OPINIÓN: Falsedades peligrosas, centro de la retórica de Trump

Los polémicos comentarios del republicano acerca del derecho a portar armas en Estados Unidos son un ejemplo más de su práctica de evadir la responsabilidad de sus dichos.
El candidato republicano Donald Trump hizo declaraciones sobre el derecho a portar armas, palabras que fueron interpretadas como una amenaza a Hillary Clinton.
Comentarios polémicos  El candidato republicano Donald Trump hizo declaraciones sobre el derecho a portar armas, palabras que fueron interpretadas como una amenaza a Hillary Clinton.  (Foto: Reuters)
Por: MICHAEL D'ANTONIO

Nota del editor: Michael D'Antonio es el autor del nuevo libro The Truth About Trump (La verdad sobre Trump). Las opiniones expresadas en el artículo son responsabilidad del autor.

(CNN) - Ha llegado a este punto. Donald Trump dijo el martes que su rival Hillary Clinton “quiere abolir, esencialmente abolir la Segunda Enmienda. Por cierto, si ella logra elegir, si logra elegir a sus jueces, no hay nada que puedan hacer, amigos”. Trump continuó su afirmación, que no está apoyada en ninguna fuente o prueba, con una sugerencia no muy velada, y agregó: “Aunque para la gente de la Segunda Enmienda, tal vez sí”.

Desde hace años, figuras radicales de la derecha han hablado acerca de “soluciones de la Segunda Enmienda” en maneras que han dejado pocas dudas de que están hablando de que las personas utilicen sus armas para resolver problemas políticos. En el alboroto que siguió a las declaraciones de Trump, su personal dijo que solamente se refería a los derechos de voto de los partidarios de los derechos a portar armas.

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Sin embargo, los partidarios de Clinton creen que Trump implicó una amenaza de violencia contra ella. El Servicio Secreto, que se encarga de proteger tanto a Clinton como a Trump, podría tener que investigar la declaración del candidato. La agencia recientemente revisó la sugerencia de un asesor informal de Trump de ejecutar a Clinton “por traición”.

Nadie debe equivocarse acerca de las intenciones de Trump. Ha utilizado constantemente destrezas retóricas para decir cosas escandalosas y sin hacerse responsable de ellas. Las declaraciones de Trump sobre la Segunda Enmienda se produjeron un día después de que dijo que había escuchado a “muchas personas decir” que Clinton estaba vinculada a la ejecución por parte del gobierno iraní de un científico que ayudó a Estados Unidos.

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Después del tiroteo masivo en el club nocturno Pulse de Orlando dijo que “hay mucha gente que piensa” que el presidente (Barack) Obama ignora deliberadamente hechos clave sobre el terrorismo. Desde hace años ha hablado en varias ocasiones acerca de cómo él ha oído que mucha gente piensa que Obama no nació en Hawai y que por lo tanto no es legítimamente presidente de Estados Unidos.

Las personas se están dando cuenta de que el candidato del partido republicano utiliza la muletilla de “mucha gente está diciendo” para divulgar afirmaciones extravagantes y no probadas. Incluso hay un hashtag de Twitter: #PeopleareSaying (cuya traducción sería #LaGenteEstáDiciendo). Pero eso está lejos de ser una nueva técnica para Trump.

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A lo largo de su propia campaña para presidente, Trump se ha referido a fuentes no identificadas, que típicamente multiplica con términos como “mucho” y “muchos” para decir cosas escandalosas y sin asumir la responsabilidad de ellas. Ha mencionado a personas que “piensan” que el asistente del gobierno de Clinton que se suicidó, Vince Foster, fue asesinado y que “mucha gente está hablando de” la posibilidad de que su principal rival en la campaña por las primarias, Ted Cruz, no haya nacido en Estados Unidos.

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Cada vez que utiliza esta técnica, Trump se da a sí mismo una excusa en el caso de que se demuestre lo contrario: Él mismo no está diciendo nada. Simplemente está hablando de las cosas que ha escuchado.

Esta técnica evasiva ha estado ocurriendo desde hace mucho tiempo. En junio el año 2015, Trump utilizó su técnica de “la gente dice” en el inconexo discurso que pronunció cuando declaró su candidatura.

Señaló que “la gente está diciendo: 'Oh, no te gusta China'. Me encanta China”. Otras personas, de acuerdo con Trump, dijeron que “quieren eliminar por completo” la Seguridad Social, pero que él no. Y dijo que otras “personas” dijeron que Trump no se postularía como candidato presidencial, pero que él les estaba demostrando que estaban equivocados. (Cuando lo conocí, en 2013, Trump me dijo que “mucha gente” lo urgía ser candidato presidencial).

Puede que sea inofensivo afirmar que partidarios anónimos dicen que debes postularte para presidente y que críticos no identificados piensen que odias a China. Pero por el pasado otoño, cuando Trump era el candidato líder para la nominación del Partido Republicano, estuvo dispuesto a llevar el truco de “la gente está diciendo” a un nuevo y peligroso nivel.

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Cuando un hombre se puso de pie en un acto en Rochester, New Hampshire, para escupir tonterías de teorías de la conspiración sobre campos de entrenamiento de terroristas establecidos en Estados Unidos, Trump respondió: “Ya sabes, mucha gente está diciendo eso, y mucha gente está diciendo que están sucediendo cosas malas allá afuera. Vamos a revisar eso y muchas otras cosas”.

Al elegir inflamar los temores, en lugar de tranquilizarlos, Trump demostró que sus instintos son contrarios a los de John McCain. Cuando era candidato a presidente, McCain se enfrentó a un interrogador que insistió que el entonces candidato Barack Obama era un “árabe” y que por lo tanto no era de fiar. Él la corrigió diciendo: “No, señora”. Cuando las multitudes en sus eventos políticos coreaban despectivamente a su oponente, McCain dijo: “Vamos a ser respetuosos. Admiro al senador Obama y sus logros. Yo lo respeto”.

¿Cómo cayó Trump en el hábito de hacer declaraciones desagradables y afirmaciones sin fundamento? Creo que inició en la década de 1970, cuando era un promotor inmobiliario en ciernes y descubrió que no sería considerado responsable de las cosas que decía y hacía.

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En primer lugar, se salió con la suya al engañar a la Ciudad de Nueva York sobre su control de una valiosa pieza de propiedad. Luego vinieron sus afirmaciones extravagantes sobre cómo iba a construir el rascacielos más alto del mundo y un estadio de futbol. Ninguno de esos proyectos se cumplió, pero a Trump se le perdonó el alboroto porque en esos días no era más que un hombre de negocios con grandes sueños.

Como candidato presidencial del Partido Republicano, Trump ocupa una posición que conlleva una mayor expectativa de precisión y honestidad. Esto parecería doblemente cierto para alguien que critica regularmente a la prensa como “fango”, “escoria” y “seres humanos repugnantes y deshonestos”. La única excepción que Trump ha ofrecido a esta evaluación de los medios de comunicación es el National Enquirer, que fue la fuente que citó durante una discusión acerca de una supuesta relación entre el padre de Ted Cruz y el asesinato de John F. Kennedy.

“Lo que yo estaba haciendo era referirme a una imagen reportada y en una revista, y creo que ellos no lo negaron”, dijo Trump “Creo que nadie lo negó”. Lo cierto es que Cruz ya había condenado la historia del Enquirer como falsa, y agregó que una foto publicada en ella no mostraba a su padre, como el diario afirmaba. Trump reafirmó su declaración al decir: “No puedes criticar al National Enquirer”.

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Al alabar al Enquirer, es posible que Trump haya sido el primer político estadounidense en la historia al calificar alguna vez un tabloide de supermercado como el parangón de la verdad. Más recientemente, ha afirmado que él mismo está actuando como periodista, al “informar” las noticias a las multitudes en sus mítines. Cuando erróneamente afirmó que había visto un video de un avión entregando efectivo de Estados Unidos después de la liberación de rehenes, dijo a una multitud: “No creo que hayan escuchado esto en ningún otro lugar más que aquí”. Estaba en lo cierto al decir que nadie más había reportado eso, de hecho, Trump se retractó de la declaración poco después.

Pero incluso si Trump más tarde retira una afirmación, es probable que algunos de sus seguidores sigan creyendo la mentira inicial. Así es como se juega el juego de Trump. Alguien “escucha” algo y lo repite a otra persona para que otra persona pueda “escucharlo” y muy pronto el suicidio de Vince Foster se convierte en un asesinato y el presidente Obama es un musulmán nacido en el extranjero. (Si necesitas ayuda para entender lo peligroso que Obama es, simplemente consulta la insinuación de Trump, hecha en junio, de que “está pasando algo” entre el presidente y extremistas islámicos que traman realizar ataques terroristas). Es comprensible que los votantes sientan que no pueden confiar en nadie que les diga la verdad. Si escuchan a Trump, ciertamente no pueden esperar obtener los hechos de la prensa.

La historia está llena de candidatos que matizaron la verdad, que distorsionaron el historial de un oponente y que a veces contaron completas mentiras; sin embargo, Trump parece deleitarse en ello. El respetado sitio de comprobación de hechos Politifact ha revisado muchas de las afirmaciones de Trump y encontró que solo el 15% son “verdaderas” o “totalmente verdaderas”. (Esto se compara con el 50% de las declaraciones de Clinton).

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Cuando se combinan con las vagas fuentes de muchas de sus afirmaciones, el historial de Trump es tan malo que plantea una verdadera preocupación sobre su capacidad para procesar la información y hablar con claridad sobre las cosas. Esto ayuda a explicar por qué 50 expertos en política exterior que han servido a presidentes republicanos han firmado una carta diciendo que no pueden apoyar a Trump. Escribieron que Trump “Es incapaz o es renuente a separar la verdad de la falsedad”.

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La carta abierta de los expertos en política exterior representa una forma de comprobar los métodos de Trump y de contrarrestarlos. Otro método ha surgido en los medios sociales. El popular hashtag en Twitter invita a la gente a compartir sus pensamientos bajo el titular ManyPeopleAreSaying. Entre las entradas hasta ahora están “@RealDonaldTrump es un musulmán secreto” y “Mucha gente está diciendo que merezco un aumento”.

¿Funcionará la combinación de la burla en las redes sociales con las críticas serias por parte de los expertos para cambiar la forma en que Trump habla en la campaña electoral? He escuchado, y mucha gente está diciendo que no.

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