OPINIÓN: Hillary Clinton critica la campaña racista de Donald Trump

En un discurso de campaña en Reno, la candidata demócrata señaló el odio nacionalista de su rival como una amenaza para su país.
Hillary Clinton representó a Trump como el político solitario que es, uno que cualitativamente se diferencia de todos los candidatos anteriores del partido republicano.
Discurso fuerte  Hillary Clinton representó a Trump como el político solitario que es, uno que cualitativamente se diferencia de todos los candidatos anteriores del partido republicano.  (Foto: AFP/Archivo)
Por: RUTH BEN-GHIAT

Nota del editor: Ruth Ben-Ghiat es profesora de Historia y Estudios Italianos de la Universidad de Nueva York. Su último libro es Italian Fascism's Empire Cinema. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(CNN) – La candidata demócrata Hillary Clinton llegó a su propio jueves en Reno. Ella habló con justo enojo, pintando a su rival Donald Trump como un promotor del odio comprometido con las causas nacionalistas de los blancos.

Su voz fue firme; su cuerpo, plantado y firme; su mensaje, cargado de urgencia: este es un momento de ajuste de cuentas para Estados Unidos. Ella combinó educación cívica en su explicación del movimiento de derecha alternativa (alt-right), alcance bipartidista (al apelar a los republicanos citando el noble comportamiento de sus candidatos presidenciales pasados), y una disección legislativa de las razones equivocadas por las que algunos conservadores continúan apoyando a Trump.

Se encuentra entre sus discursos más fuertes.

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¿Por qué? Clinton representó a Trump como el político solitario que es, uno que cualitativamente se diferencia de todos los candidatos anteriores del partido republicano. Los solitarios (ya sean estados o individuos) operan fuera de las normas o de los principios aceptados. Esto hace que sean seductores para algunos, incluso cuando son una amenaza para la mayoría.

Trump se posicionó en este papel desde el principio. Sus primeros retuits de derecha alternativa enviaron una clara señal a los hombres blancos descontentos: voy a arreglar las cosas, y voy a hacerlo fuera y en contra del sistema. Voy a decir y mostrar lo que otros son demasiado cobardes para admitir. Voy a hacer que sea seguro para que ustedes puedan hablar en público, en lugar de en voz baja en el bar o una convención de armas.

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Y así, desde el otoño pasado hasta ahora, en la caja de resonancia en línea, hemos visto a los hispanos representados como monos que cruzan fronteras, a los afroamericanos como mafiosos; e incluso hemos visto a Trump caracterizar a las mujeres como criaturas repugnantes y llenas de líquido; a los judíos como avariciosos.

Trump usó Twitter como un grupo focal para su nueva marca: Trump, el salvador de los derechos y la civilización de los blancos. En una semana en enero de 2016, el 62% de los tuits de Trump tuvo origen o conexión nacionalista blanca.

Twitter también se convirtió en la fuerza policial virtual de Trump, a la caza de cualquier crítica contra el líder y rápida para golpear. Muchos de quienes hemos escrito sobre Trump hemos sido acosados y amenazados, especialmente si parece que nos alejamos del molde cristiano blanco.

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¿Es de extrañar que David Duke, exjefe del Ku Klux Klan, se siente envalentonado a postularse para un cargo? ¿O que el exembajador de la ONU, John Bolton, hablando en Fox News el jueves, se sienta libre de decir que la gente está siendo destructiva si se identifican como negros o hispanos?

Esta franja, que se posiciona hacia la opinión pública, gracias a Trump, quiere que las masas (no blancas) simplemente se queden calladas y desaparezcan.

Por eso es tan necesaria y poderosa la confrontación frente a frente de Clinton con el racismo de Trump en este discurso. Ella nos recordó que Trump retiró a los dealers afroamericanos de sus casinos; que los investigadores federales dijeron que se negó a rentar a negros e hispanos; y que proporcionó, dijo Clinton, “un flujo constante de intolerancia” que ha energizado a un segmento de Estados Unidos que ya no se reconoce a sí mismo o sus intereses en el partido republicano.

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Clinton demostró que la identidad solitaria de Trump depende de su adopción de las teorías de la conspiración, muchas de las cuales giran en torno al presidente Barack Obama. Al deslegitimar al presidente actual por motivos raciales, Trump construye su propio modelo de liderazgo, uno construido en torno a la lealtad a su persona y no a un partido político.

La tragedia del partido republicano creó un subtema del discurso de Clinton, y un subtexto de su atractivo para los votantes de ambos partidos.

Ella evocó un Partido Republicano que podría parecer pintoresco y poco familiar para aquellos cuya introducción a la política ha sido esta inusual campaña electoral. Recordó al senador Bob Dole pidiendo a los racistas salir de la habitación cuando aceptó la nominación presidencial en 1996; y al senador John McCain, al contener en vez de incitar al racismo contra Obama en el curso de su fallida campaña presidencial de 2008.

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Clinton no tuvo que añadir que estos dos hombres ahora respaldan a Trump para dejar en claro hasta dónde ha caído el Partido Republicano. “Seré una presidenta para todos los estadounidenses”, dijo, es decir, para los conservadores desilusionados, así como para las personas de todas las edades, razas y géneros.

Esta inclusividad, que ha moldeado esta temporada electoral como el gancho nacional de los demócratas, es el punto más fuerte de Clinton. Es una protección contra los escenarios divisivos y apocalípticos de Trump, pero también una oportunidad para demostrar su compasión y humanizarse aún más a sí misma ante los votantes. Tal vez su mejor momento en este sentido fue cuando expresó tristeza de que Trump se estuviera perdiendo de tanto, al enfocarse en las comunidades negras en una manera puramente negativa.

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Mientras observaba el discurso de Clinton en YouTube, también exploraba un canal adyacente que rápidamente se convirtió en un manchón de agravios e insultos raciales. El contraste entre los sentimientos expresados en las dos mitades de la pantalla de mi computadora era sorprendente.

Millones de estadounidenses conocen este río de odio demasiado bien, porque nadan en él. Otros han sido reacios a reconocer cuán grande ha sido la influencia de Trump en este sentido. Clinton mostró liderazgo en abordarlo de frente en Reno. Otros líderes políticos, de ambos partidos, deberían seguir su ejemplo.

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