OPINIÓN: El papel de Ivanka Trump plantea serias alarmas éticas

Es momento de que reconozcamos abiertamente que Ivanka no es una versión mejor, sino una versión menos ofensiva de su padre, de sus intereses y de sus políticas.
Ivanka, la hija de Trump, tendrá una oficina en la Casa Blanca
Anushay Hossain

Nota del editor: Anushay Hossain es analista y periodista de origen bangladesí. Trabaja en Washington. Si quieres saber más, visita AnushaysPoint.com. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — A pesar de que dijo que no asumiría ningún cargo oficial en la administración de su padre, Ivanka Trump va a asumir un cargo de asesora en la Casa Blanca.

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Al igual que Donald Trump, Ivanka tiene importantes conflictos de intereses, tanto en Estados Unidos como en el extranjero, que tiene que sortear; su llegada a la Casa Blanca enciende focos rojos éticos importantes que no podemos ignorar.

Como casi no hay precedentes sobre una hija que trabaje en la Casa Blanca, Ivanka podría beneficiarse de que hay pocos mecanismos de rendición de cuentas, lo que le servirá para aprovechar su nuevo cargo al máximo.

Esto permite que Ivanka tenga autorización de seguridad, acceso a información restringida y un dispositivo electrónico portátil del gobierno. A pesar de no tener título ni salario oficial, Ivanka quedó formalmente en el centro de la administración de su padre.

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"El que haya un hijo adulto de un presidente participando activamente en las labores de la administración es algo nuevo", dijo Jamie Gorelick, abogado de Ivanka. "Creemos que lo más conservador es que Ivanka cumpla voluntariamente las reglas que corresponderían si fuera una empleada del gobierno, aunque no lo es".

Gorelick señaló que conforme se expanda el alcance de su cargo, ella "pretende apegarse a los mismos reglamentos de ética y de retención de expedientes que corresponden a los empleados del gobierno, aunque técnicamente no es una empleada del gobierno".

No sorprende a nadie que Ivanka asuma un cargo en la Casa Blanca de su padre. Estuvo presente constantemente en su campaña política y es una de las confidentes más notorias y confiables del presidente de Estados Unidos. En una declaración que dio después de que se diera a conocer la noticia, Ivanka dijo que seguiría "ofreciendo a mi padre mi consejo sincero y mi asesoría, como lo he hecho toda mi vida".

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A su llegada a Washington, junto con su esposo, Jared Kushner (quien también es asesor senior de la Casa Blanca), Ivanka asumió una función relativamente discreta. La elegante y elocuente hija del presidente, quien defendía el empoderamiento y el emprendimiento de las mujeres, básicamente pasó desapercibida.

Ahora parece que Ivanka estaba esperando un momento estratégico para tomar su lugar, junto con su esposo, como la pareja presidencial de facto de Estados Unidos. Ivanka Trump es una de las hijas de presidentes más poderosa que haya habido en Estados Unidos y está lista para gobernar el país de Trump.

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Aunque el Departamento de Justicia haya determinado que contratar a Kushner no viola ninguna ley relativa al nepotismo, Ivanka sigue siendo dueña de su marca de ropa y joyería a pesar de que se despojó de algunos de sus bienes y vendió otros con valor de 36.7 millones de dólares (alrededor de 734 millones de pesos) para cumplir los reglamentos de ética.

Los expertos en ética dicen que las medidas que Ivanka está tomando, tanto al despojarse de sus bienes como al venderlos, son "mejores que nada", pero que siguen dejando qué desear en vista de las descaradas violaciones éticas de su padre, cuyos hoteles y campos de golf siguen haciendo negocios con grupos nacionales y extranjeros. ¿Por qué habríamos de esperar que Ivanka se comportara de forma diferente?

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Hubo una época en la que la gente estaba dispuesta a darle a Ivanka el beneficio de la duda. Después de todo, es una de las más agradables de la familia Trump y una de las herramientas de relaciones públicas más efectivas.

Sin embargo, es momento de que reconozcamos abiertamente que Ivanka no es una versión mejor, sino una versión menos ofensiva de su padre, de sus intereses y de sus políticas. Como se pudo ver en la brillante parodia que hicieron en el programa de televisión Saturday Night Live, "es una mujer que sabe lo que quiere. Y sabe lo que hace. Es cómplice".

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Tener una oficina en el ala oeste de la Casa Blanca es algo grande y usualmente exige que el candidato tenga años de experiencia; esas oficinas normalmente no están reservadas para los hijos del presidente.

El que no haya un reglamento qué seguir implica que hay menos mecanismos de rendición de cuentas a los que los Trump deben apegarse cuando se enfrenten con conflictos de intereses que, francamente, son inevitables. Que su abogado nos diga que debe servirnos de consuelo saber que Ivanka hará lo correcto y lo más ético sencillamente no basta.

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Ivanka Trump está sentando un precedente para colocar a los hijos de los presidentes en la Casa Blanca, y eso debería preocuparnos. Después de todo, a ella le interesa tanto como a su padre usar su cargo para sus propios intereses empresariales.

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