OPINIÓN: Vuélvete vegano, salva al planeta

Optar por dietas basadas en plantas puede servir para promover la sustenibilidad ambiental y para hacer del mundo un lugar mejor.
Ganado contaminante  Comer carne fomenta la emisión de gases de efecto invernadero y transforma gran parte de los suministros de granos del mundo en alimento para ganado.  (Foto: Cortesía)
George C. Wang

Nota del editor: George C. Wang es médico geriatra y especialista en medicina integrativa; es profesor asistente de Medicina en el Centro Médico de la Universidad de Columbia, Estados Unidos y profesor adjunto de Medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Conforme la opinión pública comienza a centrar su atención en el impacto de los cambios de las políticas en el clima, podemos pasar por alto un factor importante de la crisis climática: nuestros sistemas alimentarios y las decisiones alimentarias que tomamos todos los días. Tal vez parezca una exageración decir que nuestro sándwich de roast beef está contribuyendo a la degradación ambiental del planeta. Pero las pruebas crecientes de ese impacto exigen que pongamos atención y de que actuemos como ciudadanos del mundo. Cada uno de nosotros puede hacer algo al respecto hoy al tomar lo que comemos tan en serio como tomamos el cambio climático.

En una evaluación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), se indica que la contribución del sector ganadero a las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero excede la del sector del transporte. Las emisiones que genera la producción de cada gramo de proteína de carne de res y de ovino son 250 veces mayores que las de la producción de legumbres y las de la producción de carne de cerdo y de aves de corral son 40 veces mayores que las de las legumbres. A través de las actividades de crianza del ganado se genera una gran cantidad de metano y de óxido nitroso, gases cuyo efecto invernadero es más de 20 y 250 veces (respectivamente) más poderoso que el del dióxido de carbono.

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Pareciera que el impacto de los gases de efecto invernadero es un problema imposible de enfrentar y mucho más imposible de resolver. ¿Cómo podemos hacer algo para influir en lo que la humanidad está haciéndole al planeta? ¿Cómo puedo yo abordar estas cuestiones cuando las fuerzas políticas y económicas pueden socavar los esfuerzos por resolver la crisis climática?

Una de las respuestas yace en las decisiones que tomamos todos los días respecto a lo que comemos.

En un estudio que se publicó en la revista Nature se determinó que para 2050 podría evitarse el aumento proyectado del 80% en las emisiones de gases de efecto invernadero por producción de alimentos si la dieta mundial consistiera en partes iguales de dieta mediterránea, dieta basada en pescado y dietas vegetarianas. Lo mejor para el planeta, y para nuestro futuro colectivo, es reducir los productos de origen animal. La dieta mediterránea por sí sola (que incluya menos productos de origen animal) no serviría para reducir las emisiones; la dieta con base en pescado (o una dieta vegetariana que incluya pescado) solo servirá para lograr una reducción pequeña en las emisiones.

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No obstante, ese estudio demostró que una dieta vegetariana mundial sería la más efectiva de todas (excepto la vegana) para lograr una reducción de las emisiones de los gases de efecto invernadero, así como una reducción en la demanda de tierras agrícolas y en las actividades de desmonte.

Es obvio que la dieta vegana, que elimina los lácteos y los huevos, es la que más reduciría las emisiones, según se confirmó en un estudio posterior. Por lo tanto, adoptar una dieta basada en plantas es una de las decisiones más poderosas que una persona puede tomar para mitigar la degradación ambiental y el agotamiento de los recursos naturales de la Tierra.

Además de contribuir significativamente a las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el aumento de la temperatura y del nivel del mar, esto es lo que comer carne provoca: mientras casi 800 millones de personas sufren de desnutrición crónica y de inseguridad alimentaria, el 35% de los granos del mundo se usan para alimentar al ganado.

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Alrededor del 80% de la deforestación del Amazonas se debe a la cría de ganado. Por otro lado, la producción ganadera es factor importante de la crisis mundial de biodiversidad que enfrentamos y que no ha tenido comparación desde la última edad del hielo.

Entonces, ¿qué impide que adoptemos una dieta basada en plantas? Es necesario superar nuestros hábitos y nuestros gustos, aprender nuevas formas de cocinar, planificar cuando estás de viaje y sortear los aspectos sociales de comer y de compartir una comida. Sin embargo, si pensamos en el clima y los recursos de la Tierra, estos desafíos súbitamente parecen minúsculos, ¿no?

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Optar por dietas basadas en plantas puede promover la sostenibilidad ambiental.

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Es inusual que una sola decisión nuestra tenga un impacto tan amplio y decisivo en la crisis climática. Estamos frente al imperativo moral de promover la dieta basada en plantas por la salud de nuestro planeta y por el bienestar y la sobrevivencia de las próximas generaciones.

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