OPINIÓN: ¿Qué pasará cuando ISIS pierda Mosul?

La pretensión de ISIS de gobernar un califato es cada vez más difícil de sostener a medida que pierde una ciudad tras otra tanto en Iraq como en la vecina Siria.
La importancia de recuperar Mosul de manos de ISIS
Por: PETER BERGEN

Nota del editor: Peter Bergen es analista de seguridad nacional de CNN, uno de los vicepresidentes de New America y profesor de práctica en la Universidad Estatal de Arizona. Es el autor de "United States of Jihad: Investigating America's Homegrown Terrorists". Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) – Así comienza: El largamente esperado asalto a Mosul, la ciudad iraquí cargada de tanto simbolismo, donde Abu Bakr al-Baghdadi declaró el autodenominado "califato" de ISIS hace más de dos años.

Mosul no es solo la segunda ciudad de Iraq, también es clave en la reivindicación de ISIS de haber instalado por primera vez desde el colapso del imperio otomano un auténtico califato con millones de súbditos y territorios que una vez abarcaron tierras del tamaño de Reino Unido.

Nadie duda de que ISIS perderá Mosul y muy probablemente antes de que el próximo presidente de Estados Unidos asuma el cargo. El lunes, el comandante de la coalición anti-ISIS, el teniente general estadounidense Stephen Townsend, emitió un comunicado diciendo que la operación de Mosul "posiblemente continúe durante semanas, tal vez más".

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Con la caída de Mosul, el flagelo de ISIS quedará desterrado en gran parte de Iraq. El ejército terrorista ya ha perdido una ristra de otras ciudades iraquíes importantes: Baiji, Faluya, Ramadi y Tikrit. La pretensión de ISIS de gobernar un califato es cada vez más difícil de sostener a medida que pierde una ciudad tras otra tanto en Iraq como en la vecina Siria.

El domingo pasado, ISIS entregó la ciudad siria de Dabiq sin mucha resistencia. Esta es otra ciudad importante para ISIS porque el grupo cree que Dabiq es el sitio de una guerra largamente profetizada entre el Islam y Occidente que sus adherentes creen que desembocará en la victoria del Islam y de ISIS. El grupo incluso nombró a su revista en idioma inglés “Dabiq” en honor a la profecía. La rendición de Dabiq, en cambio, es solo una más en una serie de derrotas sufridas por el grupo en Siria.

La inminente caída de Mosul coincide con el punto culminante de la candente elección presidencial en Estados Unidos en la que el candidato republicano Donald Trump ha hecho de ISIS un tema clave, ya que el ascenso del grupo terrorista tuvo lugar bajo el mandato del presidente Obama.

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En el último debate presidencial, Anderson Cooper de CNN cuestionó a Trump, "Usted se jactó de haber asaltado sexualmente a mujeres. ¿Entiendes eso?" Trump desechó la pregunta como "una charla de casillero" y luego giró rápidamente, alegando que el verdadero problema era "un mundo en el que ISIS cercena cabezas". Y añadió: "Voy a aniquilar a ISIS".

Así, la inminente caída de Mosul torna obsoleto ese tema de debate de Trump y será interesante ver cómo él y Hillary Clinton manejan cualquier discusión sobre ISIS durante el último debate presidencial el miércoles por la noche, ya que es evidente que la coalición liderada por Estados Unidos ya está arrasando a ISIS.

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Pero antes de que nadie celebre, una victoria en Mosul no resolverá lo que aqueja a gran parte de Oriente Medio, porque ISIS no es el problema fundamental, sino un síntoma de mayores y más complejos problemas.

ISIS apareció, en gran medida, porque el gobierno mayoritariamente chiíta en Iraq, respaldado por Estados Unidos, marginalizaba a los sunitas de Iraq. Lo mismo es cierto para el gobierno dirigido por chiíes en Siria, que ha infligido una guerra brutal en su población suní.

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Hasta que no haya un verdadero acuerdo político entre los chiítas y sunitas en Iraq y, más adelante, en el caso más complicado de Siria, surgirá sin duda un hijo de ISIS porque los grupos militantes sunitas como ISIS continuarán afirmando que son los únicos que realmente pueden hacer frente a los gobiernos chiítas en Bagdad y Damasco.

Además, Irán y Arabia Saudita y sus aliados del Golfo están librando guerras de poder bien financiadas tanto en Iraq como en Siria, donde las milicias respaldadas por Irán tienen un enorme peso. A menos que haya un poco de paz fría entre los iraníes y los saudíes, esta guerra de poder continuará alimentando grupos militantes anti-chiítas como ISIS.

El colapso de la gobernanza árabe en gran parte de Oriente Medio también es combustible para grupos como ISIS, ya que estos grupos militantes prosperan en estados fallidos y en descomposición como Iraq, Libia, Siria y Yemen.

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Más allá de estos problemas macro, hay otros retos que seguirán a la caída de Mosul.

Cuando ISIS pierda Mosul, no todos los miles de combatientes de ISIS agazapados en la ciudad serán capturados o asesinados. ¿A dónde irán? ¿Volverán a Europa los combatientes occidentales de ISIS para fomentar allí el terrorismo? ¿Se desplegarán otros combatientes por todo Oriente Medio para ejercer más terrorismo en la región? Ambas consecuencias parecen bastante plausibles.

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La caída de Mosul anuncia el desmantelamiento del califato de ISIS - un hecho muy positivo -, pero no nos engañemos a pensar que la victoria en Mosul será el principio del fin de los grupos terroristas sunitas. Por desgracia, el flagelo de la militancia suní en Oriente Medio acaso dure décadas.

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