OPINIÓN: ¿Los Juegos Olímpicos de Río serán realmente una catástrofe?

Los reportes sobre una superbacteria se suman a las preocupaciones más apremiantes sobre el virus del Zika, que han causado que muchos atletas se retiren de la convocatoria olímpica.
Los Juegos Olímpicos de Río 2016 no acabarán con los problemas que Brasil ha tenido.
Por la hazaña  Los Juegos Olímpicos de Río 2016 no acabarán con los problemas que Brasil ha tenido.  (Foto: Reuters/Archivo)

Nota del editor: Amy Bass es profesora de Historia en el College of New Rochelle, Estados Unidos y autora del libro Not the Triumph but the Struggle: The 1968 Olympics and the Making of the Black Athlete. Como supervisora de la Sala de Investigaciones Olímpicas de la televisora estadounidense NBC, ha estado presente en ocho Juegos Olímpicos y ganó un Emmy en 2012. Síguela en Twitter en @bassab1. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Esta opinión se publicó originalmente el pasado 8 de julio.

(CNN) — A un mes de que comiencen los Juegos Olímpicos, han surgido reportes de que en las aguas circundantes a Río de Janeiro crece una nueva bacteria resistente a los fármacos. La noticia es una causa más de inquietud para los atletas de todo el mundo y para los espectadores. ¿Acaso estos juegos están destinados al fracaso como algunos creen?

Es verdad que lo último que Río necesita, además de las inquietudes por la delincuencia y la infraestructura, es otro titular sobre los posibles riesgos a la salud que implica ir a estos Juegos Olímpicos. Después de todo (y mucho antes de que los científicos brasileños señalaran la existencia de esta superbacteria en dos playas cercanas al sitio en el que se llevarán a cabo los eventos de vela), los regatistas han estado conscientes de la presencia de aguas negras sin tratar y algunos se preguntan si será suficiente tan solo mantener la boca cerrada durante la competencia.

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Es muy posible que Río haya mejorado enormemente sus procesos de tratamiento de aguas negras, pero es evidente que los problemas persisten y ni el comité organizador ni el Comité Olímpico Internacional han dado señas de que los eventos se llevarán a cabo en aguas más seguras.

Los reportes sobre la superbacteria acompañan a las preocupaciones más apremiantes sobre el virus del Zika, transmitido por un mosquito. Esto ha causado que muchos atletas se retiren de la convocatoria olímpica. En junio, por ejemplo, el ciclista Tejay van Garderen abandonó su sueño olímpico porque le preocupa que su esposa embarazada se vea afectada si contrae el zika.

Por otro lado, muchos de los mejores golfistas del mundo, entre ellos Vijay Singh, Jason Day y Rory McIlroy, también se retiraron, con lo que se sofocó parte de la emoción del regreso del deporte al programa olímpico, del que había estado ausente desde 1904.

Ciertamente los golfistas podrían parecer la presa perfecta para la población de mosquitos de Río, ya que jugarán por periodos prolongados en un campo recién creado en la Reserva Natural de Marapendi y contiene muchas trampas de agua. Pero algunos atletas de deportes bajo techo también decidieron irse a la banca por muchas razones, como es el caso de algunas de las principales estrellas de la NBA. Steph Curry argumentó que está lesionado tras una larga temporada y que no es el zika la razón por la que se retiró, mientras que el recién coronado campeón, LeBron James, dijo simplemente que quiere descansar.

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Otros atletas, tales como Hope Solo, guardameta de la selección estadounidense de futbol, dijeron que simplemente se asegurarían de estar protegidos y que permanecerían en interiores el mayor tiempo posible. El equipo de Corea del Sur mandó a hacer uniformes "a prueba de zika" para sus atletas, mientras que la estrella del tenis, Serena Williams, aseguró a los aficionados que se mantendrá segura, pero que va a jugar.

Según la Organización Mundial de la Salud, el cambio estacional redujo considerablemente la cantidad de casos de zika en Brasil. Pero ¿acaso el daño a estos Juegos Olímpicos ya está hecho?

Es cierto que Río ha sufrido más reveses de lo usual: instalaciones sin terminar, huelgas, etc. Particularmente, la fragilidad económica del país provocó que la ciudad declarara "un estado de calamidad pública". Los empleados civiles de la Policía, al ver sus ingresos en riesgo, han dado la bienvenida a los visitantes a su llegada al aeropuerto con carteles en los que se lee: "BIENVENIDOS AL INFIERNO" y advierten a la gente que no estarán a salvo mientras estén en la ciudad. Los titulares de los diarios mencionan casos de balas perdidas, partes de cuerpos halladas en la playa Copacabana y los aparentemente incesantes asaltos, lo que no ayuda a creer que el desastre no es inminente.

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No obstante, hay que recordar que los Juegos Olímpicos han superado muchos obstáculos a lo largo de su historia, desde los despliegues de la supremacía blanca en las juegos de Hitler en 1936, en Berlín, hasta los perros callejeros que pululaban en Sochi en 2014. Además, si hubieras caminado en los alrededores del Parque Olímpico en Atenas, unos días antes de la ceremonia inaugural de los Juegos de 2004, seguramente no habrías creído que allí pudiera llevarse a cabo algo organizado. La lista de crisis olímpicas no para allí.

No, si se va a decir que estos Juegos Olímpicos serán una "catástrofe", como lo ha hecho incluso el diario estadounidense The New York Times, más bien lo será para quienes viven en Brasil y no para quienes irán de visita unas cuantas semanas. Cuando se encienda la llama olímpica dentro de un mes, las miradas estarán atentas en las hazañas de Michael Phelps y Katie Ledecky; en la participación de tenistas entre los que están los cinco mejores hombres y mujeres del mundo, y en las piernas del jamaicano Usain Bolt, quien después de las pruebas de clasificación en su país viajó a Alemania para trata de rehabilitarse a tiempo para la competencia.

A final de cuentas, los Juegos Olímpicos no acabarán con los problemas que Brasil ha tenido.

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Desde luego que se verá la pompa y el fasto de las ceremonias de apertura y clausura. Los logros humanos romperán récords en la alberca y en la pista (y, si todo sale como debería, también en el gimnasio con Simone Biles). Pero aunque los momentos de grandeza en los Juegos Olímpicos brindan distracciones de muchos de los problemas e inquietudes, es importante recordar que los Juegos Olímpicos también son una ventana al mundo en el que vivimos. Río, con mosquitos y delincuencia, es parte de ese mundo.

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Dejando de lado a un puñado de atletas, la ciudad ha extendido una invitación que, a pesar de todos estos desafíos, muchos han aceptado.

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