OPINIÓN: ¿Cómo debería ser la despedida de Barack Obama?

El presidente termina su mandato con frustraciones y con una actitud sobria por las dificultades que trajo consigo el funcionamiento del sistema político estadounidense.
El legado de Barack Obama entre sombras y luces
JULIAN ZELIZER

Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton y miembro de New America. Escribió los libros Jimmy Carter y The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society. También es uno de los conductores del podcast Politics & Polls. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pronuncie su discurso de despedida desde su casa en Chicago, el martes 10 de enero, tendrá una oportunidad especial para hablar del principal desafío al que se enfrenta su país.

El presidente comenzó su histórico mandato cuando el país estaba en medio de una crisis económica y de política exterior. Aunque las crisis han cedido y la economía está en pleno crecimiento, el país sigue enfrentando grandes desafíos.

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Obama enfrentó crisis mundiales, terrorismo, tiroteos masivos y los desafíos de la desigualdad económica creciente. Intentó cumplir la promesa que generaciones de demócratas habían hecho: garantizar la atención médica universal. No obstante, el futuro de su legado sigue siendo incierto, ya que su sucesor será republicano y los republicanos controlan ambas cámaras.

Aunque la Constitución no los obliga a pronunciar un discurso de despedida, muchos presidentes han seguido el ejemplo que George Washington puso cuando presentó un discurso de despedida por escrito en 1796, con la intención de garantizar una transición pacífica.

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El tema más importante que el presidente Obama puede tocar sería el sistema político disfuncional dentro del que gobernó. Obama, quien inició su carrera política en la Convención Demócrata de 2004, en donde prometió que la política estadounidense podía ser mejor que las divisiones partidistas de las que todo el mundo hablaba, termina su mandato con frustraciones y con una actitud sobria por las dificultades que trajo consigo el funcionamiento del sistema político estadounidense.

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Cuando deje la presidencia, debería regresar al lugar del que partió e implorarle a los estadounidenses que arreglen lo que para él evidentemente está roto.

La despedida que destaca

Si hay un discurso de despedida que destaca de entre los demás, sería el del expresidente Dwight Eisenhower. Tras pasar muchos años peleando contra el Congreso Demócrata para reformar la forma en la que el gobierno tomaba decisiones relativas al gasto militar, en un esfuerzo por implementar su disciplina fiscal, le advirtió al país que existía un "complejo militar-industrial" que representaba un peligro inmenso para el país.

Como héroe militar de la Segunda Guerra Mundial, Eisenhower sintió la confianza suficiente como para arremeter contra el nexo entre comisiones legislativas, contratistas de defensa y autoridades militares que tomaban decisiones sobre la forma de gastar el dinero del erario sin tomar realmente en cuenta las necesidades en defensa.

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"Esta conjunción del inmenso aparato militar y de la gran industria armamentista es nueva en la experiencia estadounidense", advirtió Eisenhower.

"No obstante, no podemos equivocarnos al comprender sus serias implicaciones… En los consejos de gobierno, debemos ser cautos de no recibir la influencia injustificada, ya sea intencional o no, del complejo militar-industrial. Existe y persiste el potencial de que un poder mal orientado tenga auge desastroso. Nunca debemos dejar que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades y nuestros procesos democráticos".

Este discurso no destaca solamente por haber sido uno de los mejores discursos de despedida de la historia de las presidencias estadounidenses, sino que es un discurso en el que Obama debería inspirarse mientras considera algunas de las razones por las que no alcanzó ciertos objetivos básicos.

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En vez de advertir sobre el complejo militar-industrial, Obama debería usar sus palabras de despedida para advertir al país sobre lo peligroso que es el complejo partidista-industrial para el país. Obama ha hablado muchas veces de las fuentes institucionales del estancamiento.

Como político que comenzó su carrera nacional en 2004, prometiendo al país que no había un Estados Unidos demócrata ni republicano, sino que solo existía Estados Unidos de América, Obama aprendió durante su mandato que las fuerzas que producen la polarización partidista son extremadamente poderosas.

La dinámica financiera de las campañas permite que las organizaciones dedicadas a un solo objetivo presionen a los políticos para que rechacen llegar a acuerdos partidistas. La forma en la que está organizado el Congreso otorga a los líderes grandes cantidades de dinero procedente de las campañas y herramientas procedimentales para garantizar que los miembros de su comité electoral sigan la línea.

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A través de la manipulación se han creado distritos homogéneos en los que el incentivo de los miembros del Congreso es actuar según sus intereses políticos e ignorar todo lo demás. Además, el entorno mediático en el que cada vez más cadenas noticiosas y sitios de internet con tendencias abiertamente partidistas fomenta entre el electorado la postura de que el otro partido siempre está equivocado y siempre es el villano.

Qué opinó Washington

Obama puede combinar el tema de Eisenhower con parte del discurso de George Washington, que contiene advertencias igualmente mordaces. Washington puso de relieve las diferentes amenazas a las que se enfrentaba su república (que para algunas personas aún existen) con la intención de indicar el rumbo hacia un futuro de mayor poder. A Washington le preocupaban la necesidad de evitar la influencia del extranjero en la política interna y los peligros de la ruptura en facciones.

"El dominio alternado de una facción sobre otra, agudizado por el espíritu de la venganza, propio de un disenso partidista (que en diferentes épocas y países ha causado las atrocidades más terribles), es en sí mismo un despotismo espantoso", señaló.

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En vista de que el país está sumido en un entorno faccioso tras la elección de Donald Trump, las palabras de Washington podrían servir de inspiración a Obama para que hable de que la polarización feroz amenaza la estabilidad de la democracia; tomemos como ejemplos la incapacidad del Congreso para asumir sus responsabilidades básicas, tales como aprobar un presupuesto, y el proceso electoral que alimentó la clase de discurso que escuchamos de parte de Donald Trump.

Para que el mensaje transmita cierta esperanza, Obama puede inspirarse en el discurso de despedida que Harry Truman pronunció en 1953.

Truman encontró la forma de hablar de los peligros a los que se enfrentaba el país, pero dentro de un marco que indicaba la forma en la que Estados Unidos podría superar este obstáculo.

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Como su popularidad había caído hasta el fondo a causa del estancamiento en Corea, Truman lanzó una firme advertencia sobre los peligros a los que se enfrentaba el país a causa de la Guerra Fría. Insistió en que Estados Unidos saldría victorioso del siguiente desafío.

"Supongo que mi presidencia se recordará como los años en los que la Guerra Fría comenzaron a ensombrecer nuestra vida", dijo Truman. "Pero cuando la historia diga que durante mi presidencia comenzó la Guerra Fría, también dirá que en esos ocho años establecimos el curso con el que la ganaríamos".

Además de advertir sobre los peligros que representan las instituciones polarizadoras de Estados Unidos, Obama tiene que recordarles a los estadounidenses que hay un camino para avanzar y alentar al sistema político a seguirlo. La reforma tendría un propósito.

'Ya lo veíamos venir'

De hecho, en vista de su discurso histórico en la Convención Demócrata de 2004, sería muy adecuado que Obama terminara su mandato emitiendo una advertencia firme al país sobre la necesidad de reformar el proceso político y debilitar algunas de las fuentes que siempre alimentan la polarización partidista.

Como le dijo Obama a David Remnick, de la revista estadounidense The New Yorker, refiriéndose a la victoria de Trump: "ya lo veíamos venir".

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Donald Trump no es un caso atípico: es la culminación, la conclusión lógica del discurso y las tácticas que el Partido Republicano ha blandido desde hace 10, 15 o 20 años.

"Lo que me sorprendió fue el grado al que esas tácticas y ese discurso se salieron totalmente de control. No había principios de gobierno, no había alguien que dijera: 'No, esto está yendo demasiado lejos, esto no es lo que nosotros representamos'. Pero lo hemos visto desde hace ocho años, incluso con personas sensatas como John Boehner, quien, cuando las cosas se pusieron intensas, no pudo oponerse a esas corrientes".

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Y si los partidarios de Obama han perdido la esperanza de que servirá de algo pelear por el cambio, podría inspirarse un poco en Reagan, quien concluyó su discurso de despedida con "una última palabra para los hombres y las mujeres que participaron en la revolución Reagan: Amigos míos, lo logramos. No solo estábamos checando tarjeta. Hicimos la diferencia. Hicimos que la ciudad fuera más fuerte, hicimos que la ciudad fuera más libre y la dejamos en buenas manos. Dentro de todo, no estuvo mal, nada mal".

Obama también puede recordarles a todos los que votaron por él que su gobierno pudo lograr muchas cosas y recordarles las muchas cosas que, para él, han ayudado a que el país esté en una situación mejor que cuando empezó. Puede decir que si eso fue posible, también es posible pelear para que el sistema político sea mejor que ahora.

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Ahora que el país ha visto cómo las fuerzas de la polarización pueden presionarlo (con Donald Trump en la Casa Blanca), es el momento perfecto para que Barack Obama emita la misma clase de advertencia sobre lo que pasa en la política estadounidense que Eisenhower emitió cuando dejó la Casa Blanca.

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