OPINIÓN: ¿Funcionó el nuevo tono en el discurso de Trump?

Analistas de CNN dan su punto de vista sobre el discurso que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, dio anoche ante el Congreso.
Primera vez  El presidente Donald Trump dio el martes su primer discurso ante el Congreso de Estados Unidos.  (Foto: EFE)

Nota del editor: CNN Opinion invitó a algunos analistas para que dieran su punto de vista sobre el discurso que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, dio ante el Congreso de su país el martes 28 de febrero. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a los autores.

Un maestro del uso de símbolos por sobre la sustancia

Eric Liu es fundador de la Citizen University y director ejecutivo del Programa de Identidad y Ciudadanía Estadounidenses del Aspen Institute. Entre sus libros están A Chinaman's Chance y The Gardens of Democracy. Fue redactor de discursos de la Casa Blanca y asesor político durante la presidencia de Bill Clinton. Síguelo en Twitter: @ericpliu.

(CNN) – En su primer discurso presidencial ante el Congreso, Donald Trump nos recordó que es un maestro del uso de los símbolos sobre la sustancia. También nos recordó que esta es una fórmula para el éxito muy efectiva en la política estadounidense.

Con sus primeras palabras para condenar los actos recientes de antisemitismo (un poco tarde), sus promesas de eliminar dos reglamentos por cada uno que se cree y su mención de una viuda de un miembro de las fuerzas tácticas de la Armada, Trump recurrió mayormente a ademanes retóricos.

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Sin embargo, la gente que critica a Trump por recurrir a dichos ademanes y por ofrecer nuevos detalles olvida que el liderazgo público depende de los símbolos. Es más, depende de establecer una visión simple y de avivarla con símbolos e historias. Les guste o no, Trump es bueno para eso.

Este discurso fue su momento más efectivo en la presidencia. Aprovechó sus talentos naturales (la actuación y la teatralidad) mientras mantuvo a raya sus desventajas (como la falta de curiosidad cínica y la crueldad ocasional).

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Más aún: al hablar de las inversiones en infraestructura y al insinuar una reforma inmigratoria, demostró que está dispuesto a mantener el desequilibrio tanto en la izquierda como en la derecha. Insinuó que los demócratas estarían en problemas si Trump logra mantener la disciplina.

Para su desgracia, sus funciones en general le exigen que se enfrente al mundo con su complejidad actual… y que cumpla.

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Es muy probable que los afanes cotidianos del gobierno revelen que el Trump al que vimos anoche es la excepción y no la norma. "Hemos dejado atrás las épocas de las peleas triviales", dijo. Pero poco después, volvió a tener acceso a su cuenta de Twitter.

Nuevo tono, pero sin claridad

Jen Psaki es analista política de CNN y miembro temporal del Instituto Georgetown para la Política y el Servicio Público; fungió como directora de comunicaciones de la Casa Blanca y como portavoz del Departamento de Estado durante la presidencia de Obama.

(CNN) – Se puede decir que en la historia moderna de las emisiones televisivas no ha habido un discurso ante ambas cámaras del Congreso estadounidense que haya generado tan pocas expectativas.

Esperábamos que Donald Trump invocara las masacres estadounidenses y que pintara un panorama oscuro, pero el discurso fue algo más cercano a un informe amplio y tradicional.

Fue notorio el cambio de tono (respaldado por las historias personales de la segunda mitad del discurso), aunque su brillo solo durará mientras Trump mantenga el tono positivo, lo que puede ser cuestión de unas cuantas horas.

También llamó la atención lo totalmente inconexos que estos comentarios estuvieron respecto a los discursos y los actos de las primeras cinco semanas de la presidencia de Trump.

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En el discurso de Trump hubo algunas omisiones graves, tales como que no se mencionó para nada a Rusia ni se dieron detalles reales sobre la esperada segunda versión de la prohibición a los musulmanes.

También hubo deslices importantes, como cuando declaró que 94 millones de estadounidenses están fuera de la fuerza laboral, afirmación que en el mejor de los casos es engañosa porque incluye a personas que no buscan un empleo.

Fuera de la cobertura noticiosa de cualquier discurso ante el Congreso, el objetivo es dar la pauta para los meses siguientes. Sin embargo, Trump no logró trazar un plan específico para alcanzar sus objetivos políticos.

Igual que ayer, hoy sigue siendo matemáticamente imposible mantener la cobertura de salud para padecimientos preexistentes, abrogar Obamacare y reducir los costos. No tomó decisiones difíciles respecto a cómo lograr una reforma fiscal con la que no se afecten los recortes a los impuestos a la clase media. Tampoco presentó una estrategia nueva para combatir al Estado Islámico de Iraq y Levante (ISIL, por sus siglas en inglés).

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El público es el pueblo estadounidense que mira desde sus hogares, pero a más de cinco semanas de su toma de posesión, también lo son los asistentes al discurso. Tal vez se sientan aliviados por el cambio de tono (y ya veremos cuánto dura), pero la claridad acerca de su agenda legislativa sigue siendo la misma que antes del discurso.

¿Una ofrenda de paz para los demócratas?

Errol Louis es conductor del programa de análisis político Inside City Hall, de la cadena noticiosa neoyorquina NY1.

(CNN) – El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo lo que muchos esperaban: un llamado a la unidad con los demócratas. Esto representa un giro respecto al antagonismo reinante durante su primer mes en la presidencia.

Justo al principio de su discurso, Trump finalmente condenó los ataques antisemitas que han ocurrido en semanas recientes y el tiroteo en un bar de Kansas en el que un hombre indio perdió la vida. Este fue un paso crucial para un presidente que ha evitado reconocer que la cantidad de crímenes de odio va en aumento.

La presentación franca del comandante en jefe difirió totalmente de su estilo grandilocuente usual. Trump mantuvo la calma cuando los republicanos se pusieron de pie para aplaudir y los demócratas se quedaron sentados, o cuando estos rechazaron su propuesta de abrogar Obamacare. En general se abstuvo de volver a hablar de las elecciones y del auge de la coalición que lo llevó al poder, como es su costumbre.

Aunque parecía que Trump estaba haciendo una ofrenda de paz a los demócratas con su postura del martes 28 de febrero, se encontrará en problemas con su propio partido en lo que concierne a su presupuesto.

Como Trump prometió no recortar los programas sociales más importantes, es muy probable que el aumento al gasto militar que pretende implementar cree tensiones con el presidente de la cámara de Representantes, Paul Ryan, quien es duro en lo que respecta al presupuesto. Si no se crea una fuente de ingresos para compensar (Trump se comprometió a reducir los impuestos, no a aumentarlos), el presupuesto podría terminar considerablemente desequilibrado.

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Es probable que Mitch McConnell, líder de la mayoría en el Senado, tampoco sea amistoso con Trump. El republicano de Kentucky dijo que, si el plan presupuestario de Trump (que contempla un recorte del 37% al gasto del Departamento de Estado) llegaba al Senado, esta cámara acabaría con él.

En otras palabras, es probable que Trump haya establecido una conexión con algunos demócratas, pero se avecina un enfrentamiento con los republicanos.

Un discurso que explotó el miedo y la división

Peniel Joseph es presidente de la cátedra Barbara Jordan sobre Valores y Ética Política y director fundador del Centro para el Estudio de la Raza y la Democracia en la Escuela de Asuntos Públicos Lyndon B. Johnson de la Universidad de Texas en Austin.

(CNN) – El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comenzó su primer discurso ante el Congreso con una floritura retórica con la que catalogó al último día del Mes de la Historia Negra como un momento para reflexionar sobre los avances pasados del país en materia de derechos civiles, mismos que se vieron opacados por un incremento reciente en el antisemitismo que bien podría ser resultado, al menos parcialmente, del lenguaje divisivo que el mismo presidente ha usado.

Lo que Trump llamó "renovación del espíritu estadounidense" es en realidad un periodo marcado por el resurgimiento del racismo, de la xenofobia, de la intolerancia religiosa y de los ataques contra las comunidades LGBTQ.

Al igual que los defensores del brexit, Trump intensificó su retórica nacionalista el martes 28 de febrero y prometió reconstruir industrias que desde hace tiempo se desmoronan para que "Estados Unidos vuelva a ser grande".

Los veteranos, los obreros blancos y los elementos en activo de las fuerzas armadas y de las corporaciones de seguridad son los que brillan en esta historia, con la que se hace la afirmación ambiciosa de que las ciudades del interior del país, como Chicago, y el resto de las ciudades de Estados Unidos se verán arrastradas hacia la prosperidad (presumiblemente a regañadientes, porque el presidente obtuvo apenas el 8% del voto de los negros) por la sola voluntad de un presidente que blande políticas para favorecer el crecimiento.

Él afirma que dará un nuevo impulso a la economía estadounidense, que ha crecido constantemente (aunque de forma relativamente limitada) desde la Gran Recesión.

El presidente repitió la promesa de campaña de construir una "gran muralla" a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos en un intento por defender la patria de aquellos a quienes ha llamado repetidamente bad hombres.

Las amenazas terroristas, los inmigrantes ilegales y los cárteles de la droga son el centro de un discurso presidencial que usa el miedo como combustible para la renovación del sueño americano. Trump intensificó su discurso relativo a la ley y el orden y exhibió a las víctimas de delitos de inmigración, acto desvergonzado de explotación pensado para fomentar más encarcelamientos masivos.

Fue un discurso divisivo, intolerante y, a final de cuentas, peligroso de parte un presidente que se conforma con ser un líder demagogo más que inspirador en la democracia más importante del mundo.

Un panorama mental estilo 'Game of Thrones'

Michael D'Antonio es autor del libro Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success.

(CNN) – Al encarar un homicidio impactante ocurrido en Kansas, que aparentemente fue un crimen de odio antiinmigrantes, y a las oleadas de incidentes antisemitas en todo Estados Unidos, por un momento pareció que Donald Trump se había sentido afectado por el peso de la presidencia mientras iniciaba su discurso ante el Congreso.

Reconoció que el movimiento por los derechos civiles no ha concluido y parecía que nos llamaba a ser mejores personas para concluirlo. Era un nuevo Trump. Casi. Poco después volvimos a ver al Trump de siempre, aquel que se siente más cómodo con el miedo que con la esperanza.

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Al referirse a las ciudades asoladas por el crimen, al "caos sin ley" y a los pandilleros, los narcotraficantes y los criminales, Trump evocó una ola de criminalidad que solo existe en su discurso. Culpó a los inmigrantes indocumentados de los problemas de Estados Unidos, desde los salarios bajos hasta la reducción de los empleos en el sector manufacturero, y prometió una vez más que construiría "una gran, gran muralla" a lo largo de la frontera con México.

Refiriéndose repetidamente a sí mismo, Trump presumió el narcisismo de toda la vida, así que al menos el país sabe que es consistente. Después de tantas referencias bélicas y la promesa de un nuevo país-fortaleza, amurallado y temeroso, regresamos a la auténtica realidad interna de Trump. Es un panorama mental digno de Game of Thrones.

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