OPINIÓN. Elecciones en EU: Una nación escandalizada espera respuestas

El país enfrenta interrogantes acerca del futuro del Partido Republicano y el estancamiento en Washington, que serán resueltas después de elegir al sucesor de Barack Obama.
Trump-Clinton  Trump-Clinton  (Foto: Reuters)
Por: JULIAN ZELIZER

Nota de editor: Julian Zelizer es profesor de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton y miembro de New America. Es el autor de Jimmy Carter y The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society. Es coanfitrión del podcast Politics & Polls. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) – Casi ha terminado. La campaña electoral que ha consumido la atención de Estados Unidos durante tantos meses finalmente llega a una conclusión. Y parece que hemos visto todo bajo el sol.

La nación ha sido conmocionada, se ha escandalizado, ha estado totalmente absorta en esta confrontación histórica entre Hillary Clinton y Donald Trump.

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Las preguntas obvias y más importantes que se responderán es quién habitará la Casa Blanca y qué partido controlará el Congreso.

Pero también es posible dar un paso atrás y señalar otras tres preguntas que han surgido durante los últimos meses de la campaña. Los resultados que se producirán la noche de las elecciones deberán comenzar a responderlas.

1. ¿Enfrenta el Partido Republicano una guerra civil?

Esta es la pregunta que la campaña de Trump ha planteado desde que derrotó a una larga lista de candidatos de la clase dirigente en las elecciones primarias. Su ascenso al poder ha generado comentarios de que el Partido Republicano está dividido en dos. Hay una gran batalla que se desarrolla entre los republicanos de Trump y el resto del partido que ha tenido el dominio del Partido Republicano durante muchos años.

Según esta narrativa, el partido se enfrentará a un momento de recuento cuando estas elecciones hayan terminado, sobre todo si Trump pierde y el Partido Republicano entra en un periodo de examen de consciencia.

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Sin embargo, no todo el mundo concuerda. Algunos sostienen que el partido sigue en muy buena forma. La polarización partidista probablemente llevará a la mayoría de los republicanos a permanecer leales a su partido sin importar quién esté en la cima de la boleta electoral. Trump también representa fuerzas poderosas que han estado remodelando el partido durante casi una década. Puede que sea una versión extravagante de esas nuevas fuerzas partidistas, pero él es un producto en vez de un generador de este estilo político y esas ideas políticas.

Obviamente, si Trump llegara a ganar las elecciones, las advertencias de una guerra civil partidista serían consideradas exageradas. Todos aman ser los ganadores y una derrota de Hillary Clinton señalaría que el partido bajo el comando de Trump está en muy buena forma. Pero incluso si pierde, muchos podrían concluir que la “muerte del Partido Republicano” ha sido una exageración.

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Es muy probable que Trump pueda obtener el mismo nivel de electorado que Mitt Romney en 2012 y John McCain en 2008. Esa ha sido la gran historia de la última semana: que muchos republicanos están decididos a volver a casa para respaldar a Trump. También es muy posible que Trump pierda, pero que los republicanos mantengan el control del Senado y la Cámara de Representantes, así como un gran número de legislaturas estatales. Si este es el caso, eso indicará que el partido puede manejar las tensiones y divisiones que han surgido.

Si Trump pierde, muchos podrían concluir que su postura ideológica en temas como la inmigración y la economía podría haber triunfado si el candidato del partido republicano hubiera sido alguien (como Mike Pence o Marco Rubio) sin todos sus aspectos negativos, como su forma de tratar a las mujeres y sus comentarios incendiarios sobre la juez Curiel, Megyn Kelly y la familia Khan.

2. ¿Habrá un momento de gobernanza?

El aspecto más difícil de la política estadounidense en estos días es que los momentos de gobernanza son muy pocos. En nuestro sistema de poder separado y fragmentado, siempre es difícil que Washington apruebe una legislación importante. Suma eso una atmósfera tóxica de partidismo alimentada por medios de comunicación las 24 horas, y las fuerzas del estancamiento se vuelven extraordinariamente fuertes.

Los momentos de gobernanza son aquellos periodos en los que una crisis o las grandes mayorías permiten a los presidentes hacer avanzar la legislación a través del Capitolio. Después de la caída de la bolsa en 1929 y el control democrático conjunto de la Casa Blanca y el Congreso en 1932, la nación vio el New Deal.

Como resultado del movimiento de derechos civiles y la elección de 1964, que impuso enormes mayorías demócratas, Lyndon Johnson presidió durante el paso a una Great Society (Gran Sociedad). Con la percepción de que la economía estaba en crisis bajo el presidente Carter y con los republicanos en control del Senado por primera vez desde 1954, Ronald Reagan encontró espacio para impulsar la política estadounidense hacia la derecha con un recorte de impuestos masivo.

Después del 11 de septiembre hubo apoyo bipartidista para rehacer las instituciones de seguridad nacional estadounidenses. Y en 2009 y 2010 la mayoría demócrata marcó el comienzo de la agenda interna de Obama a través del Capitolio tras una devastadora crisis financiera.

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¿Es 2017 un momento de acción en Washington? A pesar de todas las amargas divisiones que hemos visto en la campaña electoral, hay temas en los que es posible ver esbozos de acuerdo entre los partidos. Trump ha obtenido un enorme apoyo por parte de los estadounidenses de clase trabajadora sin título universitario que están frustrados y enojados por la inseguridad económica que enfrentan.

Trump ha pasado mucho tiempo quejándose del libre comercio y del comportamiento corporativo de una manera que resuena con algunos de los temas clave a menudo expresados por los demócratas progresistas. Restricciones más estrictas dentro de los acuerdos de libre comercio y un salario mínimo más alto podrían ser atractivos para ambas partes, con los republicanos preguntándose por qué Trump atrajo tanto apoyo con su estrategia de conservadurismo obrero y los demócratas buscando alcanzar metas largamente buscadas.

Si Trump pude lograr una victoria sorpresiva, podría ver una gran oportunidad de lograr un gran acuerdo en torno a estos temas económicos que podrían demostrar que es capaz de liderar la nación.

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Aún así, en este punto es difícil ver surgir un momento así. Para los demócratas, parecía posible hace unas semanas. Con el colapso de Donald Trump en las encuestas y los demócratas cobrando impulso en las elecciones de la Cámara y el Senado, parecía haber un potencial para el tipo de resultados que Estados Unidos vio en 1964 o 2008: un presidente demócrata elegido con un Congreso Demócrata en medio del repudio del Partido Republicano.

Pero con el estrechamiento en las encuestas después del fin de semana tumultuosa provocado por la carta del director del FBI, James Comey, y luego de que los candidatos republicanos al Congreso ganaron fuerza en una serie de campañas importantes, eso parece menos probable.

Clinton tampoco tiene el mismo tipo de conexión con los movimientos populares o la visión política general que ha animado a algunos de los presidentes más legendarios. Y aunque la nación enfrenta desafíos continuos, desde la brutalidad policial contra los afroamericanos hasta la desigualdad económica, la mayoría de los estadounidenses no sienten que estén enfrentando una crisis nacional similar a la Gran Depresión o a la turbulencia de los derechos civiles a principios de los años sesenta. No es que no nos enfrentemos a problemas importantes, pero la percepción es diferente y eso es algo difícil de navegar para las figuras políticas.

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Es mucho más probable un enfrentamiento entre una Casa Blanca de Clinton y un Congreso Republicano que produzca cuatro años de paralización, obstrucción e investigación. Algunos republicanos ya han estado hablando de la posibilidad de una destitución presidencial. En el Senado, hay amenazas abiertas de que el Partido Republicano no confirmará a los nominados a la Corte Suprema presentados por una presidenta Clinton.

Podría haber un momento de gobernanza si Trump desafía las encuestas y gana la Casa Blanca, junto con un Congreso republicano. A pesar de todas las tensiones dentro del partido, la polarización y el incentivo partidista tendrían un efecto poderoso para hacer que los líderes del Partido Republicano encuentren un terreno común.

3. ¿Se suprimirán los derechos de voto?

Pese a toda la habladuría de una “elección manipulada”, el verdadero temor entre muchos expertos políticos es el impacto potencial de las medidas antifraude electoral que dificultarían el voto en muchos estados. Durante muchas décadas —como Ari Berman y Michael Waldman han contado en sus excelentes libros—, se han realizado esfuerzos concertados en estados conservadores para imponer medidas para que sea más difícil votar.

Las medidas entraron en vigor con base en alegatos de fraude electoral, aunque no ha habido pruebas sólidas de ese tipo de irregularidades en ningún nivel grave. Una vez que el Tribunal Supremo anuló una parte clave de la Ley de Derecho al Voto en Shelby vs. Holder (2013), se abrieron las compuertas. Aunque los tribunales han derribado ciertas restricciones de derechos de voto, en general las medidas siguen vigentes.

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El día de elección, en lo que Berman llamó “la primera elección presidencial desde que fue abatida la Ley de Derechos Electorales”, será crucial observar el efecto que tienen esas leyes en estados como Texas, Carolina del Norte y Wisconsin. El impacto de las leyes podría ser magnificado por los temores de intimidación y violencia física que han surgido como resultado de la encendida retórica de Trump, en la que insta a sus seguidores a actuar como observadores electorales.

A poco más de 50 años desde que el Congreso promulgó la Ley de Derechos Electorales, la cuestión de si algunos estados, con el consentimiento de la Corte Suprema, han socavado con éxito la capacidad de los electores elegibles de ejercer su derecho fundamental a la democracia deberá estar en el centro de la atención a medida que revisamos los datos.

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La inhabilitación de los votantes también podría tener un efecto partidario muy importante en esta elección. Si las encuestas acerca del estrechamiento en la carrera son precisas, cualquier depresión del voto entre las comunidades marginadas y de bajos ingresos podría beneficiar enormemente a Trump — una fuerza de contrapeso para la organización de bases de más alto nivel de la campaña de Clinton— dado que los demócratas cuentan con un robusta participación para obtener una victoria.

Comenzaremos a recibir las respuestas a estas preguntas el martes por la noche. Los resultados jugarán un papel importante en la creación de los debates que el próximo presidente y el Congreso sostendrán en los años por venir.

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