OPINIÓN: Agustín Carstens, la crónica de una renuncia anunciada

Si México iba a tener en 2017 un año incierto, ahora lo será más por la salida de Carstens del Banco de México.
Carstens fue artífice y un actor fundamental en la modernización del sistema financiero mexicano posterior a los episodios de crisis recurrentes del pasado.
Una dura renuncia  Carstens fue artífice y un actor fundamental en la modernización del sistema financiero mexicano posterior a los episodios de crisis recurrentes del pasado.  (Foto: Cortesía)
IVAN FRANCO

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) — La renuncia de Agustín Carstens al frente del Banco de México me recuerda a las personas que cambian de trabajo cuando ven que las cosas se pondrán difíciles en el futuro. Ya sea porque llega un jefe tirano o porque la empresa está yendo en picada. Y sin mayor vacilación, emplean la máxima: “más vale aquí corrió que aquí quedó”.

Para un banquero central el escenario ideal es uno de baja inflación y bajas tasas de interés. Es como vivir en las nubes. Cuando estas condiciones cambian, es lo mismo que hablar de tiempos de guerra. El trabajo para el gobernador se vuelve muy complejo con el contexto actual mexicano. Cuando la inflación comienza a repuntar y amenaza con aumentar. Y cuando la política de normalización monetaria de la Reserva Federal puede agudizar.

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El triunfo de Donald Trump tiene todo que ver con la renuncia de Carstens. A raíz de la victoria de Trump, los mercados reconocieron que las posibilidades de que Janet Yellen siga al frente de la Reserva Federal son muy bajas. Quien reemplace a Yellen, seguramente será adepto a la ideología económica de Trump. En otras palabras, la de manejar una postura restrictiva de política monetaria. Repatriar capitales.

Además, considero que Carstens no estaba satisfecho con la fatídica política de gasto del gobierno actual. En varias ocasiones lo manifestó con el talante diplomático que lo caracteriza. En otras palabras, hay un evidente desencuentro entre Hacienda y el Banco de México.

Si a esto sumamos que a finales de 2018 México tendrá un nuevo presidente, cuyas encuestas señalan la posibilidad para López Obrador, entonces el panorama exige un cambio, al menos para aquellos que son adversos a estas condiciones. Particularmente para los adeptos al “establishment mexicano”.

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Sin duda, el Dr. Carstens fue un artífice y un actor fundamental en la modernización del sistema financiero mexicano posterior a los episodios de crisis recurrentes del pasado. Su liderazgo y capacidad negociadora fueron claves para esta tarea. Además de dirigirse con autonomía, el Dr. Carstens cumplió cabalmente con su trabajo: reducir la inflación y anclar sus expectativas futuras.

Continuó con el trabajo de Guillermo Ortiz en el sentido de esforzarse por bancarizar a un país que tenía fuertes déficits de penetración. Además, en coadyuvar para que el sistema bancario fuera más competitivo, al vigilar el ingreso de nuevos jugadores y la diversificación de la banca comercial tradicional, a otros sistemas de pagos. Sin duda, Carstens lo hizo muy bien. Su nuevo puesto puede verse como un justo premio.

Ciertamente, si México iba a tener un 2017 incierto, ahora lo será más por la salida de Carstens. Afortunadamente, él emitió su anuncio con antelación para que los mercados no sobre reaccionaran. Ahora, lo más importante es tomar la mejor decisión sobre quién sustituirá al gobernador actual.


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¿Quién debe suceder a Carstens?

Debemos considerar diversos factores. El primero, preguntarnos si el Banco de México está listo para más. La respuesta es sí. El Banco de México se encuentra actualmente en una zona de confort. Si la inflación y sus expectativas ya están de alguna manera ancladas, entonces hay que ir por más.

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El Banco de México necesita ampliar su mandato. De un mandato único a un mandato triple, que puede resumirse en lo siguiente. En primer lugar y como prioridad, defender el poder de compra de la moneda. Un segundo mandato sería que una vez logrado el objetivo de inflación, se utilicen instrumentos de política monetaria para propiciar las condiciones que incentiven el crecimiento. Como tercer mandato, vigilar y, en su caso, actuar con los instrumentos correspondientes para evitar que la volatilidad de la moneda impacte negativamente en la formación de los precios y en las expectativas de consumo. Esto no con el fin de defender un nivel cambiario, sino de combatir el deterioro de la confianza causada por la depreciación del peso.

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Dada la coyuntura actual y los factores que hemos mencionado, el sucesor ideal debe reunir muchas de las características del gobernador Carstens. Además, debe ser alguien preparado para tiempos de guerra. Más aún, alguien que pugne por la ampliación del mandato y de las facultades del Banco de México. Esto, porque el contexto internacional de los próximos 4 años así lo demanda. Personas con el perfil del gobernador actual solo pueden encontrarse dentro de la misma institución. Por ello, considero que la persona elegida debería provenir del banco. Alguien sin filiación partidista y mucho menos con algún pasado político. En este sentido, el subgobernador Manuel Sánchez es uno de los mejores economistas del país y es bien conocido en los círculos financieros de Estados Unidos. Veamos.

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