente el destino de los seres humanos, Velasco hace pronósticos sobre la liberación de energía de las placas tectónicas, causa subyacente de los terremotos.

Sin embargo, la tarea de este científico nada tiene que ver con los dones adivinatorios descritos en la antigüedad, sino con el cálculo frío basado en millones de datos interpretados por inteligencia artificial respaldada en modelos matemáticos.

La matemática le ha ofrecido herramientas abstractas con las que ha dilucidado patrones de comportamiento en la naturaleza. Durante más de 20 años se ha dedicado al análisis de explosiones solares, huracanes y últimamente sismos, fenómenos conocidos como “abruptos” y “heterogéneos”, según el argot de la geofísica.

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México debe tomar precauciones

“Los sismos fuertes van a empezar en 2024 y se podrían prolongar hasta 2028. El pronóstico arroja también que muy probablemente en éste y el próximo año no se presentarán sismos fuertes, esto es, con una magnitud igual o mayor de 7”, afirma Velasco.

Y si alguien vive en un edificio o una casa afectados por los sismos fuertes de 2017 o 2021, es recomendable que emplee el actual lapso de gracia para hacer las reparaciones pertinentes.

“Así se podrá evitar que otro movimiento ocasione desafortunadamente pérdidas humanas o económicas. Hay que realizar acciones en este periodo de actividad sísmica nula, porque después sigue la temporada alta”, aconseja Velasco.

Con grado de doctor por la Universidad Nacional Aeroespacial de Ucrania, este especialista cuenta con el mérito de haber acertado en su pronóstico respecto a terremotos recientes en México.

Antes de 2017, aseguró que ocurrirían sismos fuertes entre 2017 y 2021. Y así sucedió: 7 y 19 de septiembre de 2017 y 7 de septiembre de 2021 fueron las fechas en que se cumplió la predicción.

En términos generales, el trabajo de Velasco consiste en recabar información de sismos de hace más de 100 años hasta la época actual, la cual interpreta con ayuda de modelos matemáticos echados a andar con inteligencia artificial.

“Se trata de reconstruir la actividad sísmica histórica en el país, para luego poder hacer un estimado hacia el futuro”, precisa.

Otros modelos matemáticos fallan ya sea en exactitud o en precisión. En cambio, Velasco ha logrado maximizar ambas características como nadie más a nivel mundial. Esto quiere decir que mientras otros científicos dan un conjunto de fechas en que una de ellas acierta en el día del sismo, las restantes no lo hacen. O viceversa, las fechas se acercan mucho al día del sismo, pero ninguna da en el blanco.

“Empleo algoritmos óptimos con una alta exactitud y una alta precisión. Entonces el proceso se vuelve muy eficaz”, expresa este científico.

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La imposibilidad de atinarle siempre al blanco

Para comprender el estira y afloje entre la exactitud y la precisión, Velasco comenta que lo mismo ocurre en un juego de tiro al blanco, donde la flecha clavada en el centro representa la máxima exactitud, mientras que las otras flechas, un poco más dispersas, son imagen de la precisión.

El ideal de la ciencia es que todas las flechas den en el blanco, entonces la exactitud y la precisión serían una sola cosa. De acuerdo con Velasco, esto es imposible a consecuencia del principio de incertidumbre de Heisenberg, el cual postula la indeterminación en la raíz de toda medición experimental, ya sea a nivel cuántico o macroscópico.

En el transcurso de la historia, ha habido otros intentos para predecir sismos. Casos exitosos fueron basados en el monitoreo de actividad sísmica, movimientos de la corteza y cambios en el agua subterránea, además de concentración de radón en la atmósfera y monitoreo de señales sismolectromagnéticas.

“Estos cambios constituyen los denominados precursores sísmicos”, expone Óscar Campos Enríquez, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM.

En los alrededores de Parkfield, en California, Estados Unidos, se han registrado terremotos de magnitud 6 con una ciclicidad aproximada de 20 años; con ayuda de esta información se pronosticó un terremoto para 1993.

“Entonces el Servicio Geológico Americano montó un gran experimento de observación, el Parkfield Experiment, que incluyó muchos instrumentos para observar los cambios previos al evento, pero el sismo no se materializó sino hasta 2004”, cuenta Campos.

Este tipo de sucesos ha desalentado la investigación en predicción de terremotos basada en esquemas empíricos.

Otro enfoque se encuentra fundamentado en patrones estadísticos de sismicidad, bajo la premisa de que los terremotos futuros ocurren en regiones donde en el pasado han tenido lugar. Algo parecido a lo realizado por Víctor Velasco.

“En este contexto se ha elaborado, por ejemplo, la carta de riesgo sísmico de Japón, la cual indica zonas de alta y baja probabilidad de ocurrencia de terremotos de magnitud 6 o mayores. Los sismos de Tokachi-Oki (septiembre 2003) y Miyagi-Oki (agosto de 2005) ocurrieron en áreas con probabilidades del 60% y 98%, respectivamente, según dicha carta, y pueden considerarse como predichos”, detalla Campos.

Con este mismo método, aclara Campos, no pudieron predecirse otros sismos ocurridos en áreas con baja probabilidad, con el argumento de que presentaban características geológicas desconocidas hasta ese momento.

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La estafeta de Prometeo

Esa dificultad para predecir tiene que ver también con la gran complejidad de, inclusive, un fenómeno relativamente sencillo, como el lanzamiento del pitcher en un partido de beisbol.

“En este caso hay que considerar un montón de cosas: la velocidad inicial con que se arroja la pelota, la gravedad específica del lugar donde se hace el lanzamiento, la humedad del aire, entre muchos otros factores”, opina Camilo Camhaji García, matemático de la UNAM.

Entonces el modelaje se convierte en un entramado de ecuaciones insuficiente para describir completamente el tiro de la pelota de beisbol. Conforme con Camhaji, aun en situaciones aparentemente sencillas, hay un trasfondo de complejidad por la cantidad prácticamente infinita de variables que intervienen.

“Aquí surge un viejo problema: el ser humano puede pensar en el infinito, pero no logra verlo, así como puede contemplar la inmensidad del mar, pero no es capaz de ver todas las gotas que lo componen”.

En ese infinito interno encerrado en cualquier fenómeno natural estaría oculto el conocimiento del futuro, el quid de la ciencia natural, antiguamente reservado a los dioses y sus elegidos. Por lo cual, no sólo terremotos, sino también epidemias, sequías y erupciones volcánicas son algunos de tantos acontecimientos que nunca han podido pronosticarse al 100%.

Predecir es el desafío esencial asumido por Víctor Velasco, Óscar Campos y Camilo Camhaji, quienes al igual que todos los científicos del mundo, han recibido la estafeta de las manos de Prometeo, aquel titán mitológico que quiso robar el fuego a los dioses para beneficio de la humanidad.

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