OPINIÓN: El Congreso de Estados Unidos, clave para frenar a Trump

A diferencia de México, el Congreso estadounidense tiene capacidad efectiva de supervisión sobre el Ejecutivo, controla las partidas y el bolsillo de la burocracia federal.
Republicanos y demócratas reaccionan a decreto de Trump que afecta a migrantes
MARCO A. MORALES

Nota del editor: Marco A. Morales es Investigador Afiliado al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Su cuenta de Twitter es @marco_morales. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(Expansión) – El escenario improbable sucedió (Donald Trump es presidente) y el impensable se materializó (Luis Videgaray regresó al gabinete). A unas cuantas semanas de haber tomado posesión, ambos han demostrado una habilidad errática digna de admiración.

A un mes de esta nueva realidad, más allá de la retórica nacionalista en defensa de la soberanía, el gobierno federal no ha comunicado los detalles de una estrategia – si es que existe – para enfrentar los dos temas de relevancia para México en la agenda pugilística de Trump: la construcción del muro en nuestra frontera norte y la renegociación del TLCAN.

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Una estrategia efectiva contra estas dos amenazas requiere entender a Estados Unidos y su realidad.

Primer punto. Para quienes creen que México es EL tema medular en la opinión pública estadunidense cada vez que Trump menciona el muro o el TLCAN, un momento de verdad: la opinión pública estadunidense está tan pendiente de México, como la opinión pública mexicana está al pendiente de Nicaragua.

Un ejemplo: cuando México se escandalizaba porque Trump confirmaba el tono de la llamada con Peña Nieto, Estados Unidos – entre cortes del Super Bowl – se preocupaba porque defendió a Putin. Con muy escasas excepciones, México es un pie de página para la opinión pública estadunidense.

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Segundo punto. Cuando Trump habla de México, no le habla a México; le habla a su audiencia doméstica. México no es un tema de política exterior o doméstica, pero los temas que tocan directamente a México son insignias en el discurso Trump de los agravios que sufren los estadunidenses. La razón de ser de su presidencia es acabar con estos agravios. México es solo daño colateral.

Con la opinión pública indiferente y la retórica en contra, pareciera que la única alternativa viable es negociar lo salvable con Trump desde una posición de debilidad. Pero lo que frecuentemente olvidan 'comentócratas', analistas (y, al parecer asesores) en México es que la instrumentación de una buena parte de la agenda de Trump depende de la anuencia del Congreso.

Posiblemente se olvida porque, a diferencia de México, el Congreso en Estados Unidos es el poder más fuerte de los tres. El Congreso tiene capacidad efectiva de supervisión sobre el Ejecutivo, controla las partidas y el bolsillo de la burocracia federal, y ejerce su capacidad de proponer cambios a la legislación federal 'sin pedirle permiso al Ejecutivo'.

Senado y Cámara de Representantes mantienen la mayoría republicana

No solo importa que Trump haya ganado la presidencia; importa – tal vez más – que los Republicanos tengan una mayoría en ambas cámaras en el Congreso. Igualmente importante es que las posiciones de liderazgo en ambas cámaras se mantienen esencialmente sin cambios. Esto quiere decir que conocemos las posiciones históricas del liderazgo republicano en el Congreso y, en consecuencia, algo sabemos sobre las preferencias de sus electorados y financiadores.

Migración: la tarea pendiente

Los llamados de Trump a construir un muro con México y los endosos a grupos anti-inmigrantes ponen a la regularización de migrantes indocumentados bajo el reflector en un ambiente innecesariamente complicado.

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Sin embargo, los cambios más importantes – fuera de las deportaciones de inmigrantes indocumentados en curso– tienen que pasar necesariamente por el Congreso. ¿Cuál es la posición mas reciente del Congreso sobre este tema?

Los votos más recientes sobre la Reforma Migratoria Integral pueden ayudarnos a formar una idea sobre la aceptación de esta idea en el Congreso. La iniciativa no fue aprobada porque el liderazgo Republicano en la Cámara de Representantes mandó la iniciativa a la congeladora. En el Senado, sin embargo, contó con el respaldo de todos los Demócratas y un tercio de los Republicanos.

Cuando parecía inminente una presidencia de Hillary Clinton, algunos líderes republicanos en el Congreso llegaron a manifestar – en corto – alivio, porque eso les daría cobijo para no oponerse con vehemencia a la agenda migratoria. Este cobijo, inevitablemente, se esfumó con la victoria de Trump y la mayoría republicana en ambas Cámaras.

Libre Comercio: ¿retroceso inevitable?

Una parte central del discurso de Trump fue proteger a los trabajadores estadunidenses de la fuga de empleos hacia otros países. Si bien Trump puede tomar acciones como la “negociación” para obligar a Carrier a cancelar sus planes de trasladar su planta a Monterrey, cualquier modificación de fondo a la política comercial estadunidense requiere la anuencia del Congreso. ¿Cuál es la posición actual del Congreso en este tema?

El voto reciente del Trade Promotion Authority (TPA) que otorgó al Presidente Obama la autoridad (fast track) para negociar comprehensivamente el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) demuestra que una mayoría de republicanos en cada cámara del Congreso respalda el libre comercio.

La ironía es que el discurso anti-comercial de Trump (anti-TLCAN, anti-libre comercio) que busca “proteger a los trabajadores estadunidenses” tiene el mayor respaldo justamente entre los legisladores demócratas en el Congreso.

En teoría, pues, existen las condiciones para formar una coalición con Republicanos para temas comerciales y con Demócratas para temas migratorios. ¿Cómo reclutarlos?

Los botones del Congreso estadounidense

La gran virtud (y la gran debilidad) del Congreso estadunidense es su sistema electoral. Las carreras políticas de los legisladores – independientemente de su rango y poder dentro del Congreso – dependen de atender suficientes demandas de votantes y donantes que les garanticen un margen de maniobra suficiente para instrumentar su agenda personal. Sin votos suficientes, pierden su escaño.

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Sin financiamiento suficiente, aparecen más y mejores candidatos que son difíciles de derrotar.

Ahí los botones del Congreso.

1. Coalición con aliados naturales

Aún cuando los legisladores estadounidenses tienen poder desmedido, también tienen que ser reelegidos para poder mantenerse en funciones. Eso los obliga a responder a sus votantes y, principalmente a los empleadores de sus votantes que financian sus campañas.

Muchos de estos empleadores e intereses económicos tienen preferencias alineadas con México. En más de un estado que depende de la agricultura, empresarios han manifestado su desacuerdo con mayores restricciones a la migración y con deportaciones masivas.

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El alcance es más amplio aún: la eliminación del TLCAN inmediatamente encarecería los insumos de muchas compañías, y los nuevos aranceles harían más caros sus productos en México. Centenas de importadores y exportadores se verían afectados con ello. La amenaza – creíble – de convencerlos de dejar de financiar a congresistas que contravienen sus intereses puede fortalecer la mano negociadora del gobierno mexicano en el Congreso.

2. Movilización de la opinión pública

A diferencia de México, el estado anímico de la opinión pública importa políticamente. En particular, importa a los políticos de carrera porque el estado anímico se traduce en votos. Nada hace cambiar más rápido el voto de un legislador como sus votantes llamándole para manifestar su enojo. Dado que su carrera depende – en gran parte – de sus votantes, ningún legislador se arriesga a confirmar si el enojo le costó votos en su siguiente reelección.

Por eso es que el gobierno de México tiene que hablarle directamente a los votantes estadounidenses. Pero ningún efecto relevante va a tener si continúa hablándoles sobre la defensa de la soberanía de México. (¿Le importaría a los mexicanos si el Canciller colombiano nos habla sobre la defensa de la soberanía de Colombia?). Nada mueve a la opinión pública como el bolsillo. (¿O se nos olvidaron ya las marchas en protesta por el “gasolinazo”?)

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El mensaje que el gobierno mexicano debe repetir en Estados Unidos es muy simple: “el costo de derogar el TLCAN lo vas a pagar tu cada vez que vayas al supermercado, que compres una televisión, que compres un auto. Quien puede detener esto es tu legislador. ¡Llámale!”

Y tiene que usar – y abusar – los medios que consume el estadunidense promedio. El error que constantemente cometen los políticos mexicanos cuando viajan a Estados Unidos es enfocarse exclusivamente en los medios “hispanos”.

Insisto: los legisladores toman muy en serio las llamadas de sus representados, especialmente porque son un indicador muy claro de la importancia del tema… y de sus repercusiones electorales.

3. Cabildeo al interior del Congreso

Influir en los resultados en el Congreso requiere también algún tipo de influencia directa en el proceso legislativo. Como práctica normal, cada legislador y staffers se nutren de información y argumentos de las partes involucradas, y también de negociaciones en múltiples pistas.

Nuestra misión diplomática en Washington mantiene relaciones y cabildea en el Congreso cotidianamente. Es imprescindible robustecer esta tarea de cabildeo directo con legisladores y staffers desde la propia Embajada con despliegue mucho más nutrido de diplomáticos dedicados a esta tarea. No hay por qué descubrir el hilo negro, especialmente cuando tenemos el tiempo en contra.

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El gobierno mexicano puede explotar la credibilidad que, frente a los demócratas, tendría que favorecer un proceso progresivo en materia migratoria que sea más apetecible para los legisladores republicanos y sus votantes. No es una tarea fácil dado el clima anti-inmigrante que comienza a dominar en Estados Unidos, pero no hacer algo ha dejado de ser una alternativa.

En suma…

El reto, en realidad es, revertir el incentivo del liderazgo republicano en el Congreso a votar con Trump. La oportunidad se abre porque son los votantes quienes (re)eligen a los congresistas y sin financiados por intereses especiales. Sin alguno de esos dos, su carrera legislativa termina. Contener a Trump en lo que a México respecta depende, esencialmente, de poder presionar esos botones.

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Tener la fuerza suficiente para explotar la oportunidad que representa el Congreso estadunidense requiere de un incremento sostenido y dirigido en el despliegue de diplomacia política y comercial. El riesgo latente es el fantasma del statu quo – disfrazado de Doctrina Estrada – que no se ha erradicado aún del discurso priista.

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