OPINIÓN. La calificación final de Obama: ¿cumplió con lo prometido?

Cinco apreciaciones sobre el legado del presidente saliente de EU, desde la reforma de salud al cambio climático, pasando por la inmigración y los matrimonios igualitarios.
El presidente Obama dio un mensaje a la nación desde Chicago, ciudad donde proclamó sus victorias en las elecciones de 2008 y 2012.
Despedida  El presidente Obama dio un mensaje a la nación desde Chicago, ciudad donde proclamó sus victorias en las elecciones de 2008 y 2012.  (Foto: EFE)

Nota del editor: Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente de los autores.

(CNN) – Barack Obama termina el 20 de enero sus dos mandatos en la Casa Blanca. Presentamos cinco apreciaciones sobre su legado, desde la reforma de salud al cambio climático, pasando por la inmigración y los matrimonios igualitarios.

El frágil legado ‘transformador’ de Obama


Julian Zelizer es profesor de historia y asuntos públicos en la Universidad de Princeton e investigador de New America. Es el autor de los libros " Jimmy Carter" y "The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society". También copresenta el podcast" Politics & Polls".

Cuando Barack Obama ganó las elecciones primarias contra Hillary Clinton en 2008, resumió su búsqueda por la presidencia en un discurso en St. Paul, Minnesota:

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"Si estamos dispuestos a trabajar, luchar y creer en él, entonces estoy absolutamente seguro que dentro de generaciones venideras, seremos capaces de mirar hacia atrás y decir a nuestros hijos que este fue el momento en que empezamos a brindar cuidados a los enfermos y buenos empleos a los desempleados; este fue el momento en que el ascenso de los océanos comenzó a disminuir y nuestro planeta comenzó a sanar; este fue el momento en que terminamos una guerra y aseguramos nuestro país y restauramos nuestra imagen como la última, la mejor esperanza en la Tierra. Este fue el momento - esta fue la época – en que nos unimos para rehacer esta gran nación para que siempre pueda reflejar nuestro mejor ser y nuestros más altos ideales".

Elegido como figura transformadora, el primer presidente afroamericano pronto tuvo que enfrentar la realidad del partidismo en Washington y los límites del poder presidencial. Y ahora que termina su último mandato, el legado de Obama está en vilo. Aun cuando Obama no pudo lograr muchas de las promesas -como poner fin al amargo partidismo del Congreso- desde la perspectiva de 2017, deja un significativo registro de avances en muchas de las causas que describió en ese discurso de St. Paul.

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Ayudó a sacar al país de una severa crisis económica y financiera, mientras avanzaba con una audaz agenda doméstica que amplió extensamente el papel del gobierno en la atención sanitaria y la regulación financiera.

Pese a todo lo que se dice respecto a que el presidente-electo Trump salvó teóricamente 750 empleos de Carrier, el programa de estímulo económico de Obama, incluido el rescate de la industria automotriz, revivió toda la economía y la puso de nuevo en el rumbo del crecimiento. Aun cuando los republicanos del Congreso obstruyeron todo después de 2010, Obama utilizó el poder ejecutivo para progresar en temas como el cambio climático.

A pesar de muchos problemas en el extranjero -el caos en Siria y el ascenso de ISIS- Obama se opuso a una política exterior basada en la fuerza, un enfoque adoptado por su predecesor George W. Bush, mostrando en su lugar un enfoque más moderado y cauteloso a la intervención en el extranjero, con resultados mixtos. Estableció un histórico acuerdo sobre armas nucleares con Irán y participó en el Acuerdo Climático de París. No sabemos qué pasará con todo esto, ni siquiera dentro de un año.

Parte de la amenaza que enfrenta este legado es producto del propio fracaso de Obama como constructor de partido. A diferencia de Franklin Roosevelt, que dejó atrás una sólida coalición del New Deal que pudiera proteger y expandir sus programas una vez fuera del cargo, Obama termina su mandato dejando a los demócratas en peor forma que cuando empezó. Los republicanos ahora controlan ya sea los palacios de gobierno o las cámaras legislativas estatales en 44 estados, ostentando el control completo en 25 estados. Nebraska es la excepción porque su legislatura es no partidista.

Si los demócratas quieren asegurarse de que su legado no se desintegre, tendrán que emprender esfuerzos muy serios desde el primer día para reconstruir el partido. Eso deberá ser una prioridad si quieren defenderse mientras el Partido Republicano intenta desmantelar el testimonio que Obama ha dejado atrás.

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Sabrina Corlette: Llevó servicios de salud a 20 millones de personas


Sabrina Corlette es profesora de investigación en el Center on Health Insurance Reforms del Instituto de Política Sanitaria de la Universidad de Georgetown.

Como senador de Estados Unidos, Barack Obama no hubiera podido imaginar que la reforma de la salud se volvería una política doméstica emblemática de una futura presidencia. De hecho, ante la crisis financiera de 2008, la salud pasó comprensiblemente a segundo término frente al empleo y la economía.

Pero el presidente Obama no pudo alejarse de la reforma sanitaria. La creciente evidencia de que el sistema de salud estadounidense era insostenible obligó a que su administración asumiera la reforma sanitaria como su primera gran iniciativa de política nacional.

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Los hechos eran ineludibles: el seguro médico era mayormente inaccesible para millones de personas con afecciones preexistentes, uno de cada siete estadounidenses no tenía seguro médico, la deuda médica era una de las principales causas de la quiebra personal y el ineficiente sistema de salud engullía una proporción cada vez mayor de la economía del país (más del 17% en el momento en que el presidente Obama asumió el cargo). La reforma de la atención sanitaria se convirtió no sólo en una prioridad, sino en un imperativo económico.

Obama hizo todo para lograrlo. Cuando, en medio de un debate legislativo extenuante y políticamente divisivo, los asesores instaron al presidente a pactar y desistir, se negó. Al final firmó la Ley de Protección de Pacientes y Asistencia Asequible, ahora llamada "Obamacare", promulgada el 23 de marzo de 2010. Fue, desde cualquier ángulo, un logro histórico.

El legado de Barack Obama entre sombras y luces

Desde Harry Truman los presidentes de Estados Unidos habían intentado sin éxito una reforma integral de la salud, pero Obama lo consiguió. A pesar de un comienzo rocoso y la oposición absoluta de los líderes del Congreso, la ley puso fin a la discriminación contra las personas con condiciones preexistentes, amplió la cobertura a 20 millones, principalmente estadounidenses de clase trabajadora, ralentizó el crecimiento de los costos de la atención médica y creó nuevos incentivos para que los proveedores brindaran una atención de mayor calidad a un costo menor.

Incluso con este avance, la ley sigue siendo controvertida. Muchas disposiciones son impopulares, en particular la sanción para las personas que no mantienen la cobertura médica. Las aseguradoras se han visto en dificultades financieras en los nuevos mercados que la ley trajo, lo que ocasionó que algunas dejaran el sector y que muchas de las que quedan aumentaran las primas. La ley puede ser derogada.

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Sin embargo, los nuevos líderes de nuestra nación quizás encuentren más difícil de lo que creen desmantelar la ley homónima del presidente Obama y retirarle la cobertura a 20 millones de personas.
Calificación final: A, por el esfuerzo; B por la ejecución

Nueva dignidad para gays y lesbianas


Theodore B. Olson es socio del bufete Gibson, Dunn & Crutcher en su oficina de Washington D.C. y sirvió como fiscal general durante la presidencia de George W. Bush. Ha litigado 62 casos en la Corte Suprema de Estados Unidos, incluyendo Hollingsworth v. Perry, el caso que pedía la derogación de la Propuesta 8 de California que prohíbía los matrimonios del mismo sexo.

En el debate sobre el legado del presidente Obama, algo importante se ha pasado por alto.

El 8 de noviembre de 2008, justo mientras los votantes de Estados Unidos elegían al primer presidente afroamericano del país, los votantes de la liberal California estaban aprobando la Propuesta 8. Al igual que decenas de medidas similares adoptadas en otros estados, prohibía el matrimonio que no fuera entre un hombre y una mujer.

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Como consecuencia, gays y lesbianas quedaban excluidos de lo que el Tribunal Supremo ha descrito en varias ocasiones como la relación más importante en la vida. El público aprobó por abrumadora mayoría medidas como la Propuesta 8, negándoles a las parejas del mismo sexo el derecho a casarse.

En ese momento, Obama dijo que él también desaprobaba el matrimonio del mismo sexo. De hecho, el tema era tan tóxico que George W. Bush lo había aprovechado para apuntalar su reelección en 2004.

Pero entonces el presidente Obama cambió de opinión. "Evolucionó", según sus propias palabras. Anunció su oposición a la discriminación en todas sus formas: en las fuerzas armadas, en la "Ley de Defensa del Matrimonio" que había sido aprobada durante la administración Clinton, y en la Propuesta 8 y medidas similares. Su Departamento de Justicia se fue a los tribunales calificando de inconstitucionales esa clase de medidas.

En poco tiempo, la actitud del país cambió y los tribunales dictaminaron en repetidas ocasiones que leyes como la Propuesta 8 violaban el debido proceso y las cláusulas de protección igualitaria de la Constitución estadounidense. La anticipada reacción pública contra tales resoluciones nunca se materializó. Ahora en todos los estados las personas pueden casarse con la persona que aman, independientemente de su sexo.

La intervención del presidente Obama fue decisiva. Él ayudó a devolver la igualdad y la dignidad a gays y lesbianas en todo el país. Esta es una parte permanente y transformadora de su legado.
Calificación final: B+

¿Dónde está el crecimiento económico?


Douglas Holtz-Eakin preside el American Action Forum. Fue uno de los directores de la Oficina de Presupuesto del Congreso y fue economista jefe del Consejo de Asesores Económicos del Presidente George W. Bush.

El legado de Obama es un pobre crecimiento: un pobre crecimiento macroeconómico, un pobre crecimiento de la productividad y especialmente un pobre crecimiento de los salarios. Los ingresos promedio por hora -ajustados a la inflación- han crecido a una raquítica tasa anual de 0.25% desde que comenzó la recuperación en junio de 2009. El fracaso en lograr una mayor rentabilidad del trabajo afectó a las familias estadounidenses y alimentó el levantamiento político populista. Es su fracaso económico más significativo.

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No es la manera en que Obama quiere ser recordado. Sus defensores insisten frecuentemente en la profunda recesión que heredó, en las acciones de recuperación y en los casi 160,000 empleos creados en promedio cada mes que redujeron la tasa de desempleo por debajo del 5%. Pero el intento de atribuirle a Barack Obama la recuperación olvida dos puntos clave.

Primero, cualquier presidente habría actuado. Es inconcebible que en circunstancias tan sombrías un nuevo presidente se hubiera cruzado de brazos. Segundo, la economía iba a recuperarse en algún momento; todo lo que pueden hacer las políticas de cualquier presidente es acelerar las cosas. Por lo tanto, la cuestión es la calidad de las políticas de recuperación; no es un caso que los defensores de Obama pueden argumentar con éxito.

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El legado no es el 5% de la fuerza laboral que finalmente encontró empleo. El legado es el 90% de la fuerza laboral que tenía un trabajo, todavía tiene un trabajo, y sigue esperando un aumento salarial.
Calificación final: C-

La diluida promesa de una reforma migratoria


Raul A. Reyes, abogado y miembro de la junta de los colaboradores de USA Today, escribe con frecuencia para CNN Opinion. Síguelo en Twitter@RaulAReyes.

Hoy no estamos más cerca de resolver el problema de la inmigración indocumentada de lo que estábamos hace ocho años. Más bien al contrario, el país parece más polarizado que nunca en torno a este tema. Con todo, es injusto culpar al presidente Obama por el fracaso de la reforma integral. La política inmigratoria es la tarea del Congreso.

El presidente reconoció claramente las contribuciones de los inmigrantes y presionó al Congreso para que aprobara una reforma que incluyera un camino hacia la ciudadanía para los indocumentados. Pudimos haber tenido una reforma migratoria en 2013, luego de que el grupo bipartidista conocido como la "Banda de los Ocho" presentara su histórico proyecto de ley sobre inmigración. Su fracaso recae en los republicanos de la Cámara, que se negaron a permitir siquiera una votación sobre la medida.

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A su favor, cabe decir que en 2012 Obama protegió de la deportación a más de 740,000 jóvenes a través de su programa de acción diferida (DACA). Y trató de conceder una medida similar a una clase más amplia de inmigrantes indocumentados a través de una acción ejecutiva en 2014, que naufragó debido a escollos legales interpuestos por gobernadores republicanos.

De haber logrado la ampliación de DACA y la implementación de la acción diferida para los padres de estadounidenses (DAPA), Obama podría haber ofrecido alivio de deportación y permisos de trabajo a casi la mitad de nuestra población indocumentada. Sin embargo, se trataba de medidas provisionales y temporales.

Mientras tanto, las deportaciones récord de Obama fueron incesantes y permanentes. Hay que multiplicar sus 2.5 millones de deportados - más que cualquier otro presidente - por todas las familias separadas, las comunidades afectadas y los debidos procesos denegados para entender a cabalidad la devastación que sus agresivas políticas de inmigración han tenido en las poblaciones inmigrantes y latinas.

El gobierno de Obama también adoptó un enfoque desconcertante y disuasorio hacia los solicitantes de asilo y refugiados de Centroamérica, tratándolos como inmigrantes ilegales cuando muchos estaban huyendo por sus vidas.

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A los críticos conservadores les gusta afirmar que él pudo haber materializado la reforma migratoria al comienzo de su primer mandato, cuando los demócratas controlaban ambas cámaras del Congreso. Esta afirmación pasa por alto que, en ese momento, el presidente estaba enteramente ocupado con enderezar nuestra economía, que estaba al borde del colapso, y con su cruzada por la ley de salud. Hubiera sido poco realista para el presidente, en un momento tan crítico, priorizar las necesidades de nuestra población indocumentada sobre los ciudadanos estadounidenses.

La triste ironía es que parece que pagó un alto precio por actuar de buena fe. Al parecer creía que si reforzaba el control migratorio lograría luego que los republicanos confiaran en él y se le unieran en una reforma integral. Así que Obama hizo su parte, hizo cumplir celosamente las leyes de inmigración - hasta el punto de ser etiquetado el "Deportador en jefe" - y no obstante, los republicanos se negaron a trabajar con él de todos modos. El presidente ahora posee un complicado legado en materia de inmigración, que sin duda lo deja tan frustrado como muchos de sus aliados latinos e inmigrantes.
Calificación final: B

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