OPINIÓN: Republicanos chocan con Donald Trump por “elecciones manipuladas”

El partido batalla por controlar las afirmaciones de su candidato acerca de un amaño electoral y sus incitaciones a la violencia.
Donald Trump declara la guerra a su propio partido en una serie de tuits
Por: RUTH BEN-GHIAT

Nota del editor: Ruth Ben-Ghiat es un profesor de Historia y Estudios Italianos de la Universidad de Nueva York. Su último libro es Italian Fascism's Empire Cinema. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) – Podría parecer que el candidato presidencial republicano Donald Trump se está alejando más del partido que lo nominó. Desde que se declaró “desencadenado”, ha intensificado su retórica rebelde, recalcando sus afirmaciones de que la elección del 8 de noviembre está “manipulada” en su contra.

Acorralado por una avalancha de acusaciones de agresión sexual, las oficinas centrales de Trump en la Quinta Avenida se han convertido en una suerte de improbable fortaleza desde donde la que está montando una última resistencia contra un círculo cada vez más amplio de enemigos, que incluye no solo a los medios de comunicación y a su oponente demócrata, Hillary Clinton, sino a muchos del Partido Republicano. “Cargos 100% fabricados e inventados... pueden envenenar la mente del votante estadounidense. ¡AMAÑO!”, tuiteó el 15 de octubre.

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Los intentos de Trump por deslegitimar la próxima elección deben dejar claro lo que muchos estadounidenses han sabido siempre: él representa un peligro claro y presente para la democracia estadounidense.

Desde el inicio de su campaña, explícitamente se ha dirigido a ese bajo mundo estadounidense, donde los de la derecha alternativa, teóricos de la conspiración, supervivencialistas y militantes antigobierno se reproducen. No solo ha sido firme en su compromiso con la Segunda Enmienda, sino que ha incitado a la violencia de manera explícita y codificada en contra de una larga lista de enemigos internos, y Hillary Clinton.

Es difícil olvidar la imagen de él el mes pasado fingiendo disparar un arma mientras decía que Clinton podría matar a alguien y salirse con la suya.

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Para los activistas antigobierno y a favor de las armas —grupos con superposiciones significativas— Trump es el hombre y la elección, la ocasión para poder jugar sus cartas. Trump ha cortejado específicamente a estos grupos desde su primer anuncio general de campaña, en el que un miembro de una milicia ciudadana aparece junto con un policía y oficiales de la patrulla fronteriza. En aquel entonces, Trump tenía el apoyo de la mayor parte de la élite republicana, que no vio nada incorrecto en esta representación de las agendas de su partido.

Trump ha alentado a sus fanáticos a que explotar las leyes abiertas y ocultas de portación de armas a medida que apuntan en contra de aquellos cuya apariencia indica que podrían votar “del modo equivocado”; se ha hablado de golpes, levantamientos violentos y asesinatos. En Virginia, un hombre recientemente acosó la oficina de campaña de la demócrata Jane Dittmar durante 12 horas. Dijo a los reporteros que exponer su arma era una forma de “dar voz” a quienes son partidarios de Trump en secreto.

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En este ambiente intenso, la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) frustró un supuesto complot de tres miembros de un grupo a favor de los “ciudadanos soberanos y en contra del gobierno” de hacer estallar un complejo de apartamentos habitados por musulmanes en Kansas. Pensado como un mensaje de protesta contra los estadounidenses, el ataque terrorista estaba previsto para el 9 de noviembre.

La seguridad de los votantes y las elecciones libres están entre los principales criterios para la democracia en todo el mundo, y siempre han estado en el corazón de la reputación de Estados Unidos como “tierra de la libertad”.

Así que, es un ejemplo muy triste para ese país que la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que supervisa las elecciones en todo el mundo, esté observando tres elecciones presidenciales: Moldavia, Bulgaria y Estados Unidos. En esta última, desplegará 10 veces el número de observadores (más de 400) que los que desplegó en 2012, principalmente en respuesta a la estimación del grupo de la amenaza planteada por la candidatura de Trump.

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Los principales republicanos parecieron reconocer apenas la gravedad de la situación. El compañero de fórmula de Trump, el gobernador e Indiana Mike Pence, declaró: “Aceptaremos absolutamente los resultados de la elección”. Y el presidente de la Cámara Paul Ryan lanzó su propio ataque al acallar la teoría “elecciones fraudulentas”, indicando que está “totalmente seguro” de que la elección se llevará a cabo “con integridad”.

Sin embargo, dio su mensaje a través de un portavoz, en lugar de hablar directamente al pueblo estadounidense, como uno esperaría que un líder consideraría hacer en un momento de emergencia nacional. Y lo más importante, Ryan no rescindió su apoyo formal a Trump como candidato del Partido Republicano.

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Mientras tanto, Trump aviva las llamas cada vez más, al atribuir el bombardeo de la oficina del partido republicana en Carolina del Norte del 16 de octubre a “animales que representan” a Clinton y a los demócratas del estado, a pesar de que la investigación está todavía en curso.

El desconcertante y continuo respaldo dado a Trump por Ryan y por el presidente del Comité Nacional Republicano Reince Priebus tiene sentido si se considera una cosa. Trump, desencadenado, todavía está explotando dos componentes básicos del libro de estrategias republicano: fomentar el sentimiento antigobierno al mismo tiempo que facilita el acceso a las armas a los ciudadanos, incluidas las de calibre militar.

El liderazgo republicano se ha negado durante años a considerar las amenazas contra la seguridad nacional que plantea esta combinación tóxica. Esta elección ha dejado muy claro la extensión de ello.

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No es de extrañar que Trump se una pesadilla para muchos conservadores en este momento: sus seguidores hablando de levantamientos violentos alrededor de la elección simplemente exponen el núcleo subversivo y largamente minimizado del Partido Republicano. Cualquiera que sean los resultados el 8 de noviembre, el GOP —lo que quede de él — tendrá un serio examen de conciencia por hacer.

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