OPINIÓN: La discriminación de la mujer y otras exclusiones

Desde 2008 la agenda de género está detenida. No será lo único que sufra los peligros del populismo del 'brexit' y Trump.
Alerta  La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, advirtió que además de las dificultades económicas para la inclusión, también le preocuparía que un hombre joven preparado fuera excluido.  (Foto: AFP)
Alberto Bello /

Nota del editor: Alberto Bello es director Editorial de Negocios de Grupo Expansión. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(Expansión/Davos) – La gran recesión la sufrieron las clases medias, los países de América Latina y, curiosamente, quienes buscan la equidad de género entre hombres y mujeres.

En la sala del Centro de Congresos donde se discutía el tema en Davos solo había un puñado de hombres.

“Mientras la igualdad de género sea una cosa de mujeres, esto no va a avanzar”, se repetía el miércoles en una sesión dedicado a la equidad de género en la reunión del Foro Económico Mundial.

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Desde 2008, el proceso de incorporación de la mujer al mercado laboral y a los puestos de poder está estancado. Nadie discute que, como dicen los estudios, las compañías con mujeres en el consejo de administración incrementan sus rentabilidad más del 50%. Tampoco nadie hace nada al respecto.

“Las dificultades económicas no son buenas para la inclusión”, afirmó Christine Lagarde, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional en una apasionada participación en defensa de un aceleramiento de la llegada de la mujer a puestos de poder.

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El panel estuvo próximo a apoyar una política de cuotas de hombres y mujeres en las empresas. “En Panamá más mujeres se gradúan en la universidad que hombres. No me gustan las cuotas… pero no va a suceder sin cuotas como la del Foro Económico Mundial que fijó que 50% de los Global Shapers sean mujeres”, dijo la vicepresidenta y ministra de exteriores de Panamá, Isabel de Saint Malo, refiriéndose a los jóvenes líderes invitados por el Foro cada año a Davos.

Lagarde advirtió que también le preocuparía que un hombre joven preparado fuera excluido por una política así.

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La meta acordada en la reunión del G20 en Australia lo dice todo: los mayores países del mundo, México incluido, aspiran a cerrar al 25% la brecha entre hombres y mujeres. Un estudio del Foro Económico Mundial de octubre mostró que al ritmo actual harían falta 170 años para llegar a la paridad total de género.

Toda una derrota para una agenda, la de inclusión de la mujer, que traería productividad, mejores servicios y ofrecería una mayor movilidad global, recordó Lagarde.

La directora gerente del Foro Económico Mundial ofreció su fórmula para cambiar las cosas cuando era ministra de Finanzas de Francia. Los empresarios, al comentarle su interés por tener mujeres en su consejo, referían: “el problema es que no las encontramos, hay muy pocas y están sobre solicitadas”.

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“Cuando lo aprendí, siempre llevaba una lista con 25 nombres de mujeres completamente competentes”. Como ministra, rió Lagarde, todos se inclinaban por escuchar.

La llamada fue clara: si las mujeres no toman la iniciativa, difícilmente sucederá el cambio. Ahí está, como prueba, la agenda legislativa que está proponiendo en México la senadora Cristina Díaz para impulsar una política de cuotas en empresas y sector público, que dará mucho de qué hablar en los próximos meses.

La lucha estadística de las clases medias

La exclusión de la mujer es una de las que heredamos de la crisis de 2008. Otra es el contraste que se manifiesta cada día entre las clases medias crecientes del mundo en desarrollo, principalmente en China e India, y el miedo y la inseguridad en que viven las de Europa y Estados Unidos.

En una mesa anterior a la de género, Lagarde, quien en 2013 advirtió sin que nadie hiciera mucho caso del problema de la desigualdad, matizó que las clases medias no se encogen, sino que crecen globalmente. El problema es que “en Estados Unidos se contrajeron al pasar de ser el 60% al 50% de la población”.

En América Latina tres de cuatro estudiantes universitarios son los primeros de la familia en acceder a la universidad. En cambio, en el mundo en desarrollo los padres que saben que sus hijos tendrán una situación económica peor que ellos debido a la doble presión de la tecnología y la globalización.

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El sentimiento de abandono de los políticos, a quienes la población ve atendiendo las necesidades de las minorías, se combina con el bajo crecimiento para traer la corriente populista del brexit o la victoria de Trump.

El mayor reto, como insistió el siempre provocador Larry Summers, secretario del Tesoro con Bill Clinton, es que “no hay recetas mágicas”. Y el populismo no es una de ellas.

El populismo solo ha demostrado una cosa históricamente: que juega en contra de las clases a quienes se les ofrece como receta, como bien recordó Summers.

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Pero en Davos se trata de dar recetas. Lagarde se enfocó en el cambio estructural y las políticas de oferta que crean mayor certeza a la inversión y crecimiento.

Según Summers, para un demócrata antitrump, la única vía para terminar con la indignación sería que los países pusieron tanto empeño en combatir la evasión de impuestos y la corrupción como los que ponen para la protección de la propiedad intelectual.

A esto sumó un programa de inversión público en infraestructura y una búsqueda por los poderes políticos de soluciones para los sueños del americano –o europeo promedio: una educación para sus hijos, una casa, etc.

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En este contexto, ¿qué puede hacer América Latina? José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, sugiere las recetas tradicionales de mayor productividad (educación, capacitación), innovación (subir de 0.5% de inversión en inversión y desarrollo a los 4% de Corea), instituciones sólidas, combate a la corrupción.

Son recetas que llevamos escuchando cuatro décadas. ¿Por qué no suceden? ¿Cómo provocar el cambio? Moisés Naim sugirió eliminar “la coexistencia pacífica con los asesinatos”, buscar metas para reducir el número de asesinatos en la región, el más alto del mundo.

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La gran victoria de la región es la lucha contra la corrupción en Brasil y la destitución del presidente de Guatemala por corrupción “no por los militares, sino por instituciones”. Un fenómeno insólito: el uso de la legalidad para transiciones de poder conflictivas.

El procurador general brasileño Rodrigo Junot estaba ahí para dar fe: la independencia institucional del ministerio público brasileño y la cooperación con los ministerios públicos latinoamericanos les permitió armar un caso que ha llevado a la cárcel a los líderes políticos y a empresarios como Marcelo Odebrecht, que tenía en su empresa toda un área encargada de aceitar los contratos con pagos a funcionarios públicos en toda América Latina.

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Una receta enlaza con el rol de la mujer en la sociedad. Incluir la equidad de género en la discusión, dijo Rebeca Rynspan, de la secretaría general Iberoamericana. La incorporación plena de la mujer podría crecer 18% al PIB”.

El problema, en esta pescadilla que se muerde la cola, es que son los hombres los que tienen que dar el paso.

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