OPINIÓN: ¿Qué esperar de Trump y Clinton una vez que han hablado en los debates?

Comentaristas de CNN y analistas invitados ofrecen sus conclusiones sobre ambos candidatos tras el último debate de esta semana. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de los autores.

El momento más impactante del debate

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Noa del editor: Julian Zelizer es profesor de historia y asuntos públicos en la Universidad de Princeton y becario de New America. Es el autor de "Jimmy Carter" y "The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society".

(CNN) – Para muchos observadores la parte más preocupante del debate fue cuando Donald Trump no quiso decir que aceptará los resultados de la elección.

"Te lo diré en su momento, te voy a mantener en suspenso ¿bien?" respondió, palabras que provocarán una gran preocupación entre los que sienten que el candidato está suscitando peligrosos interrogantes sobre la legitimidad de estas elecciones y los resultados, en el supuesto de que no gane.

Con todo, en muchos sentidos el debate fue más convencional de lo que nadie esperaba. Hillary Clinton tuvo su mejor momento cuando encontró la oportunidad de ser agresiva en cuestiones de política interior.

Durante la discusión sobre la segunda enmienda, los derechos de las mujeres y la inmigración, ella mostró un nivel de confianza y conocimiento que le permitió enfrentarse a Donald Trump con gusto.

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También lo golpeó muy duro cuando Chris Wallace introdujo el tema de los comentarios de Trump acerca de las mujeres y las acusaciones de acoso sexual que han surgido. Incluso cuando él culpó a la campaña de Clinton de difundir tales acusaciones, ella siguió centrada en las historias de las mujeres.

Salvo por su comentario del "suspenso", Trump no explotó. Fue capaz de contener sus arrebatos, con algunas excepciones e interrupciones al micrófono (muy al estilo de Alec Baldwin cuando imita su “wrong” o “falso”), en tanto que las preguntas de Wallace hicieron que Clinton trastabillara sobre su posición respecto a la apertura de fronteras.

Clinton encaminó la discusión hacia las acusaciones sobre Putin, y subrayó las diferencias en materia de inmigración de modo que pudieran atraer a los votantes que conformaron la coalición Obama.

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Trump ganó también algunos puntos, como su promesa de nombrar a un juez conservador en la Suprema Corte, a fin de poder traer de vuelta a algunos conservadores que han abandonado al candidato republicano. Y tuvo oportunidad de repetir algunas de sus ocurrencias más conocidas como llamar a la Fundación Clinton "una organización criminal".

Pero la elección se reduce a la realidad de los números. Los datos muestran que Trump y el Partido Republicano están en serios problemas.

No está ganando en estados clave (los disputados), está batallando en algunos estados conservadores, y ciertamente no está expandiendo el número de estados “rojos”. Considerando las puras matemáticas, es difícil que gane el Colegio Electoral.

Si Trump anotó algún punto, este debate por sí solo no será suficiente para transformar la radiografía básica de la batalla electoral. Y si fue un empate, la beneficiada es Clinton dada su creciente ventaja.

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Trump perdió su última oportunidad

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Además de perder los debates ante Hillary Clinton, el candidato republicano Donald Trump descarriló su propia campaña.
Fin al ascenso  Además de perder los debates ante Hillary Clinton, el candidato republicano Donald Trump descarriló su propia campaña.  (Foto: Reuters)

Nota del editor: David Gergen es analista político de CNN y ha sido un asesor de la Casa Blanca para cuatro presidentes. Egresado de la Escuela de Derecho de Harvard, es profesor de servicio público y co-director del Centro para el Liderazgo Público en la Harvard Kennedy School. Síguelo en Twitter: @david_gergen.

(CNN) – Hace años, entre los casinos de Atlantic City, Donald Trump levantó el telón de un nuevo capítulo de su carrera empresarial. Ayer por la noche, entre los casinos de Las Vegas, muy posiblemente bajó el telón de su carrera en la política.

El hecho de que haya llegado tan lejos en la política perdurará como una de las historias más inverosímiles de nuestro tiempo. Creó un ejército de seguidores que seguirá sacudiendo el horizonte estadounidense. Aún así, uno siempre creyó que llegaría la hora de la verdad. Llegó anoche.

Trump emergió de las primarias republicanas con una reputación de exterminar a sus oponentes, sabía exactamente dónde estaba su yugular y los destripaba. Su arrogancia y negativa a preparar en serio los debates presidenciales sugerían que podía hacer lo mismo con Hillary Clinton.

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Sin embargo, en el primer debate, ella le dio una paliza, poniendo fin a su ascenso. Durante los siguientes 23 días previos a Las Vegas, no solo perdió por segunda vez ante ella, descarriló a su propia campaña. Hizo la peor campaña de cualquier candidato que se tenga memoria.

Así, llegó al debate de anoche desesperado por la victoria. Durante los primeros 40 minutos parecía que lo lograría. Pero tal como le pasó en los otros encuentros, comenzó a perder fuerza y, sobre todo, a perder el control de su ego.

Todo resurgió, las acusaciones salvajes, las interrupciones, la actitud defensiva - algunos podrían decir que se activó su complejo de persecución. Ella mantuvo la calma y, efectivamente, la encuesta de CNN mostró que los espectadores pensaron que ella ganó: 52% a 39%. Y un sondeo de YouGov encontró una ventaja de 10 puntos en su favor.

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Más importante aún, muchos en la prensa, así como otros (me incluyo) quedaron horrorizados de que Trump se negara a decir que aceptaría el veredicto de los votantes el 8 de noviembre. Ningún otro candidato ha asumido jamás la indignante postura de "Si gano, es legítimo, pero si pierdo, el sistema está amañado". Ya es bastante malo que Trump se anteponga al partido; ahora se antepone al país.

Mientras tanto, Hillary Clinton llegó descansada y preparada anoche y, con el paso de los minutos, tomó el control del escenario. Aunque los partidarios de Trump todavía piensan que es una bruja, mi impresión es que muchos otros están cada vez más cómodos con la idea de que ella probablemente sea nuestro próximo presidente.

Seguramente habrá más giros y virajes sorprendentes en esta campaña, pero una cosa ahora parece cierta: después de perder tres debates consecutivos, Trump agotó su última gran oportunidad para revertir el ‘momentum’ a su favor. La derrota parece estar cerca - y no es porque el sistema esté amañado en su contra.

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Al llamarla “asco de mujer”, Trump dejó ver que Clinton lo exasperó

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"¡Qué asco de mujer!", dijo Dnald Trump hacia el final del debate, un indicador de la habilidad de Hillary Clinton de exasperarlo.
Irritado  "¡Qué asco de mujer!", dijo Dnald Trump hacia el final del debate, un indicador de la habilidad de Hillary Clinton de exasperarlo.  (Foto: Reuters)

Nota del editor: Errol Louis es el presentador de "Inside City Hall", un programa político nocturno en NY1, un canal de noticias de Nueva York.

(CNN) – Hillary Clinton llegó al debate final en una posición política más fuerte que Donald Trump - y sabiamente decidió no ir a lo seguro. En cambio, golpeó a Trump continuamente, y de manera previsible despertó el lado iracundo y corrosivo del multimillonario.

Trump manejó bien las primeras preguntas, presentando conocidos argumentos sobre por qué nominaría a jueces conservadores para la Corte Suprema. Pero Clinton siguió espoleando, señalando que los proyectos inmobiliarios de Trump fueron construidos con acero de China y la mano de obra de inmigrantes indocumentados.

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Y en cierto modo llamó a Trump un "títere" del líder ruso Vladimir Putin, a lo que su molesto oponente no pudo responder con otra cosa que: "No, tú eres el títere".

Trump tuvo su mejor momento, como de costumbre, en la discusión sobre la economía, pero fue arrinconado en la cuestión de cómo su plan propuesto afectaría a Medicare, la Seguridad Social y la deuda nacional (el moderador del debate, Chris Wallace de Fox News, hizo un excelente trabajo mostrando cómo Clinton y Trump pondrían en riesgo las prestaciones sociales y harían poco para frenar el crecimiento de la deuda).

"¡Qué asco de mujer!" dijo Trump hacia el final del debate, un indicador de la habilidad de Clinton de exasperarlo, como lo hizo también en el primer debate.

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El desempeño de la demócrata fue bien recibido. Clinton ha promediado una ventaja de 6.5 puntos sobre Trump en las encuestas durante la semana pasada. Eso es después de una ventaja de 5 puntos tras el primer debate.

A menos de tres semanas para los comicios, a Trump se le acaba el tiempo, y quizá perdió su última y mejor oportunidad en el último debate.

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Clinton, la única candidata apta en el estrado

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A pesar de llevarse la victoria en los debates, la candidata demócrata Hillary Clinton enfrenta problemas legítimos de confianza entre los votantes.
Destaca en el estrado  A pesar de llevarse la victoria en los debates, la candidata demócrata Hillary Clinton enfrenta problemas legítimos de confianza entre los votantes.  (Foto: Expansión)

Nota del editor: Roxanne Jones es editora fundadora de ESPN Magazine y ex vicepresidente de ESPN, ha trabajado como productora y periodista en el New York Daily News y The Philadelphia Inquirer. En 2010 fue nombrada Mujer del Año por Women in Sports and Events, es coautora del libro "Say It Loud: An Illustrated History of the Black Athlete", y CEO de Push Marketing Group.

(CNN) – Sabíamos desde el principio que no era del todo cierto cuando Donald Trump decía que quería "hacer grande a Estados Unidos de nuevo".

Él no estaba hablándole a todos -no le hablaba a las mujeres, ni a los musulmanes, tampoco a los mexicanos, ni a la comunidad LGBTQ-, ciertamente no le hablaba a los negros o latinos, ni a los inmigrantes, ni siquiera a los pobres.

La noche del miércoles Trump redobló su estrategia para dividir a Estados Unidos y tratar de conquistar la Casa Blanca. Nos dijo que si pierde no está seguro de que aceptará los resultados, ni siquiera por el bien del país.

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En su discurso de cierre, una oportunidad perfecta para terminar con estilo, atacó a Hillary Clinton, dijo -básicamente- que debemos temernos unos a otros y que debemos deshacernos de los inmigrantes; nos dijo a los negros que era la única persona que puede salvarnos y pidió mayor ley y orden. Ni una palabra positiva sobre cómo podría sacar adelante a nuestro país o mejorar la vida de todos los estadounidenses.

Por un minuto, al principio, Trump se veía bien. Por fin había estudiado sus notas. Mostró más disciplina que en el pasado, manteniéndose enfocado en las preguntas. Pero entonces, se vino abajo. Esquivó preguntas sobre sus comentarios inapropiados acerca de toquetear a las mujeres y le dijo al moderador Chris Wallace quería hablar de otra cosa. Claro que quería hablar de otra cosa.

Trump guardó silencio cuando Clinton dijo que él y su compañía no solo han usado a trabajadores indocumentados para construir sus proyectos, sino también han sacado del país puestos de trabajo. La respuesta de Trump: cambia las leyes de modo que yo no pueda hacer eso. ¿Cómo? ¿Así que ahora es culpa de Clinton que Trump decidiera trasladar trabajos al extranjero? Horrible.

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Trump entró en esta contienda como un impetuoso ‘outsider’ ajeno a la política. Tuvo la oportunidad de hacer algo realmente poderoso: volver a crear el Partido Republicano, ampliar la base para atraer a más estadounidenses. E inspirarnos a cruzar líneas partidarias para trabajar juntos y demostrarle al mundo el corazón de Estados Unidos.

Pero lo echó a perder en una campaña llena de odio, donde la jactancia, los insultos hacia las mujeres y hacia casi todo el mundo reemplazaron las discusiones políticas informadas y el civismo más elemental.

Hillary Clinton no es perfecta – aún no conozco a un político que lo sea - y enfrenta problemas legítimos de confianza entre los votantes. Pero era la única persona en ese estrado apta para ser presidente de Estados Unidos, la única de los candidatos que puede hacer que el país avance. Se llevó la victoria.

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Clinton fue presidencial

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Hillary Clinton fue la única candidata en el escenario con la capacidad y la fuerza para ser presidente de Estados Unidos, señalan expertos.
Mayor aceptación  Hillary Clinton fue la única candidata en el escenario con la capacidad y la fuerza para ser presidente de Estados Unidos, señalan expertos.  (Foto: Expansión)

Nota del editor: Sally Kohn, comentarista política de CNN, es activista y columnista. Síguela en Twitter: @sallykohn. Ella apoya a Hillary Clinton para la presidencia.

(CNN) – El tercer y último debate fue un microcosmos de toda esta elección: Hillary Clinton fue presidencial y Donald Trump fue petulante.

La experiencia y los conocimientos de Hillary Clinton hicieron que Donald Trump sudara. Ella expuso su visión para el crecimiento de la economía estadounidense desde el centro y desde abajo hacia arriba, en lugar de la economía de goteo que Trump propone desde arriba hacia abajo. Y Clinton abordó complejas cuestiones de política exterior con el matiz y el refinamiento que exigen y que Trump no tiene.

Cualquiera que afirme que Trump ganó está admitiendo que, a estas alturas, el listón está tan bajo para él que, basta con que solo vomitara ensaladas de palabras incoherentes, para que saliera avante.

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Y, sin embargo Trump, que ha logrado bajar todas nuestras expectativas en esta elección, dio un paso todavía más bajo al negarse a decir que respetará los resultados de la elección presidencial si él no es el ganador. Es algo siniestro, peligrosamente antidemocrático. La clase de actitud que nos lleva por un feo camino, como lo ha demostrado la historia.

Luego Trump llamó a Clinton "asco de mujer" (nasty woman). Feo de una manera diferente, pero feo.

Tengo la esperanza de que resulte claro para cualquiera que se detenga a pensar sobre ello que Hillary Clinton es una candidata bien informada y seria y que Donald Trump está haciendo un berrinche nacional y está peligrosamente cerca de nuestros códigos nucleares.

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Hillary Clinton fue la única candidata en ese escenario con la capacidad y la fuerza para ser presidente de Estados Unidos. Ella tiene ideas. Él tiene insinuaciones. Ella tiene soluciones. Él tiene la nariz congestionada.

Ella ganó. Él perdió.

Esperemos que este debate sea también un adelanto de lo que cabe esperar el 8 de noviembre.

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